Leo Soria: el repartidor de Rappi en silla de ruedas que se convirtió en símbolo de una lucha. Conmovedora historia de vida.

0

Hace tres semanas, LA NACION contó la historia de Leo Soria; en un texto escrito por él, relata quiénes lo llamaron, cómo lo ayudaron y qué apoyos recibió; “todavía sigo buscando un mejor trabajo”, dice.

SUPERACION. El joven repartidor contó experiencias de todo tipo y explicó cómo y por qué se decidió a salir a las calles a ganarse la vida como cadete de Rappi.

Mi historia es solo una entre miles de personas con discapacidad que no logran conseguir un trabajo y que se enfrentan a la falta de accesibilidad todos los días. Hay un montón de gente con discapacidad que puede y quiere trabajar. Eso es lo que yo más quiero. Lucho para salir adelante como todos y sostener a mi familia. Tengo un hijo, Tomás, que tiene 15 años y vive conmigo en San Fernando.

Como todavía no consigo otro trabajo, sigo en Rappi, porque sin ese ingreso no llego a cubrir mis gastos y los de mi hijo. Pero ahora cuando llego a entregar un pedido, ya no me encuentro con caras de sorpresa. Me encuentro con personas que conocen y entienden mi situación, porque leyeron mi historia en LA NACION o escucharon las entrevistas que me hicieron en Telenoche y en Canal 9. Me ven como un trabajador. Eso me llena, me hace sentir muy bien.

Desde que se hizo conocida mi historia, me siento más incluido. Siento que formo parte de una comunidad, que se valora mi trabajo. Y para mí, eso es lo más importante. Ahora me reconocen todo el tiempo en la calle cuando entrego pedidos. Me gusta poder demostrar que las personas con discapacidad podemos trabajar y hacer cualquier tipo de actividades.

Recibí muchos mensajes de gente que me felicitó y se ofreció a ayudarme. Estoy muy agradecido con todas las donaciones que recibí. Me escribió Juan Nimo, un piloto de motos con discapacidad que se organizó junto a la ortopédica RM Ledesma para donarme una handbike, que es un accesorio que se le agrega a la silla. Como tiene un motor eléctrico, me permite recorrer distancias más largas sin cansarme. Todavía estoy aprendiendo a usarla, pero creo que me va a ayudar mucho.

“Todavía no me llamaron por un trabajo”

Estoy buscando trabajo desde mayo del año pasado. Unos meses, me retiré de mi carrera como deportista: tengo 41 años y durante los últimos 20 fui jugador de básquet adaptado. Estuve en el equipo de la ONG Centro de Integración Libre y Solidario de Argentina (CILSA) y en la Asociación de Discapacitados Unidos (ADU) de San Fernando.

Durante ese tiempo, me sostuve con los ingresos de mi pensión no contributiva por discapacidad y becas deportivas. Pero como dejé de jugar, solo tengo la pensión. Ahora estoy cobrando 315.000 pesos por mes. No me alcanza.

Tiré un montón de currículums, pero no me llamaron para nada. Por eso empecé a trabajar como repartidor, porque no me quedaba otra opción.

Me gustaría estar trabajando en atención al cliente, porque me gusta estar en contacto con la gente, hablar, ayudarles a solucionar problemas. También me interesa volver al mundo del básquet, que es un ambiente que ya conozco muy bien. Estoy estudiando en el CENARD para ser entrenador de básquet convencional y cuando abran las inscripciones me voy a anotar en el curso para ser entrenador de básquet adaptado.

Yo creo que esta situación va a mejorar con el paso del tiempo, que la infraestructura se va a adaptar para ser accesible a todos, que las personas con discapacidad van a poder trabajar, moverse y hacer su vida libremente. Pero para que eso pase es necesario que se visibilicen historias como la mía, para que el resto de la gente pueda entender lo que enfrentamos y haya más inclusión.

//Este texto tiene la edición y el acompañamiento de la periodista Agustina Tettamanti para LA Nación//


About The Author

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *