De la Marina de EEUU a los Valles Calchaquíes: la historia del veterano tucumano que creó su propio vino en Colalao del Valle

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Daniel Cordomí recorrió California, Islandia, Guam y Hawái. Hoy su Finca Casilla Verde produce Malbec y Cabernet Sauvignon en Colalao del Valle.

Tras cumplir 30 años de servicio en las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, el tucumano Daniel Cordomí decidió colgar el uniforme militar para concretar un anhelo de toda la vida: regresar a su provincia natal. Sin embargo, lo que comenzó como la búsqueda de un retiro tranquilo terminó transformándose en un desafiante emprendimiento vitivinícola. Hoy, al frente de Finca Casilla Verde, este veterano de la ingeniería naval elabora vinos artesanales y agroecológicos en la calle Los Saucos, la última traza urbana de Colalao del Valle, justo al borde del río Santa María.

La relación de Cordomí con el país norteamericano comenzó desde su nacimiento en el sur de Chicago, donde sus padres —Manuel Cordomí, recordado docente de la Facultad de Ciencias Económicas, y Margarita Poccioni— se encontraban becados. Aunque retornó a Tucumán antes de cumplir el año de vida, la ciudadanía estadounidense lo acompañó siempre. En 1991, en medio de una profunda crisis económica en Argentina, decidió emigrar a Europa a los 26 años. 

Por entonces estudiaba Bioquímica y trabajaba como técnico de laboratorio en el Hospital Padilla, pero acompañó a su esposa, cantante de folclore, a una gira por Francia. Valiéndose de su pasaporte, ingresó a trabajar en una base militar estadounidense en Múnich y, tras el cierre de la unidad, optó por alistarse en la Marina. Así dio inicio a una destacada carrera de casi tres décadas como ingeniero naval, esquivando conflictos bélicos y residiendo en destinos tan diversos como California, Islandia, Guam, Virginia y Hawái, además de prestar servicio en Singapur y Japón.

A pesar de haber alcanzado el retiro en 2023 a los 60 años y de residir en un entorno paradisíaco como Hawái, Cordomí sentía que la masificación turística y el elevado costo de vida habían alterado la esencia de la isla. Tras el fallecimiento de su esposa en 2005 y con sus hijas ya independientes, supo que su lugar estaba nuevamente en el «Jardín de la República». Al regresar, intentó radicar en El Mollar, pero el riguroso frío invernal lo impulsó a tomar la Ruta 40 sin un rumbo fijo. 

En ese recorrido descubrió una finca de media hectárea que pertenecía a Jurrien Dekker y Evelien van den Berg, una pareja de holandeses trotamundos que solían recorrer el continente en bicicleta y llamaban al predio «Vagabundia». Cordomí adquirió el terreno rindiendo homenaje a sus antiguos dueños y conservando intacto el cartel con dicho nombre en un banco del predio.

A fines de 2024, al tomar posesión de la tierra, decidió pintar la casilla de la luz de color verde para marcar presencia, siguiendo un consejo de su padre sobre los actos de mantenimiento de la propiedad. Aquel gesto pragmático terminó bautizando a Finca Casilla Verde. En el lugar construyó junto a pobladores locales un salón de cata y elaboración de 32 metros cuadrados, utilizando técnicas y materiales tradicionales de la zona como adobe, cañizo del río y madera de algarrobo.

El viñedo cuenta con una extensión de media hectárea compuesta por un 70% de Malbec y un 30% de Cabernet Sauvignon. La producción se rige por métodos estrictamente agroecológicos: no se utiliza riego por goteo sino por inundación, empleando agua pura de vertiente sin cloro proveniente del río. Asimismo, el suelo se beneficia de la humedad natural de la ribera, requiriendo riego apenas cada cinco semanas. Frente a plagas como las hormigas, en lugar de realizar fumigaciones masivas con agroquímicos, se realiza un seguimiento manual hasta el nido para neutralizar el problema de manera puntual.

Para afrontar el reto técnico de la elaboración, Cordomí decidió cursar en 2024 la tecnicatura en Enología, donde trabó amistad con el enólogo cafayateño Jorge Humano, su gran mentor en el proceso artesanal. La cosecha 2025 enfrentó un duro imprevisto cuando una fuerte granizada en febrero dañó la mitad de los racimos. Ante la imposibilidad de separar minuciosamente la uva golpeada de la sana, todo el producto ingresó a la despalilladora, dando como resultado un perfil único: un Malbec de 16,3% de graduación alcohólica producto de la alta concentración de azúcares, criado durante cinco meses en barricas de roble francés. La línea se completa con un Cabernet Sauvignon de 14,2% de alcohol añejado en roble americano, caracterizado por sus notas suaves a grosellas y un marcado perfil frutal.

Todo el proceso de producción de Finca Casilla Verde destaca por un firme compromiso con el origen. El embotellado se realiza íntegramente por gravedad en el salón de la finca, garantizando que ninguna uva ni mililitro de vino abandone el establecimiento para ser procesado de manera industrial. 

Las etiquetas, diseñadas por el propio Cordomí e impresas en Cafayate, advierten con orgullo el carácter puramente artesanal del producto. La comercialización se realiza mediante el canal directo «boca en boca», contando además con el apoyo a distancia de su hija menor, Daniela, quien trabaja en un restaurante en Wisconsin y estudia para sommelier, ayudando a difundir la marca de este militar retirado que encontró en las cepas calchaquíes su verdadera vocación.


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