Tafí del Valle al borde del colapso: el destino turístico más fuerte del norte se hunde bajo el peso del éxito

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Las escenas de los últimos fines de semana en Tafí del Valle se repiten con insistencia: extensas filas de vehículos, bocinazos, demoras prolongadas y una infraestructura que muestra dificultades para responder a los picos de afluencia. Lo que comenzó como una incomodidad para turistas y vecinos se transformó en un debate más amplio sobre la capacidad real de la villa para absorber un flujo de visitantes que crece cada año y sobre la necesidad de revisar su modelo de desarrollo, sus recursos y sus límites estructurales.La discusión cobró fuerza tras las recientes fechas de mayor convocatoria, como el Seven, el Carnaval y la Fiesta Nacional del Queso, que, según el arquitecto Osvaldo Merlini, ex funcionario municipal con extensa trayectoria en la gestión local, representan los tres fines de semana más congestionados del año. En ese marco, advirtió que la villa “colapsa ante semejante impacto de vehículos y de gente” y sostuvo que el problema del tránsito es apenas la manifestación más visible de una estructura urbana que nunca fue diseñada para soportar una presión estacional de esa magnitud.

Una mirada similar planteó el ingeniero civil Ricardo “Tato” Sanchis, exsecretario de Obras Públicas, quien reconoció que en temporada alta la circulación se vuelve especialmente compleja debido a que las calles no fueron preparadas para recibir semejante cantidad de rodados. Aunque valoró que la actual semaforización ayudó a ordenar el microcentro frente a la falta de personal capacitado para regular manualmente el tránsito, admitió que los tiempos de espera no siempre se ajustan a las variaciones del flujo vehicular y que sería necesario avanzar hacia sistemas inteligentes capaces de adaptarse a la cantidad real de autos en cada momento.

Merlini, sin embargo, centró su cuestionamiento en el semáforo ubicado sobre la ruta 307, al considerar que su instalación resulta inapropiada para una vía provincial. A su entender, la interrupción del tránsito en ese punto genera filas que pueden superar el kilómetro aun cuando no exista circulación en sentido contrario, lo que vuelve la medida impráctica y hasta contraproducente. Como alternativa, propuso reforzar la presencia de personal de tránsito capacitado que pueda evaluar en tiempo real la densidad vehicular y administrar los cruces con criterios dinámicos.

Sanchis introdujo un matiz a ese planteo al recordar que durante su gestión, entre 2011 y 2019, no se instalaron nuevos semáforos, pero consideró que hoy cumplen una función ordenadora ante la carencia de formación específica del personal. Explicó que en grandes ciudades se utilizan sistemas con sensores instalados en el pavimento que regulan los tiempos de circulación según el sentido predominante del flujo, aunque señaló que el principal obstáculo para implementar esas tecnologías en Tafí del Valle es presupuestario. La localidad continúa siendo un municipio de tercera categoría, con ingresos que no se condicen con las exigencias de una villa turística de referencia provincial, por lo que consideró necesario un mayor involucramiento del gobierno provincial.

El debate sobre el tránsito se entrelaza, además, con una mirada histórica sobre el crecimiento urbano. La arqueóloga Bárbara Manasse, residente en el valle desde hace casi cuatro décadas y dedicada a la investigación científico-social en la región, explicó que la transformación más profunda comenzó entre los años 2000 y 2010, cuando las mejoras en las rutas, el mayor acceso al automóvil y nuevas políticas territoriales orientadas al turismo y al desarrollo inmobiliario modificaron el perfil de la villa y sus áreas urbanas. Según detalló, el aumento del parque automotor no se debe exclusivamente al turismo, sino también a la incorporación de vehículos propios por parte de los residentes permanentes, lo que incrementó la densidad interna de circulación.

Ese proceso, señaló, no estuvo acompañado por una actualización normativa acorde. El Código de Planeamiento Urbano vigente data de 1991 y no fue reformado en función del crecimiento poblacional y de los nuevos usos del suelo. A su juicio, el semáforo de la ruta 307, particularmente en la zona conocida como “el cruce”, constituye una herramienta útil para mejorar la dinámica de la circulación interna y prevenir accidentes que anteriormente eran frecuentes.

Manasse también aportó cifras que permiten dimensionar el fenómeno: durante los principales fines de semana de la temporada ingresan a la ciudad varias decenas de miles de personas, lo que incrementa de forma notable la densidad poblacional respecto del resto del año. Bajo esa perspectiva, la congestión del tránsito resulta una consecuencia lógica de ese incremento extraordinario de visitantes, ya que el resto del año la circulación se mantiene relativamente normalizada.

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