Sacaron a Trump del Air Force One escondido en un camión de catering y lo pasaron a otro avión, tras una amenaza de Irán

Fueron apenas 17 minutos. Donald Trump apareció ante las cámaras, subió al Air Force One y todo indicaba que abandonaría Turquía dentro del avión presidencial. Pero nunca despegó allí. En medio de una amenaza creíble de asesinato atribuida a Irán, el presidente de Estados Unidos fue sacado clandestinamente de la aeronave, ocultado en un camión de servicios de catering y trasladado hasta otro avión militar. Mientras tanto, el Air Force One partió con periodistas y funcionarios a bordo que creían que Trump viajaba con ellos.
La espectacular operación de engaño ocurrió el 8 de julio en el aeropuerto de Ankara, después de la participación de Trump en una cumbre de la OTAN en Turquía. Durante más de un mes, buena parte de lo sucedido permaneció en secreto. La trama fue revelada posteriormente por una investigación de The Washington Post y ratificada, según The New York Times, por altas fuentes del gobierno estadounidense.
La razón detrás de semejante dispositivo de seguridad era extremadamente grave: los servicios de inteligencia habían detectado una amenaza concreta contra Trump o contra la aeronave en la que debía viajar.
La información fue considerada suficientemente seria como para modificar el traslado presidencial y montar una operación cuyo objetivo central era que nadie pudiera determinar con certeza en qué avión estaba realmente el presidente de Estados Unidos.
El plan incluyó varios aviones, movimientos deliberadamente visibles, otros completamente clandestinos y hasta la utilización de un vehículo aparentemente rutinario del aeropuerto para sacar a Trump sin despertar sospechas.
El resultado fue una escena propia de una película de espionaje: un Air Force One convertido en señuelo, un presidente oculto en un camión de catering y un tercer avión esperando para sacarlo de Turquía en secreto.
Trump había llegado a Ankara para participar de la cumbre de la OTAN a bordo del Boeing 747-8 donado por la familia real de Qatar. Sin embargo, antes de emprender el regreso a Estados Unidos, con una escala prevista en Gran Bretaña, se informó que no utilizaría inicialmente esa aeronave.
El propio Trump contribuyó a construir la versión que conocería el público. Antes de partir escribió en Truth Social que utilizaría uno de los aviones presidenciales más antiguos para viajar desde Turquía hasta el Reino Unido “por los viejos tiempos”.
Todo parecía normal.
El Boeing donado por Qatar salió anticipadamente rumbo a la base militar estadounidense de Mildenhall, en el Reino Unido. Trump, en cambio, fue visto ingresando al Air Force One más antiguo que supuestamente utilizaría para abandonar Ankara.
Las imágenes y los movimientos en la pista reforzaban una conclusión aparentemente inevitable: el presidente estaba dentro de ese avión y se preparaba para despegar.
Pero lo que ocurría detrás de escena era completamente diferente.
Trump efectivamente había subido al avión. Lo que prácticamente nadie sabía era que no permanecería allí hasta el despegue.
En algún momento dentro de la estrechísima ventana de tiempo previa a la partida, comenzó la parte más delicada de la operación.
Un camión de servicios de catering fue acoplado al avión presidencial.
Era el tipo de vehículo que normalmente se acerca a una aeronave para cargar alimentos, bebidas y otros elementos necesarios durante un vuelo. Su presencia junto al Air Force One no tenía por qué resultar extraordinaria.
Precisamente por eso era perfecto para el operativo.
En lugar de permanecer dentro del avión, Trump fue trasladado en secreto utilizando ese camión de catering, lejos de la mirada de periodistas y de buena parte de la comitiva que había viajado con él.
Después fue llevado en automóvil hasta otra aeronave.
Ese era el avión que realmente debía transportar al presidente.
Se trataba de un C-32A de la Fuerza Aérea estadounidense, una aeronave militar utilizada habitualmente para el traslado de altas autoridades.
Trump abordó el C-32A y voló clandestinamente hacia el Reino Unido, mientras en otra zona del aeropuerto continuaba desarrollándose la escena destinada a convencer al resto de que el mandatario permanecía dentro del Air Force One.
La maniobra alcanzó un nivel extraordinario de secretismo.
Los periodistas que acompañaban al presidente no sabían que Trump había cambiado de avión.
Y no eran los únicos.
Según la reconstrucción periodística, algunos integrantes del propio personal de la Casa Blanca tampoco conocían el verdadero paradero del presidente y creían que seguía a bordo de la aeronave presidencial.
El Air Force One despegó con ellos.
Pero sin Trump.
De esta manera, uno de los aviones más reconocibles y protegidos del planeta se transformó deliberadamente en un señuelo aéreo.
La cronología permite dimensionar la precisión con la que tuvo que desarrollarse la maniobra.
Los informes del pool de periodistas que acompaña habitualmente al presidente estadounidense señalaban que Trump estaba a bordo del antiguo Air Force One a las 20.26, hora local de Ankara.
A las 20.43, apenas 17 minutos después, el avión despegó.
Quienes viajaban allí podían suponer que el presidente continuaba en el interior.
Pero ya había desaparecido.
En esos 17 minutos, Trump fue retirado clandestinamente del avión, trasladado mediante el camión de catering y conducido hasta la aeronave militar que lo sacaría de Turquía.
El engaño no terminó en tierra.
Durante el vuelo del falso objetivo hacia el Reino Unido ocurrió otro episodio que, conocido ahora el operativo, adquiere especial importancia.
A los periodistas que viajaban dentro del Air Force One se les ordenó mantener cerradas las ventanillas de la cabina de prensa.
Ellos seguían creyendo que Trump estaba en algún sector del avión.
Según The Washington Post, algunos funcionarios de la Casa Blanca también pensaban exactamente lo mismo.
Mientras ese avión atravesaba el espacio aéreo rumbo a Gran Bretaña concentrando la atención que normalmente genera cualquier movimiento del presidente estadounidense, Trump viajaba por separado en el C-32A militar.
La operación había conseguido su propósito: hacer extremadamente difícil conocer en tiempo real dónde se encontraba el mandatario y qué aeronave debía ser considerada el verdadero objetivo.
Detrás de semejante despliegue estaba Irán.
Según la investigación, una fuente estadounidense explicó que una amenaza creíble contra Trump atribuida a Irán puso en marcha la operación de engaño.
No se trataba solamente de una precaución genérica.
The New York Times y CBS News ya habían informado que los servicios de inteligencia habían detectado una amenaza específica de ataque contra el presidente o contra su avión, lo que había obligado a adoptar medidas extraordinarias de protección.
El contexto hacía que la situación fuera especialmente sensible.
La operación se produjo después de que quedaran truncas las negociaciones diplomáticas y Estados Unidos reanudara sus ataques contra Irán, en medio de la guerra que, según la información publicada, ambos países mantenían desde hacía más de cinco meses.
Y había un elemento geográfico imposible de ignorar.
Trump estaba en Turquía, un aliado estratégico de Washington pero también un país que comparte más de 530 kilómetros de frontera con Irán.
La combinación de una amenaza considerada creíble, la proximidad geográfica y el escenario de enfrentamiento militar llevó a los responsables de seguridad presidencial a optar por una maniobra excepcional.
No alcanzaba con reforzar la custodia de Trump.
Había que ocultar dónde estaba.
Y, al mismo tiempo, había que conseguir que cualquiera que estuviera siguiendo sus movimientos creyera que se encontraba en otro lugar.
El Air Force One resultaba ideal para cumplir esa función.
Es una de las aeronaves más fácilmente identificables del mundo y cada desplazamiento presidencial atrae inevitablemente la atención. En Ankara, precisamente esa visibilidad habría sido utilizada en sentido inverso: el avión que todos mirarían sería el avión en el que Trump no estaría.
Incluso la explicación pública dada antes de la partida ayudó a sostener la maniobra.
Trump había anunciado que utilizaría el avión presidencial antiguo “por los viejos tiempos”. Después subió públicamente a esa aeronave.
Para cualquier observador externo, la secuencia parecía cerrada.
Trump había entrado al Air Force One y el Air Force One había despegado.
Solo faltaba un detalle: Trump había bajado antes de que levantara vuelo.
La utilización del avión presidencial sin el mandatario a bordo resultaba además especialmente llamativa. Técnicamente, el indicativo Air Force One se utiliza cuando el presidente estadounidense se encuentra dentro de una aeronave de la Fuerza Aérea.
Dan Lamothe, uno de los periodistas que participó de la investigación de The Washington Post, destacó precisamente lo excepcional que resultaba utilizar incluso ese indicativo para un avión cuando el presidente no estaba en su interior.
La verdad comenzó a adquirir otra dimensión una vez que Trump llegó al Reino Unido.
Desde la base militar de Mildenhall, el mandatario volvió a encontrarse con los periodistas para continuar el viaje hacia Estados Unidos.
Allí surgió una pregunta inevitable.
Los miembros de la prensa querían saber por qué les habían ordenado mantener cerradas las ventanillas durante el extraño vuelo desde Ankara.
La respuesta de Trump fue enigmática.
Dijo que probablemente se debía a que habían estado en “un vuelo peligroso”.
Después agregó: “Pero si yo voy, ustedes van. ¿Verdad?”.
En aquel momento no se conocían públicamente todos los detalles.
Ahora se sabe, según la investigación, que mientras los periodistas cumplían las instrucciones dentro de aquel avión creyendo que el presidente viajaba con ellos, Trump se encontraba en otra aeronave.
La Casa Blanca, por su parte, evitó confirmar abiertamente todos los pormenores del operativo.
El director de Comunicaciones, Steven Cheung, fue consultado sobre el traslado clandestino desde Ankara hasta la base estadounidense en Gran Bretaña, pero no confirmó expresamente la secuencia revelada por los medios.
Sí dejó una definición que muestra la gravedad con la que Washington evalúa las amenazas contra Trump.
Cheung sostuvo que el nuevo Air Force One dispone de protocolos de seguridad de alto nivel y aseguró que “son muchos los enemigos de Estados Unidos que lo tienen en el punto de mira”.
También señaló que el gobierno utiliza todas las herramientas disponibles para enfrentar ese tipo de amenazas.
Lo que permaneció oculto durante semanas aparece ahora como una de las operaciones de protección presidencial más llamativas conocidas recientemente.
Trump llegó al aeropuerto como presidente de Estados Unidos y terminó abandonándolo prácticamente como un pasajero clandestino.
Primero fue mostrado entrando al Air Force One.
Después desapareció de la vista pública.
Fue sacado del aparato mediante un camión de catering, trasladado hasta otro sector, subido a un avión militar y enviado secretamente hacia Gran Bretaña.
Al mismo tiempo, el avión que todos identificaban con el presidente despegó sin él, transportando periodistas y funcionarios que, en algunos casos, ni siquiera sabían que participaban involuntariamente de una gigantesca maniobra de distracción.
Todo ocurrió en apenas unos minutos.
A las 20.26 Trump estaba oficialmente dentro del Air Force One. A las 20.43 el avión estaba en el aire. Pero el presidente ya no estaba allí.
En medio quedó una operación diseñada para hacer desaparecer, durante el momento más crítico, al hombre más protegido de Estados Unidos.
Y detrás de todo, según la investigación que reveló la trama, había una razón que explica el nivel de precaución y secretismo: el temor concreto de que Irán intentara asesinar a Donald Trump o atacar el avión en el que se suponía que debía viajar.
