Por qué los CEOs de tecnología ya no dicen que la IA destruirá empleos sino que los generará

Hace apenas un año, las voces más influyentes de Silicon Valley pintaban un panorama sombrío: la inteligencia artificial iba a barrer con millones de puestos de trabajo. Hoy ese discurso cambió de rumbo. Los mismos ejecutivos que alertaban sobre una destrucción masiva de empleo ahora prefieren hablar de productividad, de nuevas oportunidades y de personas en el centro de la transformación tecnológica.
El caso más llamativo es el de Sam Altman, CEO de OpenAI. Durante años sostuvo que la IA iba a generar cambios profundos y disruptivos en el mercado laboral. A fines de mayo, sin embargo, admitió que buena parte de esas proyecciones no se cumplieron: reconoció que la industria acertó en lo tecnológico pero se equivocó al calcular las consecuencias sociales y económicas. En una entrevista posterior con CNBC fue más allá y planteó que el sector subestimó la capacidad de mantener a las personas como parte central de los procesos productivos.
Algo similar ocurrió con Dario Amodei, al frente de Anthropic. En mayo de 2025 había advertido que la IA podría eliminar hasta la mitad de los empleos de nivel inicial. Un año más tarde, sus declaraciones apuntan a otro lugar: explica que las empresas tienen dos caminos posibles frente a la automatización —reducir personal para hacer lo mismo con menos gente, o usar la tecnología para producir más con la misma plantilla, algo que exige creatividad de gestión—. En un ensayo publicado en junio aclaró que sus alertas previas buscaban dar tiempo a gobiernos y compañías para prepararse, no anticipar una catástrofe inevitable, aunque no descartó que exista una pérdida permanente de empleos en algunos sectores.
El patrón se repite en otras big tech. Mark Zuckerberg (Meta) sostuvo en una entrevista reciente que si la productividad crece más rápido que la automatización de tareas, el resultado debería ser más empleo a futuro, no menos. La afirmación llama la atención porque coincide con un recorte de 8.000 puestos que la empresa aplicó en mayo como parte de una reorganización interna.
Andy Jassy, CEO de Amazon, también moderó su postura: en febrero habló del potencial de la IA para crear empleo, después de haber anunciado un año antes que la compañía reduciría plantilla por el avance de la tecnología. Amazon aclaró luego que los 16.000 despidos que llevó adelante respondieron a una simplificación de niveles jerárquicos y no a la adopción de IA.
Jeff Bezos, fundador de la empresa, va incluso más lejos: en junio planteó que la IA podría generar escasez de mano de obra en lugar de sobra. Consultado sobre el miedo generalizado a perder el empleo por la automatización, respondió que ese temor persiste simplemente porque «gente inteligente sigue repitiéndolo» —aunque, según remarca, cada vez son menos los que lo hacen.
Los números respaldan el giro retórico. Una encuesta de EY-Parthenon muestra que el porcentaje de CEOs que espera recortes significativos de personal por la IA cayó de cerca del 46% en enero de 2025 a apenas 20% en mayo de este año. Además, un estudio de la fintech Ramp junto con Revelio Labs encontró que las empresas que más invirtieron en IA aumentaron su empleo un 10% más que compañías similares que todavía no adoptaron estas herramientas.
Para el economista David Autor (MIT), hay dos explicaciones posibles: que los ejecutivos comprobaron que el mercado laboral no colapsa tan rápido como esperaban, o que entendieron que presentar su propio producto como una amenaza para la economía no era, después de todo, una buena estrategia comercial.
No todo es consenso. El año pasado, el CEO de Ford, Jim Farley, había pronosticado que la IA reemplazaría a la mitad de los trabajadores administrativos de Estados Unidos. Sin embargo, la automotriz incorporó recientemente varios cientos de ingenieros, atribuyendo la decisión a preocupaciones sobre la calidad del trabajo automatizado.
Según el profesor Maurice Schweitzer, el tono general de la conversación cambió: a la expectativa inicial se sumó ahora un componente político, ligado a la construcción de centros de datos y al debate sobre regulación. Mientras tanto, muchas compañías todavía no logran medir con claridad el retorno real de sus inversiones en IA: una encuesta de la consultora Emergn señala que cerca del 20% de los ejecutivos estadounidenses reconoce que los reportes internos sobre proyectos de IA suelen ser más optimistas que los resultados reales, ya sea porque se suavizan las malas noticias o porque los equipos evitan reportar fracasos.
