Por qué los argentinos dormimos menos que el resto del mundo

En los últimos años especialistas alertan sobre una tendencia persistente: la insuficiencia crónica del sueño afecta a gran parte de la población argentina.
Por qué los argentinos duermen menos que el resto del mundo
En la Argentina se consolida una tendencia que preocupa a los especialistas: cada vez se duerme menos y peor. Diversos estudios muestran que el descanso promedio se redujo cerca de una hora respecto de hace 50 años y casi dos en comparación con un siglo atrás.
Aunque la recomendación médica ronda las siete horas por noche, antes de la pandemia el promedio local apenas alcanzaba las seis horas y cuarenta minutos, una brecha que hoy persiste.
Lejos de estar dominado por trastornos neurológicos, el fenómeno tiene raíces más cotidianas.
El estrés crónico, las jornadas laborales intensas y la necesidad de “estirar el día” recortan el tiempo disponible para dormir.
A esto se suma el llamado “jet lag social”: acostarse tarde por obligaciones o hábitos sociales desajusta el reloj biológico y deteriora la calidad del sueño.
Las consecuencias son múltiples. La falta de descanso afecta la concentración, disminuye la productividad y eleva el riesgo de accidentes, especialmente en el tránsito.
También impacta en la memoria y en la salud metabólica. Investigaciones realizadas en el país, como las del Hospital Británico sobre pacientes con ronquidos, advierten que un porcentaje significativo presenta somnolencia diurna asociada a problemas como la apnea del sueño, un trastorno muchas veces subdiagnosticado.
Cómo mejorar el descanso y cuándo consultar a un especialista
Revertir esta tendencia implica, en primer lugar, revisar hábitos. Los expertos recomiendan crear un ambiente adecuado: dormitorio oscuro, silencioso y con temperatura agradable.
Reducir el uso de pantallas antes de dormir, por la exposición a luz azul, es otro paso fundamental, al igual que mantener horarios regulares incluso los fines de semana.
También se aconseja incorporar actividad física durante el día y evitar cenas pesadas o muy tardías. Las siestas, si bien pueden ser reparadoras, no deberían superar los 30 o 40 minutos para no interferir con el descanso nocturno.
Cuando los problemas persisten, como despertares frecuentes, somnolencia excesiva o dificultad para conciliar el sueño,, la consulta médica se vuelve indispensable. Existen terapias conductuales eficaces y, en algunos casos, tratamientos con melatonina bajo supervisión profesional.
El desafío en la Argentina es también cultural. Las largas jornadas laborales, los horarios irregulares y la naturalización del cansancio construyen una rutina que atenta contra el descanso.
Por eso, los especialistas insisten en que mejorar la higiene del sueño no es solo una cuestión individual: requiere cambios en los hábitos sociales y en las condiciones laborales. Dormir bien no es un lujo, sino una base esencial para la salud, la prevención de enfermedades y el bienestar general. /Radio Mitre
