Gran parte de Tucumán bajo el agua, con pueblos aislados, rutas cortadas y cientos de evacuados: cuáles son las localidades más afectadas
Las lluvias generan complicaciones en gran parte del territorio provincial
Tucumán atraviesa una de las situaciones climáticas más delicadas de los últimos meses. Las lluvias persistentes que se vienen registrando desde hace varios días, y que en algunos sectores alcanzaron niveles extraordinarios, dejaron un cuadro alarmante en gran parte del territorio provincial, especialmente en el sur y en el este, donde se multiplican los anegamientos, los cortes de rutas, los caminos destruidos, las escuelas afectadas y las familias que quedaron aisladas o debieron ser evacuadas.
El cuadro más crítico se observa en departamentos como Leales, Graneros, La Cocha, Simoca, Juan Bautista Alberdi, Río Chico y sectores de Cruz Alta, donde el agua avanzó sobre viviendas, caminos rurales, establecimientos escolares y trazas viales clave para la circulación y el abastecimiento. En muchas de esas zonas, los vecinos aseguran que la situación se agravó con una velocidad impactante y que en pocas horas el temporal transformó caminos transitables en verdaderos ríos.
El propio gobernador Osvaldo Jaldo admitió este martes la gravedad del escenario al reconocer que “el estado de situación es complicado”, luego de que el domingo por la noche cayeran cerca de 170 milímetros en apenas unas horas. El mandatario explicó que hay lugares con inundaciones, otros con anegamientos severos y otros directamente con roturas totales de caminos, lo que dificulta no solo la asistencia oficial sino también la movilidad cotidiana de cientos de familias que hoy siguen dependiendo de operativos especiales para recibir ayuda.

Entre las zonas más golpeadas aparece el departamento Leales, donde varias localidades quedaron prácticamente rodeadas por el agua. Vecinos de Santa Rosa, Villa Fiad, Los Gómez, Quilmes, Los Sueldos, Esquina, Mancopa y otros puntos del este provincial difundieron imágenes impactantes de calles y campos totalmente cubiertos, con familias tratando de salvar pertenencias en medio de un avance de agua que, según relataron, se produjo en cuestión de minutos.
También hubo reportes alarmantes en Alto de Pereyra, donde vecinos denunciaron desde la madrugada una inundación devastadora que obligó a evacuar a familias enteras y dejó a niños refugiados a la vera de la ruta. En ese sector, además del drama humanitario, comenzaron a crecer los cuestionamientos por la falta de obras y por la ausencia de respuestas previas ante reclamos que, según sostienen los habitantes, ya se habían realizado para evitar una situación de este tipo.
Otro de los puntos calientes es Romera Pozo, donde las calles quedaron anegadas y la vida cotidiana se volvió casi imposible. Allí, los reclamos vecinales apuntan a la falta de mantenimiento y a la ausencia de trabajos hidráulicos que permitan reducir el impacto de cada tormenta. La bronca en la comunidad se profundizó porque muchos vecinos sienten que el problema se repite y que, pese a la recurrencia de estos episodios, no hubo una intervención de fondo para evitar que el pueblo vuelva a quedar bajo el agua.
En el sur de la provincia la situación también es preocupante. En La Madrid, vecinos de la zona de El Rodeo denunciaron que al menos 17 familias quedaron completamente afectadas por la inundación, sin agua potable ni energía eléctrica. Las imágenes muestran viviendas rodeadas por el agua y un aislamiento que complica cualquier intento de salir a buscar provisiones, medicamentos o asistencia médica. El pedido de ayuda se volvió desesperado en las últimas horas, mientras crece la preocupación por la situación sanitaria de quienes permanecen en esos sectores.
La Ruta Provincial 334 es otro de los grandes focos del problema. El tramo que conecta La Cocha con Taco Ralo quedó comprometido por la acumulación de agua, especialmente a la altura de El Palancho, donde la circulación se vio interrumpida. Pero los reportes vecinales indican que la situación podría ser aún más grave en distintos parajes y parcelas ubicadas a la vera de esa traza, como La Esperanza, El Mistol, Puesto de los Pérez y otras poblaciones que habrían quedado prácticamente incomunicadas, sin luz, sin agua y con dificultades incluso para recibir alimentos y remedios.
En Taco Ralo y en distintos puntos de Graneros, el panorama es similar. Jaldo mencionó expresamente esa zona entre las más afectadas y reconoció que en muchos parajes “el agua ya corre y no filtra”, una descripción que resume la saturación del terreno después de jornadas continuas de precipitaciones. Esa falta de absorción convierte cada nueva lluvia en un riesgo mayor y agrava el impacto sobre las viviendas, los caminos y la infraestructura rural.
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En Cruz Alta, una de las imágenes más fuertes del temporal se vio en Las Cejas, donde el ingreso a la Escuela Agrotécnica Soldado Cajal quedó totalmente inundado. Las fotos y videos que circularon en redes sociales mostraron al predio cubierto por el agua, incluso con animales casi tapados por la creciente, una escena que expone con crudeza la magnitud del desastre que atraviesan algunas comunidades del interior.
A la emergencia hídrica se suma la crisis de conectividad terrestre. El gobernador confirmó que incluso fue necesario intervenir sobre la Ruta Provincial 323, una obra recientemente realizada, para permitir el escurrimiento del agua y aliviar el impacto en una de las comunidades afectadas. La decisión da cuenta del nivel de presión que soporta hoy la infraestructura vial de la provincia, desbordada por un fenómeno que ya superó la capacidad de ríos, canales y desagües.
Frente a este escenario, el Gobierno desplegó un operativo conjunto con Defensa Civil, Policía Lacustre, Bomberos, Siprosa, Desarrollo Social, delegados comunales e intendentes. Según se informó oficialmente, se realizaron evacuaciones en distintas localidades y se asistió a personas con problemas de salud que necesitaban ser trasladadas de urgencia. Uno de los casos más delicados fue el de un paciente que requería diálisis y debió ser rescatado en medio de caminos intransitables, mientras que también se concretó el traslado de una madre con su bebé y de otras personas que necesitaban atención médica.
Las tareas de rescate obligaron a combinar camionetas, tractores, embarcaciones, canoas e incluso helicópteros para poder llegar hasta sectores completamente aislados. Desde la Policía Lacustre detallaron que al menos diez familias fueron evacuadas y derivadas a la escuela de Santa Rosa de Leales, convertida en uno de los centros de asistencia ante la emergencia. En paralelo, muchas comunas y vecinos organizaron ayuda solidaria para poner a disposición vehículos, bolsas de arena y recursos básicos ante la lentitud con la que, en algunos casos, logra ingresar la asistencia formal.
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El impacto del temporal también llegó de lleno al sistema educativo. En medio de caminos anegados, accesos destruidos y escuelas que podrían ser utilizadas como centros de evacuación, el Ministerio de Educación resolvió suspender las clases desde este martes 10 y hasta el viernes 13 de marzo en los departamentos Juan Bautista Alberdi, La Cocha, Graneros, Leales, Simoca y Río Chico. La medida fue adoptada de manera preventiva para resguardar la integridad de alumnos, docentes y personal auxiliar, ya que en muchas zonas el problema no es solo el estado de los edificios escolares, sino la imposibilidad concreta de llegar hasta ellos.
El propio Jaldo destacó el esfuerzo de docentes que, pese a las condiciones extremas, intentaron mantener la actividad educativa. Mencionó incluso escenas de maestras y chicos bajando de colectivos y avanzando entre el agua para llegar a clases, aunque aclaró que el Gobierno no pondrá en riesgo ni a estudiantes ni a educadores allí donde la situación no permita un traslado seguro.
Mientras tanto, en las redes sociales y en los comentarios de medios locales crecen los reclamos de vecinos que sostienen que buena parte de esta crisis no puede atribuirse únicamente al clima. Las críticas apuntan a la falta de obras hídricas, al escaso mantenimiento de canales y desagües y a la ausencia de políticas preventivas en zonas donde las inundaciones son recurrentes. En varias localidades, los testimonios repiten una misma idea: las lluvias fueron intensas, pero el desastre también deja al descubierto problemas estructurales que siguen sin resolverse.
La Provincia, por su parte, insiste en que el fenómeno es de una magnitud extraordinaria y lo vincula con un escenario regional que también golpea a Salta, Jujuy, Córdoba y Santa Fe. Jaldo remarcó que Tucumán ya acumula más de 700 milímetros en lo que va del año, cuando el promedio anual ronda los 1.400, un dato que refleja hasta qué punto el régimen de lluvias se volvió excepcional antes de que siquiera termine marzo.
Con el pronóstico todavía inestable y con decenas de comunidades afectadas, el mapa tucumano muestra hoy una postal alarmante: pueblos bajo el agua, rutas interrumpidas, parajes aislados, familias evacuadas y una emergencia que todavía está lejos de cerrarse. El temporal no solo dejó daños materiales y complicaciones logísticas, sino que volvió a exponer la fragilidad de muchas zonas del interior frente a eventos climáticos cada vez más extremos.
