El deporte argentino es un milagro… que no siempre se concreta. Un equipo tucumano no pudo participar de un certamen en Chile por falta de apoyo económico.
La situación que atravesó la Selección Tucumana de softbol exhibe la imprevisibilidad y la falta de apoyo con la que lidian los deportes amateurs en la provincia y en el país.

El seleccionado tucumano de softbol que debía representar a Argentina.WhatsApp
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“El deporte argentino es un milagro que no podemos dimensionar. No hay plata, no hay un programa, hay pasión”, dijo alguna vez, en una entrevista, el recientemente fallecido Daniel Castellani, leyenda del vóley argentino. La frase alude a los grandes resultados que suelen tener los deportistas argentinos pese a la falta de apoyo y a la desigualdad de condiciones con sus pares del primer mundo. El problema es que ese milagro no siempre se concreta. Algunos -o muchos- episodios nos lo recuerdan cruelmente, como lo que sucedió con la Selección Tucumana de softbol.
Para algún desentendido, el episodio disparador de esta columna se consumó ayer. O, en realidad, se terminó de consumar ayer, tras tres días de una eterna agonía y la espera de una señal del universo que, lamentablemente, nunca llegó. Por las intensas nevadas en la zona cordillerana, el seleccionado femenino, que debía representar a Argentina en Chile, no pudo cruzar al país vecino. Pero en realidad, más que mal clima, este viaje fallido tiene como principal causante la falta de acompañamiento a los deportistas. De parte del Estado, sobre todo, pero también de parte del sector privado.
A fines de mayo, Tucumán ganó el Nacional de Selecciones en Ezeiza, un torneo que volvió a disputarse de más de 15 años. Como premio, se ganó el hecho de poder disputar el Torneo Internacional de Iquique, un certamen que tenía también -o mejor dicho que tiene, porque el certamen se disputa igual- al seleccionado chileno, a Bolivia y a Ecuador.
14 tucumanas, la mayoría de ellas sin experiencia internacional en el deporte -con algunas excepciones por parte de jugadoras que integraron seleccionados nacionales-, conformaron la delegación, junto al entrenador Adriano Zarlenga, que debería estar en Chile por estas horas, disfrutando de días inolvidables. En cambio, se encuentran viajando nuevamente a Tucumán, con la frustración y la decepción a flor de piel.
Desde hace varias semanas, el plantel se puso en la búsqueda de apoyo para cubrir los gastos, que se focalizaban casi que exclusivamente en el traslado, ya que en Iquique tenían todo cubierto. La Confederación Argentina de Sóftbol, con recursos limitados, no pudo más que brindar su apoyo por redes sociales, además de algún gesto simbólico. Tampoco, más allá de que se trataba nada más y nada menos que de un seleccionado argentino, hubo apoyo nacional.
A nivel local, las jugadoras difundieron hasta el cansancio el alias al que se podía colaborar. También brindaron numerosas entrevistas públicas en busca de conseguir patrocinadores. ¿El resultado? Solo cinco marcas brindaron su apoyo. Desde el Estado, por su parte, se involucraron el Gobierno de la provincia, el Ministerio del Interior, la Secretaría de Deportes y la Municipalidad de Tafí Viejo. O, por lo menos, sus logos figuraban en la bandera que el seleccionado llevó consigo hasta Susques.
Susques. Susques, y no Chile, porque el remoto departamento donde se encuentra el Paso de Jama terminó siendo, inesperadamente, el destino final. Porque, aunque las jugadoras advirtieron ya hace semanas que las condiciones climáticas hacían prácticamente imposible el cruce por vía terrestre, los fondos reunidos no alcanzaron para los pasajes de avión. Con ese panorama, la delegación puso rumbo a Chile el martes pasado, en una traffic dispuesta por el Gobierno -ni siquiera un colectivo para poder afrontar los cientos de kilómetros de manera más cómoda-.
Pero, aunque del lado argentino el clima contribuyó, del lado chileno no lo hizo. El Paso de Jama nunca se abrió, y el seleccionado tucumano, que hizo dos noches imprevistamente en Susques, agotando los pocos recursos con los que contaba, debió emprender la vuelta este viernes, ya sin chances de disputar el torneo. Hasta lo último, el grupo mantuvo la energía positiva y la ilusión de jugar el torneo, aún cuando, de hacerlo, lo habrían hecho en condiciones poco adecuadas, entre la falta de entrenamiento y la cantidad de partidos que habrían tenido que afrontar en poco tiempo. Pero no se dio.
Es inevitable que surja la pregunta: ¿cuánta colaboración hubo realmente desde el Estado? En sus redes sociales, ni la Secretaría de Deportes ni el Ministerio del Interior, como así tampoco los encargados de dichas carteras, hicieron en ningún momento alusión al acompañamiento al seleccionado tucumano. Cuanto menos, llamativo.
También es procedente preguntarse por el apoyo privado. Se entiende que nadie tiene la obligación de apoyar todas las causas, ni tampoco se puede pensar con la plata ajena. Pero, ¿tan pocas marcas se vieron interpeladas por un seleccionado tucumano que iba a representar al país bajo los colores celeste y blanco? Es probable que, si se hubiera tratado de una disciplina con más difusión o con otro impacto mediático, no hubieran sido solamente una empresa de turismo, una red de seguros, un centro odontológico digital, una empresa de microbiología agrícola y un centro de diagnóstico por imágenes los patrocinadores. No fue el caso.
Lo cierto es que el caso del seleccionado tucumano de softbol no es aislado. No tanto por el desenlace final, sino por la campaña para conseguir recursos aún tratándose de un equipo que iba a representar a todo un país. Pasa en la provincia, y pasa en todo el país, donde las disciplinas amateurs, sobre todo, sufren la falta de apoyo.
Y en Tucumán, por estos días, hay otros dos casos muy claros. Facundo Cayata, campeón argentino U23 de mountain bike y dos veces medallista panamericano, está realizando una rifa para poder costearse los gastos que implican viajar al Mundial de la disciplina en Italia, pese a integrar el seleccionado nacional y contar con apoyo del Gobierno tucumano. Algo similar sucede con la boxeadora Lucrecia Manzur, que pese a ser campeona latina de la Organización Mundial de Boxeo, también debió organizar un sorteo para afrontar los gastos que le demanda su viaje a Estados Unidos, donde buscará conquistar el título mundial ante la estrella Amanda Serrano.
El deporte argentino es un milagro. Es muy difícil explicar de otra manera los grandes resultados que los exponentes de este país, en no pocas disciplinas, obtienen pese a todo. El problema es que los milagros no abundan. Esperar que siempre haya un guiño del destino, o que la garra argentina alcance para compensar todas las falencias, es de un idealismo demasiado inocente. O, cuando se da del lado de quienes pueden cambiar la situación y no lo hacen, es, siendo amigable, una imprudencia alevosa.
