Cuáles podrían ser los efectos de un Súper Niño en Tucumán y el NOA a partir de la próxima primavera

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La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), una de las principales agencias científicas y meteorológicas del mundo, elevó al 95% la probabilidad de que la temperatura superficial del Pacífico ecuatorial supere los 2 °C de anomalía entre octubre y diciembre de 2026, un nivel asociado a un evento de El Niño muy fuerte. La perspectiva abre un escenario de atención para la Argentina y, particularmente, para Tucumán: sus efectos podrían comenzar a manifestarse durante la primavera, alcanzar su período más sensible entre diciembre de 2026 y marzo de 2027 y prolongarse hasta abril o mayo.

La NOAA es el organismo estadounidense encargado de monitorear los océanos, la atmósfera y grandes fenómenos climáticos como El Niño y La Niña, por lo que sus mediciones son una de las principales referencias internacionales para anticipar la evolución de estos eventos.

La advertencia no significa que vaya a llover permanentemente ni que necesariamente se produzcan inundaciones. Un Súper El Niño modifica las probabilidades climáticas y puede favorecer lluvias superiores a las habituales y episodios extremos en determinadas regiones. La intensidad definitiva y sus consecuencias locales dependerán de cómo evolucione el fenómeno durante los próximos meses.

En la Argentina, el Litoral y el noreste aparecen entre las zonas potencialmente más expuestas a excesos de precipitaciones. Provincias como Corrientes, Misiones, Entre Ríos, Santa Fe y Chaco deberían estar entre las más vigiladas ante la posibilidad de lluvias persistentes, crecidas de ríos e inundaciones. La información disponible también menciona a Buenos Aires entre las provincias expuestas a precipitaciones importantes y caudales elevados.

En Tucumán, el período de mayor atención coincidiría con la temporada naturalmente cálida y lluviosa. Entre octubre y noviembre podrían aumentar las condiciones favorables para tormentas intensas, con abundante agua en períodos cortos, actividad eléctrica, fuertes ráfagas y eventualmente granizo.

El momento más sensible llegaría entre diciembre y marzo. Si varias tormentas importantes se sucedieran con pocos días de diferencia, los suelos podrían saturarse y aumentar el riesgo de crecidas de ríos, anegamientos de zonas bajas y problemas en los sistemas de drenaje urbano.

En el sur y este tucumanos requerirían especial seguimiento las cuencas de los ríos Marapa, Gastona, Medina, Chico y Balderrama. En el Gran San Miguel de Tucumán, las precipitaciones torrenciales concentradas en pocas horas podrían provocar acumulaciones de agua y sobrecargar desagües y canales.

El pedemonte y las zonas de montaña presentan otro riesgo. La acumulación de humedad puede favorecer desprendimientos de tierra y caída de rocas, especialmente después de varios días de precipitaciones. Corredores como la Ruta Provincial 307, hacia Tafí del Valle, y la Ruta Provincial 338, en San Javier, son algunos de los puntos que deberían ser vigilados durante temporales importantes.

El campo tucumano también estará condicionado por la distribución de las lluvias. Para la caña de azúcar, una buena disponibilidad de agua durante el crecimiento puede resultar favorable, pero precipitaciones excesivas que se extiendan hasta abril o mayo podrían dificultar la maduración, el ingreso de maquinaria y el comienzo de la zafra.

En los cítricos, el exceso de humedad puede favorecer enfermedades y complicar las tareas en las fincas. En soja y maíz, las lluvias pueden impulsar los rendimientos cuando están bien distribuidas, pero convertirse en un problema si generan encharcamientos. Los cambios importantes en las precipitaciones también pueden afectar fechas de siembra, caminos rurales y logística agrícola.

Hacia abril y mayo de 2027, los efectos de una temporada muy húmeda podrían trasladarse además al terreno sanitario. La combinación de temperaturas todavía elevadas y acumulaciones de agua genera condiciones favorables para la proliferación del mosquito Aedes aegypti, por lo que podría ser necesario reforzar las medidas de prevención contra el dengue.

El calentamiento del Pacífico ya mostraba durante la primera semana de agosto una anomalía de +1,8 °C en la región Niño 3.4, muy próxima al umbral de +2 °C asociado a los episodios considerados muy fuertes.

Así, octubre y noviembre de 2026 marcarían el comienzo del período a observar en Tucumán; diciembre, enero, febrero y marzo serían los meses potencialmente más sensibles; y abril y mayo de 2027 podrían prolongar algunos de sus efectos. El factor decisivo no será solamente cuánto llueva durante toda la temporada, sino cuánta agua caiga en pocas horas, dónde se concentre y con qué frecuencia se repitan las tormentas.


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