Creía que su marido la engañaba, revisó su computadora y descubrió un horror inimaginable

Marruecos está conmocionado por la condena a 20 años de prisión por violación, explotación sexual, trata de personas y suministro de drogas ilegales a un prestigioso psiquiatra.
Un prestigioso psiquiatra marroquí identificado como S.I. fue condenado a 20 años de prisión por violación, explotación sexual, trata de personas y suministro de drogas ilegales a mujeres que eran sus propias pacientes. El tribunal determinó que el médico abusó de su posición profesional y de la vulnerabilidad de las víctimas, a quienes drogaba y luego entregaba a otras personas para que mantuvieran relaciones sexuales con ellas.
El caso salió a la luz luego de que la esposa del médico denunciara a su marido ante la Justicia, tras descubrir en su computadora y en su teléfono videos de orgías en las que participaban hombres y mujeres. En las grabaciones aparecían encuentros sexuales realizados en la casa del psiquiatra, en su consultorio, en su auto y en un riad de la medina, el casco histórico de la ciudad.
La mujer había viajado sola a París para celebrar su aniversario de bodas después de que su marido cancelara el viaje a último momento alegando exceso de trabajo en su clínica. Al regresar comenzó a investigar por sospechas de infidelidad y encontró los videos, que luego utilizó como prueba para denunciarlo inicialmente por adulterio y “conducta desviada”, como denomina la legislación marroquí a las relaciones homosexuales.
Cuando las autoridades revisaron el material, el caso se agravó considerablemente. La investigación reveló que la mayoría de las mujeres que aparecían en las grabaciones eran pacientes del psiquiatra. El médico fue detenido en junio del año pasado y durante los allanamientos en sus propiedades los investigadores encontraron videos, fotografías, drogas, recetas médicas adulteradas, lubricantes y juguetes sexuales.
Según la Justicia, el psiquiatra suministraba cocaína, heroína y alucinógenos a sus pacientes durante semanas para generar dependencia y poder manipularlas. Las mujeres acudían a él por problemas de adicción o salud mental y el médico les decía que las sustancias formaban parte del tratamiento. Cuando alguna se resistía, insistía en que se trataba de una terapia necesaria para curarlas.
Varias víctimas denunciaron que también fueron abusadas durante las consultas médicas. En algunos casos el psiquiatra justificaba besos, tocamientos o penetraciones como parte de la terapia. En otras ocasiones organizaba encuentros sexuales colectivos que presentaba como rituales con música regional, ceremonias y discursos que simulaban plegarias, obligando a las mujeres a desnudarse y participar.
Uno de los mayores obstáculos de la investigación fue el temor de las víctimas a declarar. De las diez mujeres identificadas por los investigadores —que sospechan que podrían ser más— sólo cuatro prestaron testimonio, y una de ellas lo hizo presionada por la fiscalía.
Las víctimas temían las consecuencias sociales y legales de denunciar en una sociedad profundamente conservadora, donde las relaciones extramatrimoniales pueden castigarse con prisión y las relaciones homosexuales también están penalizadas. Además, existía el riesgo de que ellas mismas fueran acusadas de mantener relaciones fuera del matrimonio.
Finalmente el tribunal consideró probado que el médico drogaba a sus pacientes y luego las entregaba a otros hombres para mantener relaciones sexuales, lo que configuró delitos de violación, explotación sexual y trata de personas.
Además del psiquiatra, otras cinco personas fueron condenadas. El fotógrafo que registraba las orgías recibió cinco años de prisión. El propietario belga del riad donde se realizaban algunos encuentros y una administradora del lugar fueron condenados a un año de cárcel por facilitar el sitio. El enfermero que conseguía las drogas recibió dos años de prisión, al igual que el hombre que prestaba su nombre para obtener recetas médicas de somníferos y ansiolíticos.
Durante el juicio, el psiquiatra reconoció haber participado en los encuentros pero afirmó que todo había sido consensuado. También sostuvo que la denuncia de su esposa respondía a un acto de venganza, luego de que él sospechara de la paternidad del hijo que ella esperaba y le pidiera un análisis de ADN. La mujer negó que esa situación hubiera ocurrido.
Las evidencias, sin embargo, incluyeron testimonios, recetas médicas adulteradas y el material encontrado en los allanamientos, lo que llevó al tribunal a concluir que el médico abusó deliberadamente de su posición de poder sobre pacientes vulnerables.
El caso generó un fuerte impacto en Marruecos, donde las condenas por delitos sexuales suelen ser escasas o recibir penas menores. Algunos observadores consideran que esta sentencia podría marcar un cambio en la actitud de la justicia frente a los agresores sexuales, aunque todavía es pronto para saber si se tratará de una excepción o de un precedente.
