Cómo se vivió la Revolución de Mayo en Tucumán: cuándo llegó la noticia y cómo era la ciudad con 6 mil habitantes en 1810

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La Revolución de Mayo no se conoció de inmediato en Tucumán. Mientras en Buenos Aires el Cabildo Abierto y la formación de la Primera Junta sacudían el poder colonial entre el 22 y el 25 de mayo de 1810, en la capital tucumana la vida seguía casi con normalidad. Las noticias tardaban semanas en recorrer el extenso territorio del Virreinato del Río de la Plata y recién el 11 de junio de 1810 llegó oficialmente la novedad a San Miguel de Tucumán.

En aquellos días, Tucumán era una pequeña ciudad colonial de alrededor de 6.000 habitantes, con calles de tierra, casas bajas de adobe y una vida que giraba alrededor de la plaza principal, hoy Plaza Independencia. Frente a ella se encontraban el antiguo Cabildo —en el lugar donde actualmente se levanta la Casa de Gobierno—, la Catedral y la iglesia de San Francisco. La economía se movía principalmente por el comercio, la producción agrícola y las actividades vinculadas al tránsito de mercaderías hacia el Alto Perú.

Mientras en Buenos Aires avanzaba la revolución, los cabildantes tucumanos todavía debatían problemas cotidianos. De hecho, durante mayo de 1810 una de las mayores preocupaciones locales era la escasez de maíz por una mala cosecha. Nadie imaginaba aún la magnitud del cambio político que se estaba produciendo en el puerto.

La noticia llegó a caballo, a través de un chasque enviado desde Buenos Aires con documentos oficiales que exigían reconocer a la Primera Junta y enviar un representante al nuevo gobierno revolucionario. Sin embargo, la reacción no fue inmediata. En Tucumán convivían sectores que apoyaban las ideas revolucionarias con otros profundamente fieles a la Corona española.

El Cabildo tucumano decidió entonces esperar la postura de Salta, de la cual dependía administrativamente la ciudad. Recién el 25 de junio de 1810, un mes después de los sucesos en Buenos Aires, Tucumán resolvió adherir formalmente a la Revolución de Mayo. Esa fecha quedó marcada como el ingreso oficial de la provincia al proceso revolucionario que terminaría años más tarde con la Independencia argentina.

El apoyo tucumano fue inmediato y contundente. El Cabildo comenzó a aportar armas, alimentos, animales y hombres para las tropas revolucionarias. La Junta había solicitado 200 voluntarios para incorporarse al Ejército del Norte, que marcharía hacia Córdoba y luego al Alto Perú para enfrentar a las fuerzas realistas.

Los testimonios históricos describen un verdadero entusiasmo popular. Muchos jóvenes tucumanos se presentaron voluntariamente para integrar las tropas de Juan José Castelli y Francisco Antonio Ortiz de Ocampo. Según relatos de la época, fue necesario incluso limitar la cantidad de incorporaciones por la enorme cantidad de personas que quería sumarse a la causa revolucionaria.

Cuando las tropas revolucionarias llegaron a Tucumán, encontraron una ciudad movilizada y festiva. Los vecinos colaboraban con víveres, caballos y armamentos, mientras los nuevos reclutas se preparaban para marchar hacia el Alto Perú. Muchos de esos tucumanos participaron luego de la victoria patriota en la batalla de Suipacha, considerada el primer gran triunfo militar de la Revolución.

La provincia también eligió rápidamente a su representante ante la Junta Grande: el doctor Manuel Felipe Molina, abogado y político tucumano que tendría una activa participación en los primeros años del gobierno revolucionario.

Sin embargo, no todo fue apoyo unánime. Durante los años siguientes continuaron existiendo resistencias internas, sectores monárquicos y discusiones políticas sobre el rumbo de la revolución. En Tucumán, como en buena parte del interior, el proceso independentista fue gradual y estuvo lleno de tensiones.

A más de dos siglos de aquellos hechos, los historiadores destacan que Tucumán tuvo un papel decisivo desde el comienzo de la Revolución de Mayo. Primero con su rápido respaldo político y militar a la Primera Junta y, años después, convirtiéndose en escenario central de la independencia con el histórico Congreso de 1816 en la Casa de Tucumán.


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