«A mi edad ya no conseguís trabajo»: quién es el nuevo señor de los cubanitos de Tucumán

Tiene 60 años y desde hace una semana que ofrece el exquisito manjar inmortalizado por Don Rojas. Precisamente al lado de la estatua vandalizada, una historia y un mensaje que merece ser contado.
Rolo vende cubanitos en la peatonal Muñecas. La familia de Azucena (quien no se animó a salir en la foto) disfrutan del producto artesanal elaborado por el propio señor.
Cae la tarde del microcentro en San Miguel de Tucumán y Rolo Rodríguez tiene que correr su mochila para que no se dañe cuando terminen de desplomarses las persianas de peatonal Muñecas al 100. Él está de pie en la entrada de la galería Ancel, donde funciona el bar Diógenes, entre las vidrieras de Etam y Taverniti.
Los negocios ya cierran el día y Rolo sigue ahí, todavía de pie, luego de correr la mochila, con los últimos seis cubanitos que le quedan en la bandeja que sostiene con su mano izquierda. La mano derecha está protegida por un guante de látex.
A unos metros de Rolo, dándole la espalda sin querer, asoma la estatua de Don Rojas, el icónico señor de los cubanitos quien vendiera su noble producto desde 1963 hasta 2024, año de su muerte.
«No tuve el gusto de conocer a Don Rojas personalmente, pero sí sé que era una excelente persona», le dice Rolo el último sábado 9 de mayo a la noche a eltucumano.
Con la mano derecha vendada luego de que le quebraran los dedos de yeso, sin la bandeja de madera donde sostenía los cubanitos simbólicos, el aura de Don Rojas acompaña al nuevo señor de los cubanitos de Tucumán.
«Hace una semana que estoy aquí en la peatonal vendiendo. La idea comenzó a tomar forma cuando mi señora vio al propio Don Rojas y lo señaló: ‘¿Ves? Quizás vos también podés vender’. Pasó este tiempo y ahora me animé a vender cubanitos. Sí, hace unos días que empecé. No me quedó otra alternativa: a mi edad no conseguís trabajo. A los 60 años ya no te contrata nadie«, me dice Rolo.
Sobre el histórico vendedor que se erige a su lado y para evitar cualquier tipo de comparaciones, Rolo aclara: «Nooooo… ¿Parecerme a él? No podría. Cada persona tiene que tener su propia impronta. Lo que sí trato de mantenerme es bien presentable. Las personas te miran de pies a cabeza y yo trato de llevar adelante el pan de cada día a la casa».
Con la necesidad imperiosa de trabajar, Rolo Rodríguez se toma el colectivo desde el barrio Victoria donde vive y se dirige a la librería jurídica Bibliotex, ubicada en calle 9 de Julio 218: «Allí el dueño de la librería me permite utilizar su cocina para preparar estos ricos cubanitos. Los hago yo mismo y hasta el momento recibieron buena crítica. Probá uno. Los vendo 3 x 2 mil. Quiero que los llevés y después me contés qué tal«, me pide Rolo.
Los cubanitos de Rolo Rodríguez son riquísimos y recuerdan inevitablemente a los que vendía Don Rojas. Eso sí: en sintonía con los tiempos que se viven, los cubanitos de Rolo son más chicos pero están bien cargados de dulce de leche. La corteza crujiente (barquito) es muy sabrosa y cada punta que sobresale de dulce de leche está coronada por los palitos multicolores de las tortas caseras (grageas).
Rolo no tiene celular ni alias de Mercado Pago. Pero aquí vienen Azucena del Valle Pereyra, su marido y su hija. Sacan unos biletitos naranjas de mil enrollados en la mano y le compran los cubanitos a Rolo. Amablemente, acceden a la foto de eltucumano que ilustra esta nota: «¡Son riquísimos!», coinciden.
Con la bandeja vacía, Rolo Rodríguez da por finalizada su jornada de trabajo, pero antes deja una invitación y una reflexión: «Me van a encontrar aquí de lunes a sábado desde la tarde hasta la noche. Me gustaría que destacaras una cosita nada más si no es mucha molestia y es el siguiente mensaje: yo no pienso en mí, pienso en las personas que tienen 60 años y no consiguen trabajo. Ojalá que esta nota les sirva como impulso para no bajar los brazos. Al fin y al cabo, cuando nos muramos no nos vamos a llevar nada. Ni los cubanitos».



