Tarucas sobrevivió al último penal de Pampas y volvió a ilusionarse en el Súper Rugby Américas

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La franquicia del NOA ganó 39-38 en el CASI, cortó una racha de cuatro derrotas consecutivas y derrotó por primera vez a Pampas. Santiago Heredia, autor de tres tries, fue una de las grandes figuras de la noche.

   

Tomás Elizalde, fullback de Tarucas.Tomás Elizalde, fullback de Tarucas. @SuperRugbyAméricas.

La vuelta al triunfo tenía que ser así: con suspenso, miedo y tensión… ¿Qué habrá pasado por la cabeza de Álvaro Galindo durante la caminata de Bautista Farisé para ejecutar ese penal del último minuto? ¿Cuáles eran los pensamientos de los jugadores de Tarucas mientras la pelota volaba y parecía ingresar sin problemas en la “H”? ¿Y cómo habrá resonado ese impacto metálico de la ovalada en el poste izquierdo? Porque sí: este triunfo frente a Pampas por 39-38 significa mucho más que cinco puntos en la tabla por el bonus ofensivo. No sólo significó volver a la pelea por la clasificación a las semifinales del Súper Rugby Américas, sino también cortar una mala racha de cuatro derrotas consecutivas, vencer por primera vez a Pampas y, sobre todo, demostrar que el equipo de Álvaro Galindo luchará hasta el último instante para estar entre los cuatro mejores.

Porque Tarucas entendió que no había margen para otra cosa. Había que resistir, había que pelear y había que ganar. Y lo hizo como se ganan los partidos que pueden cambiar una temporada: sufriendo hasta el último segundo.

El contexto no era el ideal. Tarucas llegaba con muchísima presión: había mostrado una mejoría contra Dogos en Córdoba, pero eso no había sido suficiente para cortar la racha de cuatro derrotas consecutivas en el Súper Rugby Américas. Esa situación había provocado que perdiera terreno en la tabla y, sobre todo, que cayera en un bache de desconfianza. Ya no dominaba las formaciones fijas como en los primeros partidos ni tampoco mostraba la misma fluidez en ataque. Tarucas se había convertido en un equipo previsible y eso preocupaba de cara al sprint final.

A eso se sumaba que el rival de turno era Pampas, una franquicia que parecía ser el “cuco” de Tarucas. ¿Por qué?. Porque en los tres partidos anteriores, por más esfuerzos que se hicieran, parecía imposible conseguir una victoria. Siempre había detalles, bajones o cualquier factor externo que terminaba desinflando cualquier ilusión de triunfo. Y mucho menos en el CASI.

Pero el deporte siempre da revanchas. Y, para la franquicia del NOA, esta era la ocasión ideal: Selknam (cuarto con 34 unidades) había perdido contra Dogos y eso era suficiente para volver a creer. Es cierto: el triunfo de Peñarol sobre Cobras ponía una presión extra debido a que había desplazado a Tarucas a la sexta posición. Pero Álvaro Galindo y sus pupilos tenían algo claro: este era el momento de descontar esa distancia.

Tarucas recuperó parte de su identidad. No juega de manera perfecta y todavía hay errores por pulir, pero demostró algo innegociable: actitud. Empezó abajo en el marcador debido a una avivada de Francisco Sluga, pero rápidamente logró darlo vuelta a través de los tries de José Calderoni Mateo Pasquini.

Sí, anoche todos atacaron, todos fueron hacia adelante y, sobre todo, apostaron a los fundamentos principales del deporte. Esos que, cuando están bien ejecutados, terminan siendo la clave para romper cualquier defensa.

Pampas tampoco aflojó ni bajó los brazos. Redobló la apuesta y volvió a golpear el ingoal “naranja”: Jerónimo Ulloa devolvía la esperanza al local. Para Tarucas, el panorama era complejo: Facundo Cardozo se retiraba del campo por una lesión y Santiago Heredia, sin saberlo, entraba a la cancha para convertirse en el héroe tucumano.

El tercera línea, formado en Tucumán Rugby y que llegó para la segunda rueda del torneo como refuerzo, escribiría su propia leyenda en el CASI: la del tucumano que entró como suplente y anotó tres tries para ser clave en el triunfo.

Cada secuencia vale la pena recordarla: la primera conquista nació a partir de una ráfaga de pases que terminó en sus manos y una celebración emotiva; las otras dos llegaron a través de una combinación que demuestra el ADN tucumano: line y maul. Heredia fue el conductor de esa formación y logró hacer la diferencia para que Tarucas siguiera luchando por esa ansiada victoria. Ese ímpetu, esa garra, ese espíritu fueron claves para sostener al equipo de Galindo, incluso cuando la victoria parecía escaparse.

Pampas, en tanto, se mantenía en partido a través de las conquistas de Santiago Pernas y Lucas Marguery, más la precisión exquisita de Farisé. El centro, que se hacía cargo de las ejecuciones, venía jugando un partido perfecto con una efectividad impecable frente a los palos.

Para Tarucas tampoco tardaron en llegar las malas noticias: Benjamín Elizalde, que había ingresado en lugar de Mateo Pasquini, sufrió un golpe que obligó a la intervención de los médicos de la franquicia y, más tarde, a su reemplazo por Ignacio Cerrutti. La lesión, sin embargo, no significó un golpe anímico para el equipo.

Con todo eso, Pampas llegaba arriba en el marcador (38-36) a los últimos 10 minutos. Pasó de todo: un line cerca del ingoal de Pampas para Tarucas, una recuperación de los locales, un penal convertido por Cerrutti a un minuto del pitazo final y ese maldito -o bendito- penal de Farisé.

Entonces llegó el silencio. Ese instante eterno en el que la pelota salió del pie del apertura y todo el CASI contuvo la respiración. Tarucas también. El impacto contra el poste izquierdo no sólo selló el 39-38 final: también marcó el final de una pesadilla y el inicio de una nueva ilusión. Porque, a veces, las temporadas cambian así, en un detalle mínimo, en centímetros, en un sonido metálico. Y Tarucas, después de mucho tiempo, volvió a sentirse vivo.


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