A 200 años del terremoto que destruyó la Villa de Trancas: historia de los sismos más fuertes que sacudieron Tucumán

La línea cronológica de los sismos
El 19 de enero de 1826 la tierra se abrió y uno de los terremotos más violentos de los que se tenga registro histórico en Tucumán destruyó gran parte de la antigua Villa de Trancas. La iglesia se derrumbó, numerosas viviendas quedaron reducidas a escombros y hubo víctimas. Dos siglos después, la historia sísmica de la provincia demuestra que aquel desastre no fue un episodio aislado: fuertes movimientos volvieron a producirse en Tafí del Valle, Monteros, San Miguel de Tucumán, Sierra de Medina, Tafí Viejo, Burruyacú y Ranchillos.
Tucumán no es San Juan ni Mendoza. Está lejos de las provincias argentinas consideradas de mayor peligrosidad sísmica. Sin embargo, la historia guarda una advertencia difícil de ignorar: en territorio tucumano ya ocurrió un terremoto capaz de provocar destrucción severa y dejar víctimas.
Fue hace exactamente dos siglos.
El 19 de enero de 1826, cuando todavía faltaban décadas para que existieran registros instrumentales capaces de medir con precisión la magnitud de un terremoto, un violentísimo movimiento sacudió el norte de Tucumán.
Su epicentro histórico se ubica en la región de Trancas y sus consecuencias fueron devastadoras.
El catálogo de terremotos históricos del Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES) registra daños en Candelaria, Trancas, Zárate y El Tala, además de señalar que el movimiento fue sentido muy fuertemente en San Miguel de Tucumán y Santiago del Estero y que produjo víctimas en la región de Trancas.
Las reconstrucciones realizadas posteriormente permiten dimensionar todavía mejor lo que sucedió.
Algunos estudios estimaron una magnitud cercana a 6,5, mientras que la intensidad habría alcanzado niveles extraordinariamente elevados en el área más castigada. El catálogo histórico del INPRES consigna una intensidad VII en la escala de Mercalli Modificada, aunque investigaciones posteriores mencionadas en documentación oficial estimaron que en Villa Vieja de Trancas pudo alcanzar intensidad IX.
No son números menores.
La magnitud mide la energía liberada por un terremoto. La intensidad Mercalli, en cambio, describe lo que efectivamente ocurre en la superficie: cómo lo sienten las personas, cómo reaccionan los objetos y, fundamentalmente, qué daños sufren las construcciones.
Una intensidad IX corresponde a un terremoto capaz de ocasionar daños severos y destrucción considerable, especialmente en edificaciones vulnerables.
Y eso es precisamente lo que describen los antecedentes históricos de Trancas.
La antigua villa quedó prácticamente destruida. La iglesia se derrumbó y numerosas viviendas, muchas construidas con adobe, no resistieron el movimiento.
También existen referencias a alteraciones del terreno y a la aparición de grietas en algunos sectores.
No existen fotografías del desastre. Era 1826 y la fotografía todavía no se había desarrollado como una tecnología disponible para documentar acontecimientos de este tipo. Lo que sobrevivió fueron relatos, documentos históricos y posteriores investigaciones geológicas y sismológicas.
Pero el terremoto quedó grabado para siempre en la historia tucumana.
Y no fue el último.
1906: Tafí del Valle volvió a sentir la fuerza de la tierra
Ochenta años después, el 17 de noviembre de 1906, Tucumán volvió a experimentar un terremoto de considerable intensidad.
Esta vez una de las zonas más castigadas fue Tafí del Valle.
El movimiento produjo agrietamientos y derrumbes de paredes en Tafí y localidades cercanas y fue percibido con fuerza en distintos puntos de la provincia.
El INPRES le asigna una intensidad VII Mercalli.
Por sus efectos, permanece entre los terremotos históricos más importantes ocurridos en Tucumán después de la catástrofe de Trancas.
1907: daños en Monteros, Famaillá, Aguilares y La Cocha
Tucumán prácticamente no tuvo tiempo de olvidar aquel episodio.
El 11 de agosto de 1907, menos de nueve meses después del terremoto de Tafí del Valle, otro fuerte movimiento volvió a generar temor.
Las localidades particularmente afectadas fueron Monteros, La Cocha, Famaillá y Aguilares.
Hubo daños en construcciones y una enorme alarma entre la población.
Los registros históricos establecen una intensidad VI Mercalli Modificada.
El terremoto también fue percibido fuera de Tucumán.
1913: el terremoto que llegó hasta la Catedral
Uno de los episodios más impresionantes de la historia sísmica de San Miguel de Tucumán ocurrió el 6 de noviembre de 1913.
El movimiento fue sentido con gran intensidad en la provincia y existen registros de daños en la Catedral de San Miguel de Tucumán.
También provocó una fuerte alarma en Monteros y Famaillá y fue percibido en sectores de Catamarca.
La intensidad máxima histórica asignada al episodio es de aproximadamente VI Mercalli.
El dato resulta especialmente significativo porque demuestra que los terremotos históricos tucumanos no quedaron confinados exclusivamente a áreas montañosas o poco pobladas: la propia capital provincial sufrió sus consecuencias.
1931: otro terremoto fuerte en la Sierra de Medina
El 3 de abril de 1931 ocurrió otro de los acontecimientos que sobresalen en el registro histórico provincial.
El terremoto afectó especialmente a El Naranjo y El Sunchal, sobre el flanco oriental de la Sierra de Medina.
Se registraron daños moderados en construcciones.
La intensidad estimada llegó a VII Mercalli, colocándolo entre los movimientos históricamente más fuertes documentados en Tucumán.
La región de las sierras del noreste tucumano es especialmente interesante para los especialistas porque allí existen estructuras geológicas asociadas a la actividad tectónica que caracteriza al noroeste argentino.
1933: grietas en Raco, Tapia y Tafí Viejo
Solamente dos años después volvió a temblar.
El 12 de febrero de 1933, un terremoto afectó especialmente a Tapia, Raco y Tafí Viejo.
Las crónicas registraron grietas en construcciones, mientras que en San Miguel de Tucumán el movimiento también fue percibido fuertemente.
Su intensidad máxima fue estimada en VI Mercalli.
La cercanía de las localidades afectadas con la capital convierte a este episodio en otro antecedente relevante a la hora de reconstruir el verdadero riesgo sísmico tucumano.
1981: Burruyacú y Benjamín Aráoz
Después de varias décadas sin terremotos destructivos de importancia comparable, el 9 de mayo de 1981 la actividad sísmica volvió a hacerse sentir.
Esta vez las consecuencias se concentraron principalmente en Burruyacú y Villa Benjamín Aráoz, al noreste de San Miguel de Tucumán.
Hubo daños en construcciones y el movimiento provocó alarma tanto en Tucumán como en sectores de Santiago del Estero.
La intensidad máxima alcanzó aproximadamente VI Mercalli.
1992: un fuerte sismo se sintió en la Capital
El 29 de febrero de 1992 otro terremoto golpeó el norte y noreste tucumano.
Los daños fueron registrados especialmente en Los Nogales y El Timbó, en los departamentos Tafí Viejo y Burruyacú.
Pero hubo un dato particularmente significativo:
en San Miguel de Tucumán el movimiento alcanzó intensidad VI Mercalli.
Es decir, suficientemente fuerte como para ser percibido por prácticamente toda la población y provocar desplazamiento de objetos y daños en construcciones vulnerables.
2011: daños en Ranchillos y otras localidades
La historia volvió a repetirse el 21 de febrero de 2011.
Un terremoto produjo daños en Ranchillos, Agua Dulce, Estación Aráoz y Vipos.
También fue percibido fuera de la provincia.
El INPRES incorporó el episodio a su catálogo de terremotos históricos argentinos y estableció una intensidad máxima de VI Mercalli.
Ya no se trataba de relatos del siglo XIX ni de crónicas de principios del siglo XX.
Había ocurrido en pleno siglo XXI.
2022: Trancas volvió a temblar
Pero uno de los episodios recientes que más llamó la atención ocurrió durante la madrugada del 10 de enero de 2022.
La tierra volvió a moverse violentamente en el norte de Tucumán.
Y ocurrió, otra vez, cerca de Trancas.
El terremoto tuvo una magnitud aproximada de 5,6 y un hipocentro relativamente superficial. Fue sentido intensamente por habitantes de numerosos puntos de Tucumán y también en provincias vecinas.
Después llegaron las réplicas.
Una de ellas, registrada alrededor de las 6.05, alcanzó magnitud 3,1, mientras que otros movimientos menores siguieron al evento principal.
La coincidencia geográfica inevitablemente hizo recordar lo ocurrido casi dos siglos antes.
Porque fue precisamente aquella región la que protagonizó el terremoto más destructivo conocido de la historia tucumana.
Los terremotos que marcaron a Tucumán
La cronología de los principales episodios históricos permite observar con claridad que la actividad sísmica tucumana no está concentrada en un único lugar:
19 de enero de 1826 – Trancas: el gran terremoto histórico. Magnitud reconstruida cercana a 6,5. Intensidad VII en el catálogo histórico y estimaciones posteriores de hasta IX en Villa Vieja de Trancas. Destrucción y víctimas.
17 de noviembre de 1906 – Tafí del Valle: intensidad VII. Agrietamientos y derrumbes de paredes.
11 de agosto de 1907 – Monteros, Famaillá, Aguilares y La Cocha: intensidad VI. Daños en construcciones y fuerte alarma.
6 de noviembre de 1913 – San Miguel de Tucumán: intensidad VI. Daños en la Catedral y fuerte percepción en diferentes localidades.
3 de abril de 1931 – El Naranjo y El Sunchal: intensidad VII. Daños moderados en la región de Sierra de Medina.
12 de febrero de 1933 – Tapia, Raco y Tafí Viejo: intensidad VI. Grietas en construcciones y fuerte percepción en la Capital.
9 de mayo de 1981 – Burruyacú y Villa Benjamín Aráoz: intensidad VI. Daños en construcciones.
29 de febrero de 1992 – Los Nogales y El Timbó: intensidad VI. Daños y fuerte percepción en San Miguel de Tucumán.
21 de febrero de 2011 – Ranchillos, Agua Dulce, Estación Aráoz y Vipos: intensidad VI. Daños materiales.
10 de enero de 2022 – Trancas: magnitud aproximada 5,6. Uno de los movimientos instrumentales más importantes de las últimas décadas en Tucumán, seguido por varias réplicas.
La lista no comprende cada pequeño sismo detectado instrumentalmente en territorio tucumano —son muchos más y gran parte ni siquiera son percibidos por la población—, sino los terremotos históricos más significativos por intensidad, daños o relevancia registrados por los organismos especializados.
¿Puede volver a ocurrir un gran terremoto en Tucumán?
La respuesta científicamente responsable es que sí puede ocurrir un terremoto importante, aunque nadie puede establecer cuándo sucederá ni afirmar que necesariamente alcanzará las dimensiones del desastre de 1826.
Tucumán presenta una peligrosidad sísmica menor que las provincias de Cuyo, especialmente San Juan y Mendoza. Pero peligrosidad moderada no significa ausencia de terremotos.
La propia historia lo demuestra.
En aproximadamente dos siglos, distintos terremotos produjeron daños desde Trancas hasta Tafí del Valle, pasando por Tafí Viejo, Burruyacú, Monteros, Famaillá, Ranchillos y la propia capital.
Y el antecedente de 1826 es contundente.
Hace 200 años, un terremoto destruyó buena parte de una población tucumana, derrumbó su iglesia, arrasó viviendas y dejó víctimas.
La diferencia fundamental es que aquel Tucumán tenía una población muchísimo menor y construcciones completamente distintas.
