Una científica tucumana busca en la Antártida restos de un barco hundido hace más de 120 años

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Lucía Maisano forma parte de la misión que explora el fondo del mar de Weddell con el objetivo de encontrar rastros del Antarctic.

   

UNA SONRISA DE FELICIDAD. Lucía Maisano posando con el barco ARA Almirante Irízar./ LUCÍA MAISANOUNA SONRISA DE FELICIDAD. Lucía Maisano posando con el barco ARA Almirante Irízar./ LUCÍA MAISANO

La geóloga tucumana Lucía Maisano de 36 años forma parte de la misión de ciencia ficción que busca, entre otros datos de interés nacional, rastros de un barco naufragado hace más de 120 años en la Antártida. En a entrevista virtual realizada por etapas con LA GACETA y mientras navega en el ARA Almirante Irízar, Lucía cuenta que integra la primera Campaña Antártica de Verano 2024/2025, que comenzó el 29 de noviembre de 2024. En compañía de especialistas de múltiples disciplinas que conforman el Grupo Weddell, la profesional lleva adelante un plan para caracterizar la región oceánica comprendida entre las bases Petrel y Marambio.

PAISAJE ÚNICO. Una de las vistas de la Antártida capturadas por la científica tucumana./ LUCÍA MAISANOPAISAJE ÚNICO. Una de las vistas de la Antártida capturadas por la científica tucumana./ LUCÍA MAISANO

La tarea de Maisano y del agrimensor Luis Ariel Raniolo, ambos del Instituto Argentino de Oceanografía (IADO), consiste en un relevamiento del fondo marino mediante el uso de un Sonar de Barrido Lateral (PulSAR Side Scan, Kongsberg Geoacoustics LTD), con el fin de localizar fragmentos del barco Antarctic de la Expedición Antártica Sueca 1901-1904 que lideró Otto Nordenskjöld, uno de los primeros viajes al Polo Sur. Al mismo tiempo, Maisano y sus compañeros buscan una geoforma de gran elevación relevada por algunas cartas náuticas argentinas.

JUNTO A SUS COMPAÑEROS. La Dra.Maisano a bordo del ARA Almirante Irízar./LUCÍA MAISANOJUNTO A SUS COMPAÑEROS. La Dra.Maisano a bordo del ARA Almirante Irízar./LUCÍA MAISANO

La expedición de Maisano es un proyecto interdisciplinario liderado por el doctor Pablo Fontana del área de Ciencias Sociales y Comunicación del Instituto Antártico Argentino (IAA). Entre las instituciones involucradas se encuentra el Instituto Antártico Argentino (IAA); la Dirección Nacional del Antártico (DNA); la Secretaría de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur (IAA-Mrecic); el Servicio de Hidrografía Naval (SHN); el Servicio Geológico Minero Argentino (Segemar) y el IADO. Todas estas organizaciones procuran aportar y ampliar el conocimiento científico de las características geomorfológicas del fondo marino del sector NW del mar de Weddell a partir de datos obtenidos mediante el uso del sonar lateral. Este proyecto multidisciplinario, además de brindar datos claves para la ciencia nacional e internacional, fortalece los lazos entre las instituciones.

La historia de la geóloga

Lucía Maisano se recibió en el Instituto Miguel Lillo de la Universidad Nacional de Tucumán, y, luego, realizó su doctorado y posdoctorado en el IADO-Conicet. Estos estudios le permitieron establecerse en la ciudad de Bahía Blanca (Provincia de Buenos Aires) y seguir investigando mientras se desempeña como docente en la Universidad Nacional del Sur. Lucía es ganadora de una beca Fulbright, que debía concretarse durante 2024, pero, por razones de presupuesto del Conicet, se postergó.

FESTEJANDO SU CUMPLEAÑOS. de una manera particular el 1 de diciembre, Lucía cumplio 36 años./ LUCÍA MAISANOFESTEJANDO SU CUMPLEAÑOS. de una manera particular el 1 de diciembre, Lucía cumplio 36 años./ LUCÍA MAISANO

El 30 de noviembre, sumida en un mar de emociones, zarpó desde Puerto Madero en el ARA Almirante Irízar rumbo a la Antártida. En la entrevista, la geóloga expresó: “tengo que admitir que sí soñé con esta oportunidad, pero nunca pensé que tendría la posibilidad y, encima, que me iba a encontrar con tantas ganas de aprovecharla”. En medio del proyecto, el 1 de diciembre, Lucía cumplió 36 años. La profesional destacó que las personas que la acompañan son tan increíbles como ver de cerca el continente blanco.

Un naufragio cinematográfico

El Antarctic tiene una historia de película, según los testimonios y registros de sus sobrevivientes, y la propia investigación de Fontana. Resulta que la expedición sueca que comandaba el geólogo Otto Nordenskjöld planeaba instalar una estación científica en la Antártida para realizar investigaciones geológicas, geomagnéticas y meteorológicas. El Antarctic era un velero con motor auxiliar de vapor construido en Noruega en 1871: tenía una eslora de 41,5 metros. En 1901, la expedición llega a Buenos Aires y solicita alimentos al Gobierno argentino, que accede con la condición de que un meteorólogo de la marina argentina, el alférez José María Sobral, participara de la expedición. Así fue que el 13 de febrero de 1901, seis personas desembarcaron en Cerro Nevado (cerca de la base Marambio) para construir el refugio Suecia con el objetivo de hacer estudios científicos.

ANTARCTIC. Una imagen del velero hundido en el mar de Weddell, tras colisionar con bloques de hielo./WIKIPEDIAANTARCTIC. Una imagen del velero hundido en el mar de Weddell, tras colisionar con bloques de hielo./WIKIPEDIA

Pasó el invierno y, el 5 de noviembre de 1901, el Antarctic zarpó de las Islas Malvinas para recoger a los expedicionarios, pero la embarcación quedó atrapada por los hielos a poco de alcanzar el destino. Tres tripulantes bajaron para caminar sobre el mar congelado y encontrar a los de refugio Suecia, pero, por el derretimiento de hielo, también quedaron aislados, en la bahía Esperanza y construyeron un refugio de piedra para sobrevivir. El Antarctic terminó hundiéndose y los náufragos se quedaron en la isla Paulet, según narra Fontana. 

El barco pereció, pero los aventureros se salvaron. Tanto los náufragos de la isla Paulet como la tripulación que había permanecido en Cerro Nevado y en bahía Esperanza fueron rescatados por la corbeta argentina ARA Uruguay al mando de Julián Irizar

Maisano y sus colegas pretenden recuperar parte de esa historia, pero los escollos son enormes. “Para encontrar el buque, si es que existe todavía, deberíamos navegar por el mar de Weddell, en un área ya identificada de 8 kilómetros por 1 kilómetro aproximadamente. Pero la realidad es que hay mucho hielo y eso dificulta la operación”, dijo.

Cómo vive esta aventura la madre de la científica

La comunicación con Maisano no es sencilla por la escasez de señal de internet. Por eso su madre, Lucía Migliavacca, resultó una fuente esencial para obtener datos para esta producción. Migliavacca, que vive en Tucumán, contó que su hija estaba destinada al océano. «Desde pequeña, tenía una gran pasión por el mar y sus secretos, a pesar de que estábamos tan alejados de alguna costa. Cada verano que teníamos la posibilidad de viajar al mar, Lucía disfrutaba cada instante, y su amor y curiosidad por todo lo que el mar significaba la llevó también a ser una experta nadadora, afición que su papá impulsaba”, expresó. 

La mamá manifestó que ver a su hija doctora en la Antártida, a bordo del rompehielos, en una misión científica tan importante, era un triunfo del esfuerzo. Y afirmó que lo que está viviendo hoy su hija es y será una experiencia transformadora, no sólo para ella, sino también para todos los que, de alguna manera, se sienten conectados con sus logros y su pasión.

LA SELFI. La foto revela la felicidad de Lucía al concretar uno de sus grandes sueños./ LUCÍA MAISANOLA SELFI. La foto revela la felicidad de Lucía al concretar uno de sus grandes sueños./ LUCÍA MAISANO

“La ciencia tiene el poder de transformar el mundo y Lucía está contribuyendo a eso. A pesar de lo difícil de la comunicación por la distancia y la mala señal, nos mantenemos en permanente contacto aunque sea brevemente», relató Lucía Migliavacca. Y añadió que el orgullo que sentía superaba cualquier temor: «este momento es un recordatorio de lo valiente que es mi hija, y de cómo, como madre, debo aprender a soltar y confiar en que, aunque lejos, Lucía está construyendo su propio camino enfrentando desafíos y superando obstáculos. Y aunque mi corazón siempre estará pendiente de ella, también me siento orgullosa de ser parte de su historia y de su evolución como persona y profesional”.


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