Tucumán acelera la ejecución de obras hídricas ante un verano con riesgo de tormentas severas e inundaciones

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Obras en cauces naturales y canales de desagüe se llevan a cabo en la capital ´provincial y en localidades estratégicas del interior, ante la inminencia de un fenómeno climático sin precedentes.

Tucumán puso en marcha un amplio operativo de prevención hídrica ante la llegada de la temporada de lluvias 2026-2027, con intervenciones en canales y ríos del Gran San Miguel, Yerba Buena, Tafí Viejo y diferentes localidades del sur provincial. Limpieza de cauces, extracción de sedimentos, construcción de defensas, dragados y nuevas alcantarillas forman parte de un plan que busca aumentar la capacidad de escurrimiento frente a un verano para el que se prevén tormentas intensas y concentradas en períodos cortos.

El Plan Integral de Prevención Hídrica 2026-2027 involucra al Ministerio de Obras Públicas, la Dirección Provincial del Agua, Vialidad y los municipios. La prioridad es llegar al período comprendido entre noviembre de 2026 y marzo de 2027 con los principales sistemas de drenaje en mejores condiciones para recibir grandes volúmenes de agua.

El ministro de Obras Públicas, Marcelo Nazur, explicó que la estrategia fue definida después de las precipitaciones extraordinarias registradas durante el último año, que llevaron los suelos a elevados niveles de saturación y generaron problemas especialmente graves en el sur tucumano.

Las proyecciones climáticas para diciembre de 2026, enero y febrero de 2027 vuelven a plantear un escenario de atención ante la posibilidad de tormentas severas y acumulados importantes. La situación genera preocupación entre habitantes de zonas próximas a canales, laderas y riberas que ya sufrieron las consecuencias de inundaciones recientes.

En las inmediaciones del Canal Sur, por ejemplo, los vecinos siguen con atención tanto las tareas preventivas como los pronósticos. Adela, residente de la zona de avenida Roca, describió la inquietud que reaparece ante cada tormenta por el temor a nuevos desbordes.

Nazur advirtió, sin embargo, que las obras hidráulicas tienen límites técnicos y que ningún sistema puede garantizar protección absoluta frente a fenómenos extraordinarios. Explicó que las infraestructuras se proyectan tomando determinadas recurrencias estadísticas, habitualmente de 50, 70 u 80 años, mientras que pueden producirse precipitaciones excepcionales asociadas a recurrencias de 100 o 150 años.

Por esa razón, el objetivo inmediato es recuperar la mayor capacidad posible de conducción de los principales cauces antes del período de mayor riesgo.

En Yerba Buena, uno de los trabajos estratégicos se desarrolla sobre el Canal Caínzo, a la altura de la avenida Presidente Perón. Allí se construyen cuencos de amortiguación mediante gaviones destinados a disminuir la energía del agua que desciende desde la sierra de San Javier antes de alcanzar sectores urbanizados.

En el Canal Sur se mantienen tareas de limpieza, nivelación y remoción de sedimentos a lo largo de distintos tramos. Las intervenciones pretenden liberar la sección de escurrimiento y reducir las obstrucciones, especialmente en cruces viales que pueden convertirse en cuellos de botella durante una tormenta.

Tafí Viejo también integra el dispositivo preventivo. Sobre el arroyo Nueva Esperanza se realizan trabajos en el sector del barrio Calpini, principalmente debajo del puente ferroviario, donde se busca despejar y acondicionar el lecho.

Las intervenciones sobre el río Salí incluyen dragado y profundización a la altura de Alderetes, Banda del Río Salí y San Miguel de Tucumán. El operativo se extiende hacia Los Gómez y la cola del dique El Frontal con el propósito de mejorar la descarga del sistema.

En el río Lules se movilizaron más de 20.000 metros cúbicos de suelo sobre la Ruta Provincial 321 para construir espigones que protejan la margen derecha en dirección a La Quebrada.

En Famaillá, las máquinas trabajan sobre aproximadamente 1.200 metros del arroyo Maravilla, en el barrio Nueva Baviera, mediante tareas de limpieza y perfilado.

El sur provincial concentra una parte importante de las intervenciones. En Chicligasta, Graneros, Río Chico y Alberdi se refuerzan defensas y acondicionan canales colectores y de cintura, entre ellos los correspondientes a Escaba, La Calera, El Polear y Los Córdoba. El objetivo es conducir los excedentes de las precipitaciones hacia los cauces principales.

Sobre el río Chirimayo, en Concepción, se trabaja además en el acondicionamiento de las defensas ubicadas en la margen derecha.

La Madrid continúa siendo uno de los puntos más sensibles del mapa hídrico tucumano debido a su relación con las crecidas del río Marapa y a las características del terreno.

Nazur explicó que el pueblo se desarrolló sobre una depresión natural y que su capacidad de drenaje se encuentra condicionada por dos grandes terraplenes: el correspondiente a la Ruta Nacional 157 y el ferroviario. Según el funcionario, ambas estructuras rodean parcialmente la localidad y dificultan la salida natural del agua.

Para reducir ese efecto, la Provincia ejecuta el perfilado de la margen izquierda del río Marapa aguas abajo del puente de la Ruta 157 y avanza con la instalación de nuevas alcantarillas sobre esa vía. También se trabaja en La Tala para eliminar obstrucciones y acelerar el escurrimiento.

El problema no se limita, sin embargo, a la capacidad de los grandes ríos y canales. Las autoridades y especialistas señalan que la basura acumulada en desagües, zanjas e imbornales puede bloquear rápidamente la red secundaria e impedir que el agua de las calles llegue hasta los conductos troncales.

La intendenta de San Miguel de Tucumán, Rossana Chahla, aseguró que el municipio revisó los más de 1.800 imbornales de la Capital. Indicó que, pese a las tareas de limpieza, volvieron a encontrarse residuos que obstaculizaban el drenaje, entre ellos botellas, plásticos e incluso colchones.

Chahla reconoció además que la infraestructura de la ciudad presenta limitaciones frente a lluvias intensas. Señaló que existen obras de mayor envergadura ya planificadas y sostuvo que, mientras tanto, el municipio mantiene diariamente la limpieza de los canales.

Como medida adicional, anticipó que durante las alertas meteorológicas se prevé ubicar personal en puntos estratégicos para mantener despejados los imbornales. La intendenta aclaró que no resulta posible disponer un trabajador para cada uno de los más de 1.800 desagües y pidió colaboración a los vecinos para evitar que los residuos terminen bloqueando el sistema.

El ingeniero Leandro Díaz sumó otro factor de riesgo: el crecimiento urbano sobre espacios que históricamente funcionaban como áreas naturales de circulación del agua. Advirtió sobre la existencia de viviendas incluso dentro del cauce mayor del río Salí y mencionó ocupaciones en caminos de sirga del Canal Cintura Norte y en sectores del Canal Sur.

Díaz también planteó dificultades institucionales para desarrollar una planificación hídrica integral. Según explicó, no existe un organismo único encargado de coordinar la planificación a gran escala y profesionales especializados distribuidos en diferentes dependencias encuentran obstáculos burocráticos para trabajar conjuntamente.

Ante una temporada atravesada por la presencia de El Niño y la posibilidad de tormentas severas, el desafío combina así varios factores: el estado de los suelos, la capacidad de ríos y canales, la expansión urbana, el mantenimiento de los desagües y la coordinación entre organismos.

Para quienes viven junto a los cauces, las retroexcavadoras y las tareas de limpieza representan la parte más visible de la preparación. La incógnita que persiste es hasta qué punto esas intervenciones serán suficientes si Tucumán vuelve a enfrentar precipitaciones extraordinarias durante el próximo verano.

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