Se despertó el dólar

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El mayorista subió cerca de 6,5% en el binomio mayo/junio, cerró la semana en torno a $1.477 y cortó cinco meses de calma. ¿Es para alarmarse? Analicemoslo.

La oferta baja y la demanda sube

El golpe más nuevo vino de afuera. El dólar se fortaleció en el mundo, el DXY (dólar vs una cesta de monedas) subió 3,4% por las expectativas de tasas en Estados Unidos. Encima, el fin del conflicto en Medio Oriente hundió el petróleo casi 28% y arrastró a las commodities, con la soja cerca de US$420. No es un detalle, la suba de precios había sumado unos US$3.000 millones extra al flujo exportador del último trimestre, y eso no se repite. A ese viento en contra se le agrega la estacionalidad de siempre, la cosecha gruesa ya está liquidada en su mayor parte y el segundo semestre arranca con la mitad de oferta comercial. Menos dólares.

Del otro lado empieza a empujar la demanda por dolares. Las importaciones, deprimidas hasta ahora, reaccionan apenas la economía y los salarios respiran. Y está el aguinaldo, que inyecta pesos y manda una parte a cobertura. Con cepo, ese flujo mueve pesos de bolsillos atados hacia bolsillos libres. Sumale el Mundial y carteras que, a un año de las elecciones, se empiezan a dolarizar. Más demanda, menos oferta, el dólar sube. Nada que no fuera previsible.

El BCRA mermó, no se corrió

El Central compró menos para no presionar, pero sigue ahí todos los días con saldo positivo. El ritmo de junio promedió US$72 millones por rueda, la mitad que en abril y mayo, y en las últimas ruedas bajó a US$48 mientras el agro liquidaba US$136. La diferencia la tomó la demanda privada, por eso el precio puede subir con oferta todavía alta. En paralelo intensificó la intervención en futuros y dólar linked, que escaló a niveles que no se veían desde la corrida del año pasado. Compra menos para emitir menos. Lógico.

El giro monetario, que es el verdadero título

Acá está el punto. Durante meses el Gobierno secó la plaza en cada licitación, colocando más deuda de la necesaria, con la desinflación como meta a cualquier costo. Yo venía marcando que, por detrás de ese discurso, empezaban a reconocer el deterioro en lo que importa, actividad de mercado interno, crédito, mora, salario real. Esta semana el giro se hizo explícito. El Central ya había transferido $24,4 billones de utilidades al Tesoro y el viernes Caputo apagó la aspiradora, renovó apenas el 81% de los vencimientos y dejó más de $3 billones sueltos. Cortó meses de sesgo contractivo. Lo resumió el propio ministro, no se puede obligar a tener pesos a quien no los quiere.

La señal que ordena el ruido

Antes de que alguien grite crisis, paremos la pelota. Dentro de esa licitacion no hubo demanda por cobertura contra la devaluación, traducido, el mercado no está descontando una devaluación ni un quiebre de la banda. El Gobierno se anima a soltar pesos justamente porque nadie pricea un salto. El techo de la banda, además, está cerca de $1.800, un 16% arriba del oficial. Hay aire, pero acá se está testeando un cambio en la política monetaria.

Qué va a pasar

De corto, volatilidad. Más pesos en la calle, reactivación (deseo) y menos oferta estacional deberían empujar,y el cepo y mayor demanda de pesos deberían contener. Esa es la tensión. De mediano, vemos un dólar corriendo por encima del IPC pero sin saltos bruscos, siempre y cuando los datos acompañen, con una inflación que baja lento y amesetada. La curva de futuros ya pone el cierre de año cerca de $1.650/1.670. El Gobierno va a seguir convalidando liquidez mientras la demanda de pesos aguante. 

Y ahí está el único riesgo que importa. Todo el esquema depende de que  la gente quiera los pesos que el Gobierno está soltando. Si la demanda de dinero acompaña, esto se administra sin sobresaltos. Si no, los pesos de más van al dólar y la película cambia. De largo, la apuesta es estructural, energía y minería generando divisas en serio, pero eso paga solo si la macro llega entera hasta ahí.

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