Récord de consumo de empanadas: el termómetro silencioso de la crisis económica en Argentina

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Mientras crecen las ventas, miles de trabajadores eligen empanadas como opción económica ante la caída del poder adquisitivo.

El consumo de empanadas en Argentina alcanzó niveles históricos y ya se convirtió en un fenómeno masivo. Según datos de la Asociación de Pizzerías y Casas de Empanadas (APYCE) en el país se consumen cerca de 10 millones de empanadas por día, impulsadas por la fuerte demanda en un contexto de crisis económica.

Lejos de ser solo una cuestión cultural, este crecimiento está directamente vinculado al deterioro del salario real, que obliga a miles de trabajadores a optar por comidas rápidas, accesibles y de bajo costo para sostener su alimentación diaria.

Actualmente, la empanada se ubica entre los alimentos más elegidos del país, posicionándose como el segundo plato más pedido en plataformas de delivery y uno de los más consumidos a nivel general.

Las variedades más elegidas reflejan un consumo clásico: carne suave (20%), jamón y queso (19%) y pollo (11%). Este patrón confirma una preferencia por opciones económicas y rendidoras, que permiten resolver comidas sin un gasto elevado.

El auge del consumo impulsó una expansión en la producción industrial, con plantas que fabrican entre 80.000 y 120.000 unidades diarias. A esto se suma la proliferación de franquicias que ofrecen empanadas a precios muy bajos, en algunos casos entre $1.000 y $1.200, consolidando un modelo de negocio en plena expansión.

El crecimiento del sector contrasta con el contexto social, donde comer fuera del hogar se volvió un gasto cada vez más difícil de sostener para gran parte de la población.

El aumento del consumo de empanadas expone un cambio profundo en los hábitos alimentarios. Según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, el 83,5% de los trabajadores enfrenta algún grado de inseguridad alimentaria.

Además, el 78,5% reconoció haber reemplazado comidas más nutritivas por opciones más económicas, mientras que un 24,6% ya lo hace de manera habitual. Esto refleja un deterioro sostenido en la calidad de la alimentación, directamente asociado a la pérdida de ingresos.

El récord de consumo no es una buena noticia: es una señal de alarma. En un escenario donde los salarios pierden frente a la inflación, la empanada aparece como una solución accesible, pero también como un símbolo de ajuste cotidiano.

La expansión de este consumo convive con un trasfondo social complejo, donde alimentarse deja de ser una elección y pasa a ser una estrategia de supervivencia económica.

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