Nueve hechos claves desde 1978 que marcaron el deterioro de El Bajo tucumano y los intentos de rescate

El Bajo, uno de los barrios más históricos y neurálgicos de San Miguel de Tucumán, atravesó en las últimas cinco décadas una serie de decisiones políticas y administrativas que alteraron profundamente su fisonomía, su dinámica comercial y su identidad urbana. Entre cierres, traslados, ordenanzas incumplidas y proyectos inconclusos, se consolidó un proceso de deterioro que aún hoy busca revertirse.
A continuación, los nueve hechos más relevantes que explican su presente.
1. El cierre del ferrocarril (1978)
El cierre definitivo del ramal ferroviario y de la estación Central Norte marcó un punto de inflexión. La zona, históricamente vinculada al intercambio comercial y social con el interior provincial, perdió uno de sus motores económicos y de circulación de personas. Con la desaparición del tren comenzó a modificarse el pulso cotidiano del barrio.
2. El traslado del aeropuerto (1986)
La mudanza del Aeropuerto Benjamín Matienzo a Cevil Pozo generó un crecimiento desordenado hacia el sudeste de la Capital. Parte de ese desarrollo impactó en el área de influencia de El Bajo. La actual avenida Papa Francisco —antigua pista aérea— es uno de los ejemplos más visibles de una expansión urbana sin planificación integral.
3. El traslado de la Terminal de Ómnibus (1994)
Aunque la nueva terminal se ubicó a pocas cuadras, la antigua estructura quedó sin un destino claro. La plaza La Madrid, el edificio de la ex terminal y las calles circundantes comenzaron a evidenciar un progresivo deterioro, con ocupaciones parciales y un uso cada vez más fragmentado del espacio público.
4. La ordenanza de Interés Turístico (1992)
La ordenanza 1.937 declaró de Interés Turístico Municipal un amplio sector del barrio. El objetivo era unificar criterios estéticos, restaurar fachadas, mejorar veredas, iluminación y mobiliario urbano, además de poner en valor la estación ferroviaria y la plaza.
Se implementó un Programa de Renovación de Áreas Urbanas, pero solo cuatro edificios fueron intervenidos. La falta de presupuesto frenó el plan y la iniciativa quedó inconclusa.
5. La creación del “Mercado de Pulgas” (1995)
Mediante el decreto 163, durante la intendencia de Rafael Bulacio, se creó un mercado en la ex Terminal con la intención de relocalizar a los vendedores ambulantes del microcentro. Con el paso del tiempo, el espacio se expandió hasta ocupar gran parte de la manzana y calles aledañas, generando una situación de saturación, desorden comercial y conflictos en el uso del espacio público.
Este hecho es señalado como uno de los más determinantes en la consolidación del deterioro urbano.
6. El proyecto de trasladar el Palacio Municipal (1997)
El ex concejal José Ricardo Ascárate propuso instalar el Palacio Municipal en el edificio de la ex Terminal y recuperar su entorno, incluida la plaza La Madrid. La iniciativa no prosperó.
7. Nuevo intento de revalorización institucional (2005)
El entonces concejal Gustavo Usandivaras insistió con la idea de establecer allí el “Palacio Municipal 29 de Septiembre”, junto a un paquete de medidas para recuperar el barrio: refacciones, reorganización de la venta ambulante y ordenamiento de paradas de colectivos, bajo el amparo de la ordenanza 1.773, que declara al sector Bien de Interés Municipal. Tampoco avanzó.
8. Proyecto legislativo de protección patrimonial
En la actualidad, el legislador José Seleme impulsa dos iniciativas. Una busca declarar Patrimonio Cultural a la plaza La Madrid y su entorno, con dictamen favorable en comisión. La otra propone la creación del Organismo de Coordinación y Planificación El Bajo (OCP-El Bajo), bajo la órbita del Ministerio de Obras Públicas provincial, para superar las trabas jurisdiccionales entre municipio, Provincia y organismos ferroviarios.
9. El Master Plan municipal
En paralelo, el municipio de la Capital presentó un Master Plan de intervención integral que amplía el perímetro de acción y propone una transformación más profunda del barrio. El proyecto se encuentra en etapa de desarrollo y su implementación dependerá de definiciones técnicas, presupuestarias y políticas.
A lo largo de medio siglo, El Bajo pasó de ser un nodo estratégico de transporte y comercio a un sector marcado por el desorden, la sobreocupación y la falta de planificación sostenida. Entre decisiones estructurales —como cierres y traslados— y proyectos de recuperación que no se concretaron, se configuró un escenario complejo.
Hoy, con nuevas iniciativas sobre la mesa, el futuro del barrio vuelve a estar en discusión. El desafío es que, esta vez, los planes superen la instancia declarativa y se traduzcan en intervenciones efectivas y sostenibles en el tiempo.
