Nevada histórica impulsa expectativas hídricas en Mendoza para el próximo verano

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Tras más de una semana de intensas nevadas en la Cordillera, el Departamento de Irrigación observa un panorama alentador para la provisión de agua, aunque mantiene la cautela ante posibles variaciones hidrológicas

Más de tres metros de nieve acumulada en sectores de la Cordillera de los Andes, un temporal que ya lleva más de una semana y pronósticos que indican que las precipitaciones continuarán hasta los primeros días de agosto. Estas históricas nevadas, que mantienen prácticamente aislada a la Alta Montaña mendocina, abren la expectativa de que el próximo verano llegue con más agua disponible para consumo y riego.

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La nieve como reserva hídrica

La nieve que hoy cubre la montaña y los caminos funciona como una enorme reserva hídrica. Cuando aumenten las temperaturas en primavera y verano, ese manto blanco se transformará en escorrentía que alimentará los ríos que abastecen a los oasis productivos de Mendoza. No obstante, los especialistas recomiendan cautela: aún restan cerca de 40 días para que concluya la temporada de nevadas y la evolución del régimen de precipitaciones será determinante para el balance anual.

Estado actual y comparaciones históricas

Desde el Departamento General de Irrigación reconocen que el panorama mejoró de forma significativa respecto del año pasado. Según Rubén Villodas, director de Gestión Hídrica de Irrigación, “es la primera nevada importante del año”, con otra nevada en mayo que fue prácticamente imperceptible. Además, subrayó que “aún quedan unos diez días más de precipitaciones” dentro del temporal.

En la estación Horcones, referencia para la cuenca del río Mendoza, el Sistema de Información Hidronivometeorológico (SIH) registró hasta el momento un Equivalente Agua Nieve (EAN) de 348 mm. Ese valor supera el promedio histórico de julio, aunque está por debajo de años excepcionales como 2016 (425 mm)2006 (415 mm)2005 (418 mm) o 2002 (382 mm). Existen también antecedentes de nevadas más abundantes en la década de 1980, previas a la base de datos del SIH, que comenzó a funcionar hace 27 años.

Cuenca por cuenca: dónde impactó más

En la cuenca del río Mendoza, que abastece al oasis norte, el escenario es particularmente alentador: “con lo que ha nevado hasta ahora estamos prácticamente en los niveles de un año medio”, indicó Villodas. Las cuencas de los ríos Tunuyán y Diamante presentan una recuperación en curso; hoy muestran aproximadamente la mitad de la nieve correspondiente a un año promedio, pero podrían acercarse a un año medio si las precipitaciones continúan.

En la zona sur provincial la situación es distinta: aunque las nevadas fueron abundantes, históricamente esos sectores reciben mayores acumulaciones. Allí, lo caído hasta ahora representa aproximadamente un tercio de lo que suele registrarse en un año medio.

Nieve hoy, agua mañana: el proceso del deshielo

Que haya más nieve en la Cordillera no implica de inmediato más agua disponible para riego. Como explicó Villodas, “las temperaturas en Alta Montaña todavía son demasiado bajas para generar un derretimiento importante”. En consecuencia, durante agosto, septiembre, octubre y buena parte de noviembre los caudales pueden seguir siendo insuficientes para cubrir la demanda productiva. Recién hacia noviembre, con el aumento de temperaturas, el aporte de deshielo se incrementa de manera sostenida y comienza a compensar el consumo de los oasis.

El rol de los embalses y un desafío pendiente

Mientras no se alcance la fase de deshielo significativo, la disponibilidad para riego depende en gran medida de las reservas en los embalses. Estos diques almacenan agua durante el invierno y permiten abastecer el riego cuando la nieve permanece congelada. El principal desafío es que se llega a esta temporada con embalses bajos tras años de escasez hídrica: “venimos de una temporada muy baja y los embalses también están bajos”, alertó el especialista. La recuperación de embalses, que normalmente comienza en julio y principios de agosto, podría demorarse y condicionar la provisión al inicio de la temporada de riego.

Perspectivas para el próximo verano: optimismo con cautela

Aunque el temporal iniciado el 15 de julio mejoró notablemente el panorama respecto del invierno pasado —“ya tenemos más nieve que el año pasado” resumió Villodas—, en Irrigación evitan conclusiones apresuradas. Restan alrededor de 40 días de temporada de nevadas y ese periodo puede modificar el balance hídrico anual. Por ende, si bien las perspectivas son mejores que las del año anterior, aún es demasiado temprano para afirmar que Mendoza tendrá un año hídrico normal o abundante.

En síntesis: las nevadas recientes constituyen una reserva hídrica valiosa que aumenta la probabilidad de contar con más agua en verano, pero la materialización de ese aporte depende del comportamiento de las precipitaciones restantes, del proceso gradual de deshielo y de la recuperación de los embalses.


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