Murió Carlos Rinke, héroe en Malvinas: fue uno de los temerarios pilotos protagonistas de arriesgados ataques a la flota inglesa
Era recordado por participar en arriesgadas misiones en la guerra del Atlántico Sur. Como piloto de A 4B, estuvo en el ataque a los buques Broadsword y Coventry y participó del ataque en Bahía Agradable. Falleció en Córdoba y tenía 70 años

Ese adolescente entusiasmado esperando ansioso que llegase la Semana del Aire y el Espacio que reunía en un solo lugar a aviones de distintos tipos y modelos, aquel que de chico armaba maquetas de aviones, que soñó en grande cuando el hombre llegó a la luna, y que terminó de deslumbrarse cuando vio por primera vez los recién adquiridos A 4B, acaba de cumplir su última misión.
El comodoro retirado veterano de la Guerra de Malvinas Carlos Alfredo Rinke, el “Numeral de Hierro”, piloto de A-4B Skyhawk del Grupo 5 de Caza que en 1982 participó en seis salidas de combate contra la flota británica y volvió de todas ellas, falleció a los 70 años mientras esperaba un trasplante de médula.
Descendiente de un bisabuelo alemán de Hamburgo, Rinke había nacido en la ciudad de Buenos Aires el 17 de febrero de 1956 y desde chico vivió en San Isidro. Tan entusiasmado quedó que, cursando el tercer año del secundario, quiso entrar a la Escuela de Aviación Militar y lo rebotaron porque no cumplía con la edad. Ingresó dos años después, con la idea de transformarse en piloto de caza. Se había recibido de oficial en 1979.
Cursó los cuatro años de cadete, durante los cuales los aviones se los veía de lejos. En 1978 se transformó en oficial y al año siguiente hizo el curso de piloto de caza en Mendoza con un Morane Saunier.
Cuando estalló la guerra, estaba en la V Brigada Aérea y combatió a bordo de un Douglas A-4B Skyhawk del Grupo 5 de Caza. Entonces, “el flaco Rinke” era un teniente de 26 años, casado con una hija muy chica y estaban esperando otra, que nacería en agosto.
Su bautismo de fuego fue el 1 de mayo y no lo recordaba como un gran día. Antes de llegar a la zona de blanco, la escuadrilla que integraba tuvo la mala suerte de cruzarse con un buque, que resultó ser el Formosa, al que atacaron. Participó en misiones los días 21, 23, 25 y 27 de mayo y 8 de junio.
Ferviente católico, antes de partir a una misión, tenía el hábito de rezar el Rosario.
El 23 de mayo, la escuadrilla Nene partió de la base de Río Gallegos para atacar blancos de ocasión. Ese día, que presentaba un cielo encapotado, el plan era que despegaran ocho pilotos ordenados en dos escuadrillas. Pero por problemas técnicos en algunas de las máquinas, se armó una sola conformada por el capitán Pablo Carballo, el primer teniente Luciano Guadagnini, el teniente Carlos Rinke y el alférez Hugo Gómez.
Volaban bajo, separados unos cincuenta metros cada uno. Enfilaron hacia el norte y cuando veían a la bahía de San Carlos a su derecha, se encontraron con varios buques enemigos. Los pilotos se repartieron los blancos: Carballo y Gómez se dirigieron al norte de la bahía y atacaron la fragata Antelope.
Carballo viró hacia el este y vio hacia el norte a la Antelope y por el sur a la Broadsword. Esta última, junto al Coventry tenía la misión de avisar al resto de la flota sobre algún ataque aéreo y guiar a los Sea Harrier. También disponían de misiles Sea Dart y Sea Wolf.
Guadagnini y Rinke enfilaron hacia la izquierda y la atacaron. Le arrojaron una bomba que no dio en el blanco.
Desde la Antelope, cuando distinguieron al avión de Guadagnini le abrieron fuego, y también desde tierra. Hicieron blanco en su ala derecha lo que provocó que su avión se inclinase de tal forma que pareció que se estrellaría en el agua. Sin embargo, el piloto logró enderezarlo y cuando trataba de salir impactó con el mástil de la nave y el avión, destrozado, cayó al mar. Seguidamente, dio en el blanco la bomba que había arrojado pero no explotó, alojándose en la cámara de suboficiales y matando a un camarero de 18 años.
Rinke evocaba especialmente la misión del 25 de mayo, cuando hundieron el destructor Coventry, en la que ningún avión había sido derribado y se logró hundir un buque.
Fue, además, uno de los pilotos que atacaron a la flota inglesa el 8 de junio en Bahía Agradable, que pasó a la historia como el mayor desastre británico en la guerra de Malvinas.
Ese martes integró la primera oleada de ataque. Por desperfectos técnicos, se conformó una sola escuadrilla con el primer teniente Carlos Cachón, el alférez Leonardo Carmona, el propio Rinke, el teniente Daniel Gálvez y el alférez Hugo Gómez.
Cachón fue el líder. En relatos posteriores, Rinke lo definió como un piloto muy prolijo. Junto con el primer teniente Mariano Velasco (que había impactado el Coventry el 25 de mayo), tenía un alto promedio de puntería.
8 de junio: ataque de la aviación argentina en Bahía Agradable, donde los británicos planeaban desembarcar
El día presentaba muy baja visibilidad, con mucha neblina. Volaban al ras del agua. Para ese piloto de 26 años era algo “muy lindo y desafiante” y no sentía el temor de lo que pudiera pasar.
Integraba una de las promociones más jóvenes que estaban combatiendo: dos tenían 25 años, otros dos 26 y uno 28.
Tuvieron dificultad en identificar a los buques enemigos, camuflados en la costa. En una de las pasadas, fue Gómez el que los avistó. La escuadrilla realizó un amplio viraje hacia la derecha para atacar.
Les llamó la atención no recibir fuego enemigo. Atacaron al Sir Galahad y al Sir Tristam: las bombas arrojadas por Cachón dieron en el blanco y las arrojadas por Rinke rebotaron en el agua y terminaron explotando en la costa. Luego regresaron, sin reaprovisionarse. Luego hubo una segunda oleada de ataque, con tintes dramáticos para los pilotos argentinos.
Después de Malvinas continuó su carrera. Su último destino fue en el Grupo 4 de Cazabombardeo en Mendoza, y había sido agregado aeronáutico adjunto en la embajada argentina en Estados Unidos entre 2001 y 2002.
En 2005, luego de más de treinta años de carrera, se había retirado como comodoro. Si bien durante toda su vida había sido piloto, pasaba su tiempo no en el aire sino bien pegado al agua, con un velero en el Lago San Roque.
Estaba casado con María Gabriela Fierro, fue padre de cinco hijos —María, Josefina, Tomás, Juan y Lucas—y tenía doce nietos.
No quiso volcarse a la escritura de lo que había vivido en Malvinas, aunque iba a escuelas a dar charlas y se prestaba a las conferencias.
Apodado durante la guerra “Numeral de Hierro” por su arrojo en el combate y por la seguridad que le brindaba a sus camaradas, repetía que “salir con un compañero y volver sin él… eso no se olvida”.
