Más del 60 por ciento de los niños de 8 años en Tucumán tiene celular propio

Casi dos de cada tres alumnos tucumanos de tercer grado de la escuela primaria, con una edad promedio de ocho años, ya cuentan con un teléfono celular propio, según datos del operativo Aprender 2024 difundidos por Argentinos por la Educación. El informe revela que Tucumán se ubica entre las provincias con mayor acceso temprano a estos dispositivos y reaviva el debate sobre las políticas para regular su utilización dentro de las instituciones educativas.
El estudio indica que alrededor del 63% de los estudiantes tucumanos de tercer grado posee un celular personal, una cifra que supera ampliamente el promedio nacional, situado en el 58,6%. Dentro del Noroeste Argentino (NOA), solo Catamarca registra un porcentaje mayor, con cerca del 67%, mientras que Tucumán ocupa el segundo lugar de la región. Detrás aparecen Jujuy, con aproximadamente un 59%; Salta, con el 55%; y Santiago del Estero, con alrededor del 49%. Entre las provincias con menor acceso también figuran Formosa y Misiones.
El relevamiento forma parte del informe «Celulares: ¿Prohibir o no prohibir?», elaborado por Andrea Goldin, investigadora del CONICET y de la Universidad Torcuato Di Tella, junto con Martín Nistal y Tomás Besada, de Argentinos por la Educación. Además de medir el acceso de los niños a teléfonos móviles, el trabajo analiza la evidencia científica internacional sobre las restricciones a su uso en las escuelas y compara las regulaciones adoptadas en distintos países y provincias argentinas.
Los investigadores destacan que el acceso a celulares es todavía mayor si se consideran los dispositivos compartidos dentro del hogar. A nivel nacional, otro 23% de los alumnos de tercer grado no dispone de un teléfono propio, pero utiliza el de alguno de sus padres u otros familiares. Como consecuencia, apenas el 18% de los niños de ocho años no tiene acceso a un celular.
El análisis también revisó investigaciones internacionales sobre el impacto de prohibir los teléfonos móviles en las escuelas. La principal conclusión es que las restricciones reducen el uso de los dispositivos y disminuyen las distracciones durante las clases, especialmente cuando los estudiantes no pueden acceder físicamente a ellos mientras permanecen en el establecimiento educativo.
No obstante, los autores advierten que la evidencia científica aún no permite afirmar de manera concluyente que esas prohibiciones mejoren el rendimiento académico. Mientras algunos estudios detectaron avances moderados, principalmente entre estudiantes con menores desempeños, otros no observaron diferencias significativas en los aprendizajes aun cuando las restricciones fueron estrictas.
El informe plantea además que eliminar el celular como fuente de distracción no garantiza que los alumnos concentren su atención en las actividades escolares, ya que pueden reemplazar esa distracción por otras conductas ajenas al proceso de aprendizaje.
En paralelo, la regulación del uso de celulares continúa expandiéndose a nivel mundial. De acuerdo con datos de la UNESCO citados en el estudio, la proporción de países que implementaron algún tipo de restricción pasó de menos de una cuarta parte en 2023 a cerca del 60% en 2026.
Las modalidades, sin embargo, son diferentes. Francia, Países Bajos y Chile adoptaron prohibiciones generales, mientras que Brasil, Finlandia y Dinamarca autorizan el uso exclusivamente con fines pedagógicos y bajo supervisión docente. En el Reino Unido, en cambio, cada establecimiento educativo fija sus propias normas.
Los especialistas sostienen que el principal desafío no pasa únicamente por restringir el uso de los teléfonos, sino por desarrollar estrategias pedagógicas que permitan enseñar a utilizarlos de manera responsable. En ese sentido, consideran que la discusión debe centrarse en definir cuál será el papel de las nuevas tecnologías dentro de la educación y no limitarse únicamente a decidir si los celulares deben permitirse o prohibirse.
