Madre a los 62 años: ¿hasta dónde puede (y debe) correrse el límite para tener un hijo?

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Hospital San Felipe, San Nicolás de los Arroyos, miércoles a la mañana. Después de una cesárea, un bebé de 2,750 kilos y una madre de 62 años que por primera vez tiene a su hijo en brazos.

Esa escena, que ya recorrió los diarios como noticia, es también el punto de partida de una pregunta más incómoda: ¿hasta dónde puede correrse el límite de edad para ser madre?

Lo que dijo Mabel

Antes de convertirse en un debate, el caso fue, para ella, algo mucho más simple. Así lo contó apenas después del parto, en diálogo con el diario El Norte:

“Nació hoy mi hijo David, 2 kilos 750. Estoy perfecta. Todavía no lo tengo conmigo porque se fue un ratito a Neo, pero es precioso, nació sano y bien”.

“Todo fue muy lindo. Tengo 62 años, es mi primer hijo, fue mediante fecundación in vitro, con el doctor Matías Colabianchi, de Rosario. Fue un embarazo perfecto, nació por cesárea… es precioso”.
No hay en sus palabras minguna justificación. Hay, sobre todo, el alivio de un deseo cumplido.

El límite biológico ya no es el óvulo

La menopausia marca el fin de la reserva natural de óvulos de una mujer. Hasta ahí, la biología manda.

Con óvulos donados esa barrera se corre.“Hasta donde sabemos, no existe un límite de edad biológica para la capacidad del útero de gestar”, sostiene el blog médico de The Center for Fertility and Gynecology, la clínica de Los Ángeles que dirigen los doctores Michael Vermesh y Tannaz Toloubeydokhti.

Es decir: el límite ya no lo pone el cuerpo, lo empieza a poner la tecnología disponible.

Eso no equivale a ausencia de riesgo. La misma clínica aclara que “diabetes, preeclampsia, parto prematuro y otras complicaciones son más frecuentes en madres mayores”.

Lo que dice la evidencia científica

Más allá de los blogs clínicos, hay literatura académica revisada sobre el tema. Un estudio publicado en 2017 en la International Journal of Women’s Health, firmado por las investigadoras canadienses Brittany J. Harrison, Tara N. Hilton, Raphaël N. Rivière, Zachary M. Ferraro y Mark C. Walker, de la Universidad de Ottawa, revisó 28 artículos científicos sobre embarazo posmenopáusico.

Su conclusión, en la propia publicación: con técnicas de reproducción asistida y óvulos donados, “una mujer de edad materna avanzada, por lo demás sana, puede llevar a término un embarazo con un perfil de riesgo similar al de mujeres más jóvenes”.

La clave, según ese trabajo, no es la edad en sí, sino el control médico exhaustivo previo y durante la gestación.

Otros casos que marcaron precedente

El de Mabel no es el primero que genera cobertura y controversia a la vez:

-Lina Álvarez, médica jubilada gallega, fue madre a los 62 años en 2016 mediante FIV con óvulo donado. Su caso lo cubrió BBC Mundo. Álvarez respondió así a las críticas: “La naturaleza es sabia y es la que establece los límites, no los ginecólogos”.
-Annegret Raunigk, profesora alemana, tuvo cuatrillizos a los 65 años en 2015, en un tratamiento realizado en Ucrania.
-Erramatti Mangayamma, en India, fue madre de mellizas a los 74 años en 2019, el caso de mayor edad documentado hasta ahora.
-Una pareja británica de 63 y 65 años tuvo un hijo por gestación subrogada; un año después, los servicios sociales le retiraron la custodia del bebé por “aparente insuficiente bienestar” en el hogar, según reportó La Vanguardia.

Ese último caso es el que más se cita cuando el debate se traslada del consultorio médico a la Justicia: la edad de los padres, ahí, dejó de ser solo un dato clínico.

El riesgo médico, sin vueltas

Los especialistas coinciden en que un embarazo después de los 50 o 60 años eleva el riesgo de:

-Diabetes gestacional
-Preeclampsia
-Parto prematuro
-Necesidad de cesárea

La doctora Raelia Lew, directora médica de Women’s Health Melbourne y especialista certificada en fertilidad (CREI) por el Royal Australian and New Zealand College of Obstetricians and Gynaecologists, describió el protocolo que aplica en casos de mujeres mayores de 45 años: evaluaciones preconcepcionales exhaustivas, controles cardíacos y revisión por un especialista en Medicina Materno-Fetal, antes de avanzar con cualquier tratamiento.

Sobre el debate ético, la misma médica fue directa: “¿Cómo afrontarán estos padres las exigentes y constantes necesidades de su bebé, niño y, posteriormente, adolescente? ¿Sobrevivirán para ver a su hijo convertirse en adulto?”. Pero también matizó: “No debemos olvidar la profundidad de este dolor. La Organización Mundial de la Salud reconoce el derecho a la fertilidad como un derecho humano fundamental. Esta definición no tiene límite de edad”.

Lo que dice (y no dice) la ley

En Argentina no existe un límite de edad legal para acceder a tratamientos de fertilidad. Tampoco lo hay en la mayoría de los países donde se registraron estos casos.

Distinto es el panorama en otros lugares: Francia prohibió en los años 90 el embarazo posmenopáusico, e Italia restringió el acceso a tratamientos para mujeres mayores de 50. Reino Unido, en cambio, eliminó sus límites de edad para FIV en 2005. España no tiene un tope legal, pero el código de autorregulación de los especialistas en reproducción asistida lo fija, de manera orientativa, en 50 años.

La Sociedad Americana de Medicina Reproductiva (ASRM) recomienda no ofrecer óvulos donados a mujeres mayores de 55, pero es una guía, no una ley.

El debate que sigue abierto

Más allá de lo médico, el debate de fondo es otro: ¿hasta qué edad es “aceptable” ser madre?

Las posturas se dividen en dos ejes:

-Quienes ponen el foco en el niño: la preocupación de que los padres no puedan acompañarlo en su crecimiento, o no lleguen a verlo adulto.
-Quienes ponen el foco en el derecho a la maternidad: la OMS reconoce el acceso a tratamientos de fertilidad como un derecho, sin fijar un tope de edad.

Una encuesta en Australia mostró ese mismo empate: más de la mitad de los consultados aceptaba que una mujer posmenopáusica usara sus propios óvulos, pero el apoyo bajaba a menos del 40% cuando se trataba de óvulos donados.

La asimetría con la paternidad tardía

Hay un contraste que rara vez se menciona: la paternidad a edad avanzada genera mucho menos revuelo. Hay varios ejemplos, no hace falta ir muy lejos.

Jorge Macri, por caso, fue padre de Vito, su hijo con María Belén Ludueña, a los 60 años. El nacimiento, el 30 de abril pasado, se instaló como una noticia de color, sin el cuestionamiento médico o ético que sí reciben las madres mayores.

Más extremo es el caso de Eduardo Costantini, que a los 79 años espera su segundo hijo con Elina Fernández. La noticia se difundió como un anuncio íntimo y celebratorio, sin el debate sobre riesgos ni sobre “quién va a criar a ese chico” que sí atraviesa a Mabel esta semana.

Algo similar, a nivel internacional, pasó con Cameron Díaz, que a los 53 habló públicamente de su tercer embarazo como una decisión sin culpa: “la idea de envejecer ha cambiado muchísimo, incluso en la última década”, dijo en el podcast de Gwyneth Paltrow.

La pregunta que queda flotando: ¿el debate es sobre la edad para ser padres, o sobre quién puede envejecer teniendo hijos sin que se lo cuestionen? /TN


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