Lo que la neurociencia dice sobre la succión en bebés y el lamido en perros
Ambos comparten un mecanismo mamífero prácticamente idéntico. La oxitocina induce calma y vínculo, mientras las endorfinas actúan como analgésicos naturales.

Aunque un bebé humano y un perro parezcan mundos opuestos, desde la neurobiología y la evolución del comportamiento comparten un mecanismo mamífero prácticamente idéntico: la succión. La ciencia ha estudiado a fondo el acto -en el caso de los animales también el lamido/mordisqueo- en ambos organismos.
Hay un efecto tranquilizante para las dos especies en el acto mecánico y repetitivo de succionar o lamer estimula receptores nerviosos en la boca. Esas señales son enviadas directamente al cerebro (al hipotálamo y la hipófisis) donde se liberan procesos clave:
– Oxitocina: Coloquialmente se la conoce como la «hormona del apego». Cuando es liberada, induce una sensación inmediata de calma, seguridad y vínculo. En el bebé, fortalece el lazo con la madre/cuidador; en el perro, promueve la calma y la conexión con su entorno o guía.
– Endorfinas: Son analgésicos y tranquilizantes naturales producidos por el propio cuerpo. Cuando se liberan reducen la percepción de dolor físico (como la dentición en los bebés) y reducen el malestar emocional.
– Baja el estrés: Estudios en neurociencia infantil y comportamiento canino han medido los niveles de cortisol (la hormona del estrés) en sangre y saliva antes y después de estas actividades. ¿Qué pasó en cada caso? En el bebé, la succión no nutritiva (chupete, dedo o mamadera) activa el sistema nervioso parasimpático, desacelerando el ritmo cardíaco y bajando la presión arterial. En el perro: El hábito de morder juguetes aptos, succionar mantas o lamer alfombras de olfato (lick mats) produce exactamente la misma respuesta parasimpática. Un perro estresado, ansioso o hiperactivo baja sus pulsaciones y se autorregula a través de la boca.
