“Le di clonazepam para que se muera”: escalofriante confesión de la santiagueña con problemas mentales que mató a su hija

CONMOCION. Familiares, amigos y vecinos de la familia afectada por el triste suceso se agolparon en la vivienda donde se consumó el filicidio
Departamento de Homicidios y Delitos Complejos.
Los peritos ingresaron a la vivienda ubicada en el barrio Palermo, una propiedad amplia sobre calle Irigoyen que pertenece a la familia Russo-Tula, reconocida en el ámbito educativo. En el interior hallaron elementos que serían claves para la investigación: dos blíster de clonazepam, un vaso con restos de jugo y otro con una sustancia marrón que se presume era yogur, además de objetos personales de la niña con manchas rojizas.
El informe preliminar del médico policial Diego Costillas indicó que el cuerpo de Daiana se encontraba en posición de cúbito dorsal, con rigidez cadavérica completa y una data de muerte estimada entre seis y ocho horas antes del hallazgo. No se observaron signos de violencia externa, pero los investigadores esperan los resultados de la autopsia para determinar si la causa del deceso fue una sobredosis o asfixia mecánica.

Durante las pericias, la acusada mantuvo una actitud distante y repetía frases incoherentes. “¿Y? Es mi hija”, respondió en tono desafiante al ser consultada por los fiscales, incluso llegó a imitar con las manos el gesto de asfixia. Por orden de la doctora Saavedra, fue trasladada a la Alcaidía de Mujeres para ser examinada por un psiquiatra forense, quien deberá establecer si comprendía la criminalidad de sus actos.
Los antecedentes médicos revelan que María de los Ángeles padecía esquizofrenia y había abandonado el tratamiento hace dos años. Su familia había intentado internarla en varias ocasiones, pero ella se negaba a recibir ayuda. “Vivíamos con miedo. No dormíamos de noche porque decía que escuchaba voces”, relató entre lágrimas su madre, Estella Tula Peralta, ingeniera jubilada.
El entorno familiar confirmó que la relación entre madre e hija era cada vez más conflictiva. La sospechosa mostraba episodios de violencia y aislamiento, especialmente después de la separación de su pareja, el padre de Daiana, quien se había mudado a Ushuaia.
Los vecinos del barrio no salen de su asombro. La niña era conocida por su simpatía y dedicación en la escuela Santiago Apóstol, donde recientemente había jurado la bandera y se preparaba para recibir su primera comunión. “Era una nena alegre, siempre sonriente. La vimos anoche con su abuelo, nos dijo que estaba contenta porque pronto iba a comulgar”, contó una vecina, quebrada por la emoción.
El caso, bajo la órbita de la Unidad Fiscal de Violencia de Género e Intrafamiliar, será analizado por una junta médica que determinará las causas precisas de la muerte. Mientras tanto, la habitación donde ocurrió el crimen permanece sellada y bajo custodia policial.
En medio del dolor, los abuelos de Daiana —visiblemente devastados— exigen respuestas y justicia. “Le pedimos ayuda y nadie nos escuchó. Ahora ya es tarde”, lamentó el abuelo, con la voz entrecortada, frente a una escena que la ciudad de La Banda no podrá olvidar fácilmente.
