La ruta más increíble de Argentina: 270 curvas y un bosque prehistórico congelado en el tiempo

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Una ruta que asciende por la cordillera invita a conectar con el lado más aventurero para averigüar las maravillas de la Reserva Natural Villavicencio.

   28 de junio de 2026

Reserva Natural Villavicencio y Ruta 52.
Reserva Natural Villavicencio y Ruta 52. Imagen: Destino Montaña

Hay un camino tan fascinante como vertiginoso que guardan las montañas hacia su interior. Allí donde el precipicio se asoma entre las ruedas de los vehículos se abre uno de los paisajes más espectaculares de la Argentina. Curvas y contracurvas, de izquierda a derecha, cada vez que se avanza el viajero se sumerge más en el corazón de la cordillera, donde las elevaciones se configuran en un manto desdibujado en sus picos y de puntas redondeadas. El sol ilumina los resquicios, pintando de color el increíble Camino de los Caracoles.

El recorrido hasta Uspallata desde la Reserva Natural de Villavicencio hace elevar a los turistas en un trayecto de zigzag que permite acceder a los tesoros mejor guardados del oeste. Guanacos cruzan impasibles en la ruta de ripio, mientras los zorritos se escabullen hacia los costados y el majestuoso cóndor andino sobrevuela sus dominios. Así también se avanza por yacimientos mineros a 2.600 metros sobre el nivel del mar y, más adelante, el itinerario se abre paso por el célebre bosque de araucarias fósiles. Esta ruta de Mendoza promete una aventura por los intersticios más increíbles del país.

Entre el mito colonial y los paisajes de Tolkien

Este tramo de cornisa, que se extiende por 25 kilómetros, arrastra su propia mística. Popularmente conocido como el «Camino de las 365 Curvas» o «Camino del Año», los guardaparques de la zona revelan con una sonrisa que en realidad son 270 los giros que desafían la gravedad. Más allá de las matemáticas, este sinuoso trazado supo ser una arteria clave en la época colonial, uniendo los puertos de Buenos Aires y Valparaíso. Hoy, transformado en un santuario natural de 72.000 hectáreas en el departamento de Las Heras, el entorno impacta a mendocinos y extranjeros por igual, regalando postales que parecen extraídas de una historia de J. R. R. Tolkien.

El punto de partida —o de llegada, según cómo se encare la travesía— resguarda otro ícono imborrable de la memoria argentina: el Hotel Villavicencio. Declarado Monumento Histórico Nacional en 2013, su fachada sigue siendo el emblema indiscutido de las etiquetas de agua mineral. A partir de allí, el recorrido se vuelve escarpado y angosto. Los primeros 15 kilómetros exigen máxima precaución al volante, y los expertos recomiendan evitar la travesía ante pronósticos de nieve o lluvias, ya que la calzada puede transformarse en una trampa peligrosa.

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