La Plaza de Mayo despide al Indio Solari con música, llanto, abrazos y pogo: “Hoy se murió el poeta de mi vida”

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Sin esperar anuncios oficiales, una multitud intergeneracional de fanáticos se autoconvocó en el corazón cívico del país para brindar el último adiós al mítico líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Postales de una jornada histórica marcada por el dolor y la vigencia de sus canciones.

El dolor colectivo por la muerte de Carlos “Indio” Solari se tradujo de forma inmediata en una movilización espontánea en el epicentro de la historia política y social argentina. Según informó Infobae, la Plaza de Mayo se transformó este viernes en el escenario de una masiva e improvisada «Misa Ricotera», donde miles de personas se congregaron con banderas, remeras, llantos y abrazos para despedir al máximo ícono del rock nacional.

En el mismo lugar donde Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota brindaron su último concierto en la Ciudad de Buenos Aires en el año 2000, la fisonomía urbana se vio alterada por una marea de seguidores de todas las edades. No hubo pantallas, oradores ni anuncios institucionales; la jornada se sostuvo exclusivamente sobre los parlantes que reproducían la voz del cantante y el canto unánime de la multitud. «Donde hay dolor, habrá canciones», rezaba una línea escrita con tiza por un artista callejero sobre las baldosas de la plaza, sintetizando el espíritu del homenaje.

Postales de una devoción intergeneracional

La convocatoria borró cualquier distinción de edad o procedencia, uniendo en un mismo sentimiento a históricos seguidores de la banda con las nuevas generaciones:

  • Militancia escolar: Augusto y Byron, ambos de 15 años, viajaron desde Pacheco tras ausentarse de la escuela sin aviso. Aprendieron las letras a través de sus padres y definieron la obra de Solari como algo inigualable dentro de la música actual.
  • El rocanrol de los abuelos: En las inmediaciones de la Pirámide de Mayo, grupos de jubiladas bailaron al ritmo de «Mi perro dinamita». Entre ellas, Susana, una arquitecta vecina de Núñez, recordó que su fanatismo nació en su juventud y fue transmitido sucesivamente a sus hermanos, hijos y nietos.
  • El pogo de la supervivencia: Claudio, un repartidor de delivery de 54 años, encadenó su bicicleta a las vallas para sumarse al pogo masivo de «Jijiji», el histórico himno editado en el álbum Oktubre. «Seguí al Indio y a Skay por todos lados. Conocí mi país siguiéndolos. Hoy se murió el poeta de mi vida», expresó visiblemente conmovido.

Un mito popular que trasciende las aulas y las oficinas

A medida que avanzaba la tarde, la plaza continuó nutriéndose de personas que llegaban directamente desde las bocas de subte y los transportes públicos tras finalizar sus jornadas laborales. Es el caso de Jazmín, una trabajadora de 36 años que viajó desde Avellaneda exhibiendo sus tatuajes alusivos a los conciertos que presenció en Tandil, La Plata, Olavarría, Salta y Gualeguaychú. “La plaza se está llenando de gente porque eso es lo que pasa con los mitos populares”, analizó.

A lo largo de la movilización, el repertorio ricotero funcionó como una banda sonora permanente. Clásicos como “Un ángel para tu soledad”, “Todo preso es político”, “La bestia pop”, “Nadie es perfecto”, “Preso en mi ciudad” y “El arte del buen comer” fueron coreados por la multitud, demostrando que ante la conmoción por la partida física del artista, su obra permanece arraigada en el corazón de la cultura popular argentina.


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