Japón pudo hacer historia pero Brasil lo dio vuelta en el último minuto y pasó a octavos de final

Vinicius y sus compañeros festejan la victoria de Brasil ante Japón.
El desahogo de Neymar, el de sus compañeros en el banco de suplentes y el del cuerpo técnico del imperturbable Carlo Ancelotti fue merecido y para nada exagerado. Brasil fue muchísimo más que un tibio Japón, que tuvo la oportunidad de hacer historia en Houston. Pero los asiáticos no se animaron a perderle el respeto al rival, a soñar en grande. El destino los puso en ventaja, aunque jamás lograron desprenderse de la veneración al pentacampeón del mundo.
Pasito a pasito y minuto a minuto, se fueron metiendo atrás para dejar crecer a un gigante al que no le sobran argumentos. Sin brillar y con la mano exacta del técnico italiano, los sudamericanos inevitablemente encontraron el empate y, en el minuto final, Gabriel Martinelli marcó el 2-1 para avanzar a octavos de final y enviarle un mensaje al resto. Brasil está de pie. Y habrá que pisarlo cuando se tenga la oportunidad: el que lo respeta demasiado se vuelve a casa.
Como si fuese una burla del destino, con orden y progreso, tal como reza la bandera de Brasil, se impuso Japón en la primera parte. Jugó a una recuperación y el pleno fue fenomenal. Desde ahí hay que entender la ventaja con la que llegó al descanso. También desde la falta de creatividad de los dirigidos por Carlo Ancelotti, que no encontraron la manera de romper la muralla japonesa.
No hay nada librado al azar en el fútbol actual. Aun cuando se apuesta a la improvisación de los futbolistas ofensivos, se diagraman caminos. Todo está maquetado y hay que empezar a preguntarse si este estudio exhaustivo no terminará por volverlo aburrido dentro de algunos años. Por ahora sigue siendo apasionante, pero el margen de error es cada vez más pequeño. Lo que ocurre es que la destreza individual se encuentra en el nivel más alto de la historia: Kaishu Sano anticipó un pase a Danilo en la mitad de la cancha y, en apenas 6 segundos, convirtió el 1-0 para los nipones después de dejar en el camino al lento Casemiro. Un golazo en una ráfaga. Así es el fú
