“Incapaz de pedir perdón»: habló la hermana de la mujer asesinada en el country y desarmó la fachada del «esposo perfecto»

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Ante una sala colmada, la hermana de Mercedes Kvedaras brindó el testimonio más esperado del proceso contra José Figueroa.

El clima habitual de la Sala 1 de Juicios se transformó por completo este martes cuando María del Rosario Kvedaras se sentó frente al micrófono. No fue una audiencia más; se trataba de uno de los testimonios más urgentes y esperados en el proceso por el femicidio de su hermana, Mercedes Kvedaras, asesinada a manos de su marido, José Figueroa.

Desde las primeras horas de la mañana, la tensión se sentía en cada rincón del tribunal. En el interior, con una capacidad colmada y un silencio absoluto, las amigas de Mercedes custodiaban la escena cargando una flor en sus manos. Mientras tanto, en las rejas exteriores del Palacio de Justicia, los ramos de flores naturales y los retratos de Mercedes daban forma a un altar improvisado.

Cuando Rosario comenzó a declarar, la sala se sumergió en una quietud profunda. La mujer, que al momento del crimen residía en España, no regresó solo para cumplir con una formalidad procesal; su presencia fue un acto de restitución. Con firmeza y dolor, Rosario tomó la palabra para devolverle la voz a Mercedes y desarmar, paso a paso, la imagen del hombre que hoy ocupa el banquillo de los acusados.

El pedido de justicia

La hermana de Mercedes no titubeó al definir por qué estaba sentada frente al tribunal. «Mi interés en la causa es que José Figueroa se haga cargo de sus actos, que tres niños puedan crecer sabiendo que las consecuencias de haber quitado la vida de una persona son grandísimas«, sentenció con firmeza.

Para ella, el juicio representa la posibilidad de recuperar la paz arrebatada: «Que esta sociedad finalmente deje de justificar el arrebatarle la vida a otra persona. No existe nada que lo justifique… ni género, clase social, un color de piel que le quite gravedad». Sobre el acusado, fue tajante: «Él tiene que pagar por lo que hizo. Es su consecuencia, es el camino que él eligió».

La sombra de la manipulación

Rosario describió a Figueroa como un «psicópata», un «encantador de serpientes» y un «lobo con piel de cordero que por afuera superficialmente parece encantador… pero adentro de su casa agredía verbalmente». Según su testimonio, Figueroa anulaba a Mercedes psicológicamente, haciéndole creer que sin su poder económico ella no podría subsistir.

Afirmó que Figueroa no tuvo ningún «freno emocional» para asesinar a Mercedes porque ella, al decidir separarse, amenazaba la imagen de «familia perfecta» que él tanto se esmeraba en proyectar. Lo definió como una persona con «falta de empatía, falta de remordimiento» y alguien que tiene «odio en su corazón».

Aseguró que cuando Mercedes lograba juntar fuerzas, Figueroa activaba mecanismos de victimización: «Se victimizaba, le daba lástima… le decía que ahora iba a tratarla como una reina». Mercedes, atrapada entre «la culpa, la pena de lastimarlo y su falta de autoestima», dilataba la decisión final.

El «despertar» de Mercedes y los mensajes de auxilio

A finales de 2022, Mercedes comenzó un proceso de introspección. En noviembre de ese año escribió a Rosario: “Mi cuerpo está hablando y se siente muy incómodo… Siento que va a llegar el momento de soltar”. Se describía a sí misma como alguien que había estado «anestesiada mucho tiempo».

Mercedes buscaba desesperadamente independencia laboral para romper el control económico: «Necesito dar el salto laboral… no aguantaba un año más». Además, Rosario descubrió que su hermana escribía «decretos» y anotaciones de agradecimiento; uno de estos fue encontrado por una perito en la parte de adentro de la funda de su celular.

La violencia normalizada

Rosario detalló incidentes que Mercedes había minimizado por vergüenza. La humillación pública era otra herramienta de control. Rosario recordó cómo Figueroa la vigilaba en el gimnasio, o cómo «le abrió la botella de agua y se la vació en la cabeza». En otra ocasión, «le tiró la salsa de soja en la cara».

Pero la agresión escaló a lo físico. Rosario recordó un episodio donde Figueroa, en un ataque de celos, «se lo rompió y le agarró el cuello… me dijo: ’Tuve mucho miedo, me apretó re fuerte’». Además, Figueroa atacaba su autoestima con apodos degradantes porque él tenía «pánico a que ella se sienta linda».

Un grito que se grabó en el corazón

El calvario incluyó episodios donde la violencia obligó a Mercedes a huir. El 29 de julio de 2023, Mercedes llamó a Rosario sumida en una crisis de nervios: «Me tuve que ir de mi casa, loco… me empezó a insultar delante de los chicos». Mercedes deambulaba en su vehículo por San Lorenzo, sintiéndose perseguida.

A pesar de este miedo, Mercedes había comunicado su determinación irrevocable: «Ya finalmente se tomó la decisión de separarse y les quería contar a todos». Esta vez, Mercedes se sentía firme, afirmando que «ya no estoy acá».

Rosario relató la angustia del 4 de agosto de 2023. La noticia llegó a través de su madre a las 11:55 de la mañana: «Recibo el llamado de mi mamá… lo único que hace es darme un grito desgarrador diciéndome que no, que a mi hija la mató… fue algo que se me grabó en el corazón«.

Cruce con la defensa

El momento de mayor tensión ocurrió cuando el abogado Juan Casabella Dávalos tomó la palabra. Rosario sostuvo su postura con fuerza, recordando su indignación previa ante la estrategia de la defensa. Hacia el final, se refirió a la nula empatía del acusado: «Jota no es capaz de pedir perdón. Nos está haciendo vivir una película de terror».

El cierre de su testimonio fue un acto de memoria sobre quién era Mercedes: «Ella tenía muchas ganas de vivir. Estaba en su mejor momento, trabajando mucho en ella, reconstruyéndose».


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