Histórica foto del Mercado del Sud, inaugurado en 1896, donde hoy está el Palacio de Tribunales

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El Mercado del Sud.

Mucho antes de los supermercados y los grandes centros comerciales, el corazón comercial de San Miguel de Tucumán latía en el histórico Mercado del Sud. Las obras comenzaron en 1892 durante el gobierno de Próspero García, aunque quedaron paralizadas. Finalmente fueron retomadas por el intendente Zenón Santillán y el mercado abrió sus puertas en 1896, ocupando la manzana comprendida entre General Paz, 9 de Julio, Lamadrid y la actual Plaza Humberto I°.

Con una superficie cercana a los 9.000 metros cuadrados, amplias galerías y numerosos locales, se convirtió rápidamente en uno de los principales centros de abastecimiento de la ciudad. Allí llegaban frutas, verduras y mercaderías desde distintos puntos de Tucumán y del país, transportadas en carros, carruajes, mulas y, más tarde, en los primeros camiones, explica en una publicación el creador digital Mauricio Lamontanaro.

«Desde las cuatro de la mañana comenzaba el movimiento. Bajo la tenue luz de los faroles, productores, comerciantes y compradores daban vida a un escenario único que marcó a generaciones enteras de tucumanos», señaló.

Explicó que durante casi cuatro décadas fue símbolo de trabajo, progreso y encuentro. Sin embargo, el crecimiento de la ciudad, los problemas de higiene y el intenso movimiento de personas, animales y mercaderías llevaron a las autoridades a tomar una importante decisión. En 1934, el Mercado del Sud fue trasladado a una nueva ubicación en La Ciudadela, donde pasó a llamarse Mercado Central de Abasto».

El antiguo predio fue liberado para la construcción del futuro Palacio de Tribunales, uno de los edificios más emblemáticos de Tucumán.

«Hoy, las viejas fotografías nos recuerdan mucho más que un edificio desaparecido. Nos hablan de miles de hombres y mujeres que, cuando la ciudad aún dormía, ya trabajaban para abastecerla y hacerla crecer. Porque el Mercado del Sud no fue solamente un mercado: fue uno de los motores del desarrollo de San Miguel de Tucumán y una pieza fundamental de nuestra memoria colectiva», reflexionó Lamontanaro.


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