Estudio mundial revela que Tucumán es una de las 6 ciudades argentinas donde el cambio climático hace perder más horas de sueño por el calor
Un mapa global ilustra el promedio anual de horas de sueño perdidas por el calor en 1.338 ciudades del mundo entre 2020 y 2025, según datos de Climate Central. (Imagen Ilustrativa Infobae)

San Miguel de Tucumán aparece entre las ciudades argentinas más afectadas por el impacto del calor nocturno sobre el descanso, según un estudio mundial realizado por Climate Central en más de 1.300 ciudades. El informe concluyó que los tucumanos pierden, en promedio, 39 horas de sueño por año debido a las altas temperaturas durante la noche, una cifra que ubica a la capital provincial sólo por detrás del Área Metropolitana de Buenos Aires entre las localidades argentinas analizadas.
Las consecuencias del cambio climático ya no se limitan a las olas de calor, las sequías o los fenómenos meteorológicos extremos. Un nuevo estudio internacional advierte que el aumento sostenido de las temperaturas también está afectando uno de los aspectos más importantes para la salud: el descanso. Dormir bien se está convirtiendo en un desafío cada vez mayor para millones de personas en todo el planeta, especialmente durante las noches de verano, cuando el calor permanece incluso después de la puesta del sol.
El informe fue elaborado por Climate Central, una organización científica dedicada al análisis del cambio climático, y tomó como base datos recopilados entre 2020 y 2025 en 1.338 ciudades de todo el mundo. Los investigadores estimaron cuántas horas de sueño pierde una persona promedio debido a las elevadas temperaturas nocturnas y qué porcentaje de esa pérdida puede atribuirse directamente al calentamiento global provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero.
Los resultados muestran un panorama preocupante. A nivel global, cada habitante perdió casi 56 horas de sueño por año debido al calor durante la noche. De ese total, más de seis horas anuales fueron consecuencia directa del cambio climático generado por la actividad humana. Los especialistas advierten que esa cifra continuará aumentando si las temperaturas globales siguen incrementándose en las próximas décadas.
En ese escenario aparece San Miguel de Tucumán como una de las ciudades argentinas más afectadas. El estudio determinó que sus habitantes pierden 39 horas de sueño por año debido a las altas temperaturas nocturnas y que cuatro de esas horas son consecuencia directa del calentamiento global. El dato ubica a la capital tucumana en el segundo lugar del ranking nacional, sólo superada por el Área Metropolitana de Buenos Aires.
La investigación incluyó únicamente seis ciudades argentinas. Buenos Aires encabeza la lista con 44 horas de sueño perdidas por año, seguida por San Miguel de Tucumán, con 39. Más atrás aparecen Rosario, con 38 horas; Córdoba y Mar del Plata, con 34 horas cada una; y Salta, con 27 horas anuales.
Los científicos explican que el sueño depende en gran medida de la capacidad del organismo para disminuir su temperatura corporal durante la noche. Cuando el ambiente permanece demasiado cálido, ese mecanismo natural se altera y resulta mucho más difícil alcanzar un descanso profundo y reparador. El resultado es una combinación de despertares frecuentes, menor cantidad de horas dormidas y una calidad del sueño significativamente inferior.

Las consecuencias van mucho más allá del cansancio del día siguiente. Numerosas investigaciones relacionan la falta de descanso con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes, trastornos metabólicos, debilitamiento del sistema inmunológico, problemas de salud mental, ansiedad, depresión y deterioro de la memoria y la concentración. También disminuye el rendimiento laboral y académico, aumenta la fatiga y se incrementa la posibilidad de sufrir accidentes.
El informe advierte que el problema golpea con mayor fuerza a determinados sectores de la población. Los adultos mayores, los niños pequeños, las mujeres embarazadas, las personas con enfermedades crónicas y quienes viven en condiciones socioeconómicas más vulnerables presentan mayores dificultades para enfrentar las noches de calor intenso.
Otro factor que agrava la situación es el denominado efecto «isla de calor urbana». En las grandes ciudades, el cemento, el asfalto y la escasa presencia de vegetación hacen que el calor acumulado durante el día se libere lentamente durante la noche, manteniendo temperaturas considerablemente superiores a las registradas en áreas rurales. Esa situación se combina con un acceso desigual al aire acondicionado, por lo que miles de familias deben soportar noches sofocantes sin posibilidad de refrigerar sus viviendas.
En América Latina, algunas ciudades registraron cifras todavía más elevadas. Barranquilla, en Colombia, y Acapulco, en México, alcanzaron alrededor de 93 horas de sueño perdidas por año, mientras que otras localidades tropicales superaron ampliamente las 80 horas anuales, reflejando cómo el impacto del calentamiento global es mucho más severo en regiones cálidas y húmedas.
Para elaborar el estudio, los especialistas compararon las temperaturas nocturnas realmente registradas entre 2020 y 2025 con un escenario hipotético en el que no existiera el calentamiento global provocado por la contaminación y las emisiones de carbono. Esa metodología permitió determinar qué parte de la pérdida de sueño responde exclusivamente al cambio climático. El resultado mostró que, desde comienzos de la década de 1970, las horas de sueño perdidas por este motivo al menos se duplicaron en prácticamente todas las ciudades analizadas.
Los autores sostienen que dormir mal ya no debe considerarse únicamente una molestia propia de los días calurosos, sino un problema creciente de salud pública. A medida que aumentan las temperaturas y las noches tropicales se vuelven más frecuentes, millones de personas verán deteriorada su calidad de vida si no se adoptan medidas para reducir las emisiones, ampliar los espacios verdes urbanos y mejorar la adaptación de las ciudades frente al cambio climático.
Para Tucumán, el informe constituye una señal de alerta. Si bien la provincia no figura entre las regiones más cálidas del continente, los datos muestran que el aumento sostenido de las temperaturas nocturnas ya está teniendo efectos concretos sobre la salud y el descanso de su población, una tendencia que podría profundizarse durante los próximos años si el calentamiento global continúa avanzando.
