El ocaso del dinero en efectivo: crecen los pagos con QR y las compras online y se profundizan las desigualdades

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TRANSFORMACION DESIGUAL. La desaparición del dinero en efectivo agiliza las transacciones, pero complica hábitos como la propina y la vida cotidiana en el interior profundo del país, donde aún dependen del cada vez más escaso papel moneda.

Los hábitos de consumo en la Argentina atraviesan una transformación que está modificando la manera de comprar, pagar y administrar el dinero. Las billeteras virtuales, las transferencias mediante códigos QR y el comercio electrónico ganan terreno frente al efectivo y las operaciones presenciales. Sin embargo, mientras millones de consumidores incorporan estas herramientas digitales, la reducción de los billetes en circulación plantea nuevos problemas de acceso al dinero, especialmente en las provincias del norte del país.

Un informe del Observatorio Denaria reveló que el efectivo disponible en manos del público, medido en términos reales, se redujo un 58% desde enero de 2017. Durante ese período, el dinero físico pasó de representar el 5,9% de la economía al 2,4% del Producto Bruto Interno (PBI), según los datos correspondientes al segundo trimestre de 2026.

La caída también se refleja en la cantidad de billetes. En agosto circulaban 5.776,8 millones de unidades, un 25,6% menos que un año antes y prácticamente la mitad del volumen registrado en diciembre de 2024.

Parte de esa disminución responde al reemplazo de billetes de baja denominación por los de $10.000 y $20.000. No obstante, el relevamiento advirtió que cuatro de cada diez billetes todavía tienen un valor inferior a $1.000, con una capacidad de compra cada vez más limitada.

El economista Eduardo Robinson sostuvo que el desplazamiento del efectivo constituye una tendencia estructural del sistema de pagos argentino.

“El dinero electrónico es una tendencia que llegó para quedarse; el efectivo ya no se usa en las transacciones cotidianas”, afirmó.

El fenómeno se observa incluso en actividades tradicionalmente vinculadas con el manejo de billetes, como la gastronomía.

Gustavo, un trabajador con más de tres décadas de experiencia en el sector, explicó que las propinas también cambiaron. Mientras algunos empleados solicitan transferencias a sus cuentas personales, otros mantienen recipientes para recibir dinero en efectivo, aunque cada vez son menos los clientes que utilizan esa modalidad.

Las estadísticas del Banco Central confirman la expansión de los medios electrónicos. Durante agosto se realizaron 118,3 millones de pagos con transferencia interoperables, un incremento interanual del 65,6%.

El monto total alcanzó los $ 3 billones, con un crecimiento real del 60,4% respecto del mismo período del año anterior.

De esas operaciones, el 99,1% se inició mediante códigos QR. En términos concretos, fueron 117,2 millones de pagos por aproximadamente $ 2,9 billones.

El informe también mostró que el 52,7% de las operaciones fue realizado desde cuentas bancarias tradicionales, mientras que el 47,3% restante se originó en cuentas de pago asociadas principalmente con billeteras virtuales.

Actualmente, el Banco Central registra 92 billeteras digitales interoperables y 67 empresas o plataformas habilitadas para aceptar pagos con transferencia.

La expansión de estas herramientas coincide con una disminución sostenida de las extracciones de dinero en cajeros automáticos.

En julio se registraron 41 millones de operaciones de retiro de efectivo, un 28,3% menos que un año antes y el segundo nivel más bajo de la serie histórica.

Por cada extracción de dinero se realizaron 21,8 pagos mediante transferencias. En enero de 2017, la relación era completamente diferente: se efectuaban 12 extracciones por cada pago electrónico de ese tipo.

La transformación también alcanza a las tarjetas de débito. Durante julio contabilizaron 172 millones de operaciones, con una caída interanual del 8,4% en cantidad y del 14,2% en montos ajustados por inflación.

En paralelo, los consumidores muestran una preferencia creciente por realizar compras a través de plataformas digitales.

Según la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE), durante el primer semestre de 2026 la facturación del sector aumentó un 28% interanual, mientras que la cantidad de pedidos creció un 21% y las unidades comercializadas avanzaron un 22%.

En ese período se concretaron 181,5 millones de órdenes de compra y se vendieron 248 millones de productos, con un ticket promedio de $ 107.597.

Los alimentos y bebidas encabezaron las ventas por cantidad de unidades, seguidos por herramientas y materiales de construcción y artículos de cuidado personal.

Sin embargo, el crecimiento del comercio electrónico no alcanza necesariamente para compensar la retracción del consumo en los negocios tradicionales.

Gustavo Sambucetti, director institucional de la CACE, explicó que las ventas online representan aproximadamente el 8% del consumo privado de productos en la Argentina.

Por esa razón, señaló que el incremento de las operaciones digitales tendría que ser considerablemente mayor que la caída del comercio físico para neutralizar sus efectos sobre la actividad económica general.

A este escenario se suma el crecimiento de las compras realizadas en plataformas internacionales.

Las importaciones mediante servicios de courier pasaron de U$S 239 millones en 2024 a U$S 894 millones durante 2025. En 2026, el movimiento se estabilizó en torno a los U$S 115 millones y U$S 120 millones mensuales.

Mientras el comercio electrónico avanza, especialistas advierten que la desaparición progresiva del efectivo puede profundizar las dificultades de acceso a servicios financieros en localidades rurales.

El Observatorio Denaria identificó regiones consideradas “desiertos de efectivo”, donde los habitantes deben recorrer distancias importantes para encontrar cajeros automáticos u otros puntos de extracción.

Santiago del Estero presenta la situación más crítica del país: el 57,8% de sus localidades se encuentra a 15 kilómetros o más de un punto de acceso al efectivo, una condición que afecta a 110.065 personas.

En Jujuy, el problema alcanza al 34,5% de las localidades, con 11.638 habitantes afectados. En Catamarca, la proporción llega al 33,1%, equivalente a 19.560 personas.

Salta también registra dificultades significativas: el 25,8% de sus localidades presenta problemas de acceso al dinero físico, con 62.028 habitantes comprendidos en esa situación.

En conjunto, el Noroeste Argentino reúne 405 localidades y 309.895 habitantes que viven a más de diez kilómetros de un punto de acceso al efectivo, según el relevamiento.

La situación llevó a la Plataforma Denaria Argentina a reclamar una legislación que garantice el derecho de los consumidores a utilizar billetes en sus compras.

Antonio Montero, director ejecutivo de la organización, advirtió que la expansión obligatoria de los pagos electrónicos podría perjudicar a sectores de la población que carecen de conectividad, dispositivos adecuados o acceso al sistema financiero.

“Forzar la desaparición del billete en un país con brechas de conectividad e informalidad estructural es una forma de exclusión”, sostuvo.

El informe también relacionó los cambios en los hábitos de consumo con el deterioro de las expectativas económicas.

Una encuesta realizada en septiembre por AtlasIntel y Bloomberg, sobre 2.067 personas, reveló que el 71% de los consultados consideraba mala la situación económica nacional y el 75% tenía una evaluación negativa del mercado laboral.

Además, el 60% calificó desfavorablemente la economía de su hogar.

Las perspectivas para los próximos seis meses tampoco resultaron alentadoras: el 55% anticipó un empeoramiento de la economía argentina, el 57% pronosticó un deterioro del empleo y el 48% consideró que su situación familiar podría agravarse.

Estos indicadores muestran que la digitalización de las operaciones comerciales avanza en un contexto de dificultades económicas para buena parte de la población.

La expansión de las billeteras virtuales y las compras por internet representa un cambio estructural en el mercado argentino, pero también plantea desafíos relacionados con la inclusión financiera, la conectividad y la protección de los consumidores.

El principal interrogante es cómo garantizar que la modernización de los sistemas de pago no termine restringiendo las posibilidades de compra de quienes todavía dependen del efectivo, especialmente en las localidades más alejadas de los grandes centros urbanos.


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