El museo privado de Tucumán que guarda 5.000 botellas de vino y la historia de cada una
«El Vasquito» en su museo. José María Mariezcurrena conoce la historia de cada botella.
Un museo privado que reúne unas 5.000 botellas de vino salió a la luz en Tucumán después de que su propietario, conocido como “El Vasquito” Mariezcurrena, publicara un libro en el que relata cómo nació y creció una pasión cultivada durante décadas.
La colección ocupa un espacio especialmente acondicionado y sorprende no solamente por su volumen. Mariezcurrena conoce la historia de cada botella: recuerda cómo llegó a sus manos, el momento en que fue incorporada y el significado que adquirió dentro de un recorrido personal estrechamente ligado a la cultura vitivinícola.
Lo que comenzó como un interés particular terminó transformándose, con el paso de los años, en un verdadero archivo de la memoria del vino. Las etiquetas, los envases y las distintas épocas representadas convierten al conjunto en mucho más que una acumulación de piezas.
Cada ejemplar funciona como el testimonio de un tiempo, una bodega, una región o una experiencia. En los estantes conviven botellas conservadas por su procedencia, su antigüedad, su diseño o por el valor afectivo que tienen para el dueño de casa.
La existencia del museo se conoció a partir de la publicación del libro de Mariezcurrena. La obra permitió ordenar y compartir los orígenes de una afición sostenida durante buena parte de su vida, además de abrir una puerta hacia un espacio que hasta ahora permanecía prácticamente fuera de la mirada pública.
El propietario no pretende desprenderse de la colección ni convertirla en una explotación comercial. Su objetivo es preservar el conjunto y lograr que el lugar pueda consolidarse como un ámbito cultural y de encuentro para quienes se interesan por el vino, sus historias y el patrimonio construido alrededor de esta actividad.
En ese sentido, el museo plantea una experiencia diferente de la que ofrecen una cava o un comercio. El eje no está puesto en la venta ni en el consumo, sino en la conservación de las botellas como objetos capaces de contar historias y reflejar cambios producidos a través de los años.
La dimensión de la colección también expone la constancia necesaria para construirla. Reunir 5.000 botellas demandó tiempo, dedicación y un trabajo continuo de clasificación y cuidado, acompañado por el conocimiento que Mariezcurrena acumuló sobre cada pieza.
Así, uno de los secretos mejor guardados de Tucumán comienza a hacerse conocido. Detrás de las miles de botellas aparece la historia de un coleccionista que transformó una pasión personal en un patrimonio singular, pensado para conservar recuerdos y compartirlos.

