El Gobierno rechaza “nivelar la cancha” antes de abrir la economía y defiende la liberalización comercial

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Desde el oficialismo libertario aseguran que la apertura no debe postergarse a la baja de impuestos y sostienen que el comercio es una vía para mejorar ingresos y competitividad, en respuesta a los cuestionamientos de sectores industriales.

El titular de la UIA, Martín Rappallini, considera que es necesaria una reducción de impuestos previa a la apertura de importaciones.

El Gobierno volvió a salir al cruce de las críticas empresarias por la apertura económica y reafirmó que no considera necesario reducir previamente la carga impositiva para avanzar con una mayor liberalización del comercio. La postura fue expuesta por el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, quien calificó como “erróneo” el planteo de esperar a “nivelar la cancha” antes de fomentar las importaciones, una demanda reiterada por sectores de la industria.

El debate se reavivó luego de episodios recientes que pusieron el foco en el impacto de las importaciones, como la polémica por los caños de Techint, el cierre de locales de indumentaria y la propuesta presentada por la Unión Industrial Argentina (UIA) para atenuar los efectos de la competencia externa en actividades sensibles. En ese contexto, Sturzenegger utilizó sus redes sociales para responder a los argumentos que, según señaló, emplean economistas, periodistas y entidades empresarias para cuestionar la apertura.

“Hoy voy a comentar sobre uno de los argumentos que usan los economistas, periodistas, el empresariado (la UIA, por ejemplo) para cuestionar la apertura de la economía: el que no se puede abrir la economía porque Argentina sufre un diferencial de costos, primordialmente producto de sus impuestos, que hace imposible una competencia con la cancha nivelada. Esta idea, por más plausible que parezca, en mi opinión está equivocada”, afirmó el funcionario.

De acuerdo con el ministro, el concepto de “cancha desnivelada” parte de la premisa de que primero deberían reducirse los impuestos y el gasto público para recién después avanzar en la apertura comercial. Sin embargo, sostuvo que ese razonamiento no es correcto y que suele utilizarse como una forma de postergar cambios estructurales. “Pienso que es una salida cómoda (…) suena plausible, y es una buena manera de patear los cambios”, expresó.

Para fundamentar su postura, Sturzenegger recurrió a la teoría del economista David Ricardo, quien a comienzos del siglo XIX planteó que las diferencias de productividad entre países no impiden el comercio, sino que pueden hacerlo conveniente. Según explicó, las sociedades difieren por múltiples factores —desde infraestructura y tecnología hasta calidad del capital o condiciones institucionales— y aun así el intercambio permite que cada una se especialice en aquello en lo que es relativamente más eficiente.

En ese sentido, remarcó que incluso las economías con menores niveles de productividad pueden beneficiarse del comercio exterior al concentrar recursos en actividades donde tienen ventajas relativas. “De hecho, son las economías con menor productividad las que más tienen para ganar del comercio”, señaló.

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