El “desierto” que se llena de agua en Brasil y parece una ilusión

Un desierto que se llena de agua dulce y parece de otro planeta. En el noreste de Brasil, entre el océano Atlántico y la vegetación tropical, existe un paisaje tan impactante que desafía la idea clásica de playa o desierto: Lençóis Maranhenses. Se trata de una inmensa extensión de dunas de arena blanca que, durante varios meses al año, se transforma en un mosaico de lagunas turquesas, formando uno de los escenarios naturales más asombrosos del mundo.
Ubicado en la costa del estado de Maranhão, Lençóis Maranhenses ocupa unos 1.500 km² y no tiene principio ni final a la vista. Los vientos costeros modelan dunas que pueden alcanzar hasta 30 metros de altura, creando crestas que recuerdan a olas congeladas. Entre ellas, tras la temporada de lluvias, el agua queda atrapada sobre una base impermeable y da lugar a cientos de piletas naturales de agua dulce, cristalina y temporaria.

Lejos de ser un desierto vacío, el parque es un punto de encuentro entre ecosistemas opuestos. De un lado, el verde intenso del interior brasileño; del otro, el azul profundo del Atlántico. Esa combinación explica por qué caminar por Lençóis —muchas veces descalzo— es parte esencial de la experiencia: el silencio, la escala del paisaje y el contraste de colores hacen sentir al visitante pequeño frente a la naturaleza.

En 2024, este entorno único fue declarado Patrimonio Mundial de la Unesco, lo que potenció aún más su fama internacional. Ese mismo año recibió más de 550.000 visitantes, una cifra récord que siguió creciendo. Muchos de ellos recorren zonas emblemáticas como Lagoa Bonita o atraviesan el parque a pie durante varios días, durmiendo en comunidades locales y finalizando en Atins, un pueblo costero muy elegido por viajeros y amantes del kitesurf.

La principal puerta de entrada al parque es Barreirinhas, desde donde parten excursiones y travesías hacia las dunas. Para quienes viajan desde Argentina, la ruta más habitual es volar a São Luís —capital del estado— y luego continuar por tierra.
La mejor época para conocer estas “playas” sin mar es entre mayo y agosto, cuando las lagunas están llenas y el paisaje alcanza su máximo esplendor. En esos meses, Lençóis Maranhenses deja claro por qué parece una obra de ficción hecha real: un desierto que, contra toda lógica, se convierte en un paraíso acuático.

