El crecimiento urbano sin la debida planificación es lo que elevó el riesgo de inundaciones en el Gran Tucumán
DESPROPORCION. Un sistema hídrico diseñado décadas atrás no puede soportar el mayor caudal generado por la urbanización. de sectores en los que antes, el suelo absorbía buena parte de las abundantes precipitaciones estivales.
El sistema de desagües del Gran Tucumán opera habitualmente cerca o incluso por encima de su capacidad y enfrenta una creciente presión por la expansión urbana, la impermeabilización del suelo y una infraestructura hidráulica diseñada para una realidad territorial que dejó de existir hace décadas. El Canal Sur aparece como uno de los puntos más comprometidos de una red que deberá afrontar una nueva temporada de lluvias y un posible evento de El Niño de elevada intensidad.
El diagnóstico fue planteado por Hugo Roger Paz, doctor, magíster e ingeniero civil y autor del libro “Las inundaciones en Tucumán. Claves técnicas para entender un problema territorial complejo”, quien sostiene que los recurrentes anegamientos de San Miguel de Tucumán y Yerba Buena no pueden atribuirse exclusivamente a lluvias extraordinarias.
Para el especialista, la intensidad de una precipitación resulta tan determinante como su volumen. Una lluvia de 50 milímetros distribuida durante 24 horas, ejemplificó, genera una respuesta hidrológica diferente de la misma cantidad concentrada en apenas una hora.
Durante 2026 se registraron precipitaciones importantes después de un período prolongado de sequía. Según Paz, ese contraste contribuyó a que algunas tormentas fueran percibidas como excepcionales, pese a que varias se mantuvieron dentro de rangos hidrológicos de ocurrencia habitual.
El problema central comienza cuando el agua llega a una superficie urbana profundamente modificada. La red de drenaje metropolitano recibe los caudales originados en el piedemonte de la Sierra de San Javier. Canales como el Caínzo captan parte de esa escorrentía, que atraviesa Yerba Buena, continúa por el Canal Yerba Buena y, aprovechando la pendiente natural del terreno, desemboca finalmente en el Canal Sur.
Esta infraestructura fue concebida bajo condiciones muy distintas. El Canal Sur fue proyectado durante la década de 1960 y habilitado en la década siguiente, cuando buena parte de su cuenca estaba ocupada por quintas, cultivos y terrenos permeables capaces de absorber una proporción significativa de las precipitaciones.
La urbanización de Yerba Buena y del piedemonte alteró ese equilibrio. Calles, viviendas, pavimentos y otras superficies impermeables redujeron la capacidad de infiltración del terreno. Como consecuencia, una mayor cantidad de agua escurre superficialmente y llega con más rapidez a los canales.
Paz identifica tres problemas simultáneos en el Canal Sur. El primero es estructural: sus dimensiones fueron calculadas para una cuenca sustancialmente diferente de la actual. El segundo está relacionado con la cantidad de agua que recibe, ya que concentra aportes del Canal Yerba Buena, el Canal Norte y el sistema de drenaje pluvial urbano.
El tercer factor corresponde a los obstáculos y restricciones que reducen la capacidad de conducción. Vegetación, sedimentos y residuos afectan el escurrimiento, pero a ellos se suman estructuras cuya sección resulta insuficiente para determinados caudales. Entre los puntos críticos se encuentran algunos puentes y alcantarillas, con especial atención sobre el cruce del Canal Sur con avenida Roca.
Modelaciones hidráulicas bidimensionales realizadas recientemente sobre el Canal Sur reforzaron ese diagnóstico. Los estudios fueron desarrollados dentro de un Proyecto Final de la carrera de Ingeniería Civil de la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología de la Universidad Nacional de Tucumán (Facet-UNT), bajo la dirección de Paz, y determinaron que la red trabaja normalmente cerca o por encima de su capacidad.
El especialista considera insuficiente explicar las inundaciones únicamente por precipitaciones extraordinarias o por la acumulación de basura. A su criterio, el análisis debe concentrarse en la diferencia entre las características de la cuenca para la cual fueron diseñados los desagües y las condiciones actuales del territorio. En esa ecuación, la lluvia funciona como desencadenante, mientras que la infraestructura y la ocupación urbana determinan la magnitud de las consecuencias.
Los efectos son especialmente visibles en el sur de San Miguel de Tucumán. Precipitaciones relativamente frecuentes pueden provocar interrupciones del tránsito, desbordes sobre los cordones, ingreso de agua a viviendas y otras alteraciones en el funcionamiento de la ciudad.
El diagnóstico también advierte sobre la naturalización de estos episodios tanto desde el punto de vista social como institucional. Que amplios sectores urbanos queden afectados ante lluvias ordinarias, sostiene el análisis, no debería considerarse una consecuencia inevitable de las condiciones meteorológicas, sino un indicador de las limitaciones funcionales del drenaje existente.
Por ese motivo, el especialista plantea que la limpieza periódica de canales, aunque necesaria, no resulta suficiente. El problema requiere intervenciones estructurales, ampliaciones y un rediseño de la infraestructura acorde con la urbanización que actualmente presenta el área metropolitana.
El escenario adquiere mayor relevancia frente a las perspectivas meteorológicas asociadas con El Niño. Paz aclaró que la expresión “Súper Niño”, utilizada habitualmente para describir episodios especialmente intensos, no corresponde a una clasificación técnica oficial. Los organismos meteorológicos e hidrológicos internacionales establecen categorías que van desde eventos débiles hasta muy fuertes.
Según los análisis citados por el especialista, existe una alta probabilidad de que el próximo episodio alcance la categoría de “muy fuerte”. De concretarse ese escenario, un sistema de drenaje que ya funciona próximo a sus límites frente a tormentas habituales quedaría sometido a una exigencia considerablemente mayor.
La situación del Canal Sur expone así un problema que excede a un cauce determinado. Desde el piedemonte y el Canal Caínzo hasta el Canal Yerba Buena y su desembocadura en el sistema metropolitano, el recorrido del agua atraviesa un territorio que se urbanizó a mayor velocidad que su infraestructura hidráulica. El desafío, según el diagnóstico técnico, pasa por adaptar la planificación y las obras a esa nueva configuración para reducir el impacto de futuras inundaciones.

