Dengue en Argentina: advierten que el fenómeno de El Niño puede disparar otra epidemia durante el verano
La llegada de una nueva temporada de lluvias, acompañada por las condiciones climáticas asociadas al fenómeno de El Niño, encendió las alertas sanitarias ante la posibilidad de un incremento de los casos de dengue en Argentina durante el verano 2026-2027. Los especialistas advirtieron que las precipitaciones abundantes y las temperaturas elevadas podrían favorecer la reproducción del mosquito Aedes aegypti, aunque aclararon que todavía no existen elementos suficientes para anticipar una epidemia similar a la registrada entre 2023 y 2024.
El infectólogo Tomás Orduna, exjefe del Servicio de Medicina Tropical y Medicina del Viajero del Hospital Francisco J. Muñiz, explicó que la evolución de la enfermedad dependerá de múltiples factores ambientales y epidemiológicos, por lo que consideró prematuro realizar pronósticos definitivos.
“Nadie tiene la capacidad de decir qué cosa se va a cumplir con respecto al dengue, tanto los que pronostican una epidemia como un pequeño brote, o los que plantean que no va a haber ningún problema”, señaló.
Las proyecciones climáticas mencionadas en el informe anticipan que El Niño podría presentar una fase atmosférica intensa, con precipitaciones superiores a las habituales en diferentes regiones del país, especialmente en la Cuenca del Plata, Cuyo y sectores de los Andes norpatagónicos.
El Litoral y el Nordeste aparecen entre las regiones donde las lluvias podrían tener mayor impacto, con posibilidades de que esas condiciones se extiendan hacia el centro del país y el Área Metropolitana de Buenos Aires.
Este escenario coincide con el comienzo del período de mayor actividad del Aedes aegypti, mosquito responsable de transmitir el dengue y otras enfermedades virales, como el zika y la chikungunya.
En Misiones, la temporada del vector suele comenzar durante octubre, mientras que en el AMBA su presencia aumenta principalmente entre noviembre y diciembre.
La combinación de temperaturas favorables y acumulación de agua en recipientes podría acelerar el desarrollo de los mosquitos y aumentar las posibilidades de circulación viral.
Sin embargo, Orduna planteó una particularidad que podría modificar el comportamiento habitual del vector: las lluvias extremadamente intensas también pueden destruir determinados criaderos.
El especialista explicó que el Aedes aegypti necesita agua estancada para completar su ciclo reproductivo. Sus huevos pueden permanecer adheridos a las paredes de recipientes secos hasta que entran en contacto con el agua.
Cuando las condiciones de temperatura y humedad son adecuadas, las larvas se desarrollan hasta convertirse en mosquitos adultos.
En el AMBA, ese proceso suele demandar entre 12 y 13 días, mientras que en Misiones y otras regiones cálidas puede completarse en apenas nueve o diez jornadas.
No obstante, una precipitación extraordinaria puede provocar el desborde de los recipientes y arrastrar huevos, larvas o pupas, interrumpiendo su desarrollo.
“Las mismas lluvias abundantes que multiplican los lugares capaces de acumular agua pueden, si son suficientemente intensas, desbordar o lavar determinados criaderos y arrastrar estados inmaduros del mosquito”, explicó Orduna.
Por ese motivo, una temporada particularmente lluviosa no necesariamente se traduce en un aumento proporcional de la población de mosquitos.
El resultado dependerá de la intensidad de las precipitaciones, la temperatura, la distribución de las lluvias y, fundamentalmente, de la cantidad de agua que permanezca acumulada después de cada tormenta.
De todas maneras, el infectólogo aclaró que este posible efecto no convierte a El Niño en un fenómeno protector frente al dengue.
La persistencia de recipientes con agua estancada en patios, jardines, terrazas y espacios públicos continúa representando una condición favorable para la reproducción del vector.
Orduna también recordó que durante las dos últimas temporadas se registró una circulación reducida del dengue y una presencia relativamente baja de mosquitos.
Aunque consideró llamativa esa situación, sostuvo que todavía no existen evidencias suficientes para atribuirla a una combinación determinada de temperaturas y precipitaciones.
La evolución del dengue, explicó, responde a un fenómeno multicausal en el que intervienen tanto las condiciones ambientales como la circulación del virus y la susceptibilidad de la población.
A diferencia del brote de 2023-2024, Argentina cuenta actualmente con una mayor disponibilidad de vacunas contra la enfermedad.
Sin embargo, los datos muestran que la cobertura todavía es limitada y que una proporción de quienes iniciaron la inmunización no completó el esquema recomendado.
El infectólogo Pablo Bonvehí, director del área de Infectología del CEMIC y referente de Vacunar, estimó que entre los sistemas público y privado se administraron alrededor de dos millones de dosis contra el dengue.
La vacuna requiere dos aplicaciones separadas por un intervalo mínimo de tres meses para completar el esquema.
Según explicó Bonvehí, no todas las personas regresan para recibir la segunda dosis, una situación que puede reducir la protección esperada.
Como ejemplo, señaló que Vacunar administró 244.940 dosis a 150.793 personas. De acuerdo con los registros de la institución, aproximadamente el 20% de los vacunados recibió una sola aplicación.
Por su parte, el Ministerio de Salud de la Nación informó que desde 2024 distribuyó 303.180 dosis entre distintas provincias.
De ese total, 97.000 correspondieron a 2024, otras 63.000 a 2025 y 143.180 fueron enviadas durante 2026.
La estrategia nacional se concentró en once jurisdicciones consideradas con potencial epidémico: Catamarca, Chaco, Córdoba, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones, Salta, Santa Fe y Santiago del Estero.
Además de las partidas distribuidas por Nación, varias jurisdicciones adquirieron vacunas con recursos propios.
Entre ellas se encuentra Tucumán, junto con Catamarca, San Luis, Santa Fe, Corrientes, Córdoba, la Ciudad de Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires.
De acuerdo con los datos oficiales citados en el informe, el Registro Federal de Vacunación Nominalizado (NOMIVAC) contabilizaba 1.671.930 dosis administradas entre los sectores público y privado.
Si todas esas aplicaciones correspondieran a esquemas completos de dos dosis, representarían aproximadamente 835.965 personas vacunadas.
Sin embargo, la cifra real resulta difícil de establecer debido a que existen personas que recibieron una sola aplicación y también demoras o inconsistencias en la carga de información.
A esto se suma que el laboratorio responsable de comercializar la vacuna en Argentina había entregado alrededor de 2,4 millones de dosis, una cantidad suficiente para completar la inmunización de 1,2 millones de personas.
La diferencia entre las dosis entregadas y las registradas como aplicadas podría explicarse tanto por vacunas todavía disponibles como por aplicaciones que no fueron incorporadas oportunamente al sistema nacional.
Las estimaciones indican que menos de un millón de argentinos habría completado la vacunación, aunque no existe una cifra definitiva que permita establecer con precisión la cobertura alcanzada.
En el sector privado, el costo aproximado del esquema completo de dos dosis ronda los $300.000, sin considerar los descuentos que puedan ofrecer las coberturas médicas.
En cuanto a la eficacia de la inmunización, los especialistas destacaron que la vacuna constituye una herramienta importante para disminuir el riesgo de cuadros graves y hospitalizaciones.
Uno de los principales estudios internacionales, denominado TIDES, realizó un seguimiento de hasta siete años en niños y adolescentes de entre cuatro y dieciséis años.
Sus resultados mostraron una protección sostenida superior al 80% frente a las hospitalizaciones por dengue, considerando el conjunto de los serotipos y períodos de seguimiento de cuatro a cinco años.
No obstante, los investigadores señalaron que todavía existen aspectos que requieren mayor información, especialmente sobre la protección específica frente a los serotipos 3 y 4 en personas que nunca habían tenido la enfermedad antes de vacunarse.
Esta diferencia resulta relevante porque el dengue puede ser provocado por cuatro serotipos virales y las reinfecciones pueden incrementar el riesgo de desarrollar manifestaciones graves.
Además, numerosos estudios indican que una proporción considerable de las personas infectadas atraviesa la enfermedad sin presentar síntomas.
Esto significa que algunos pacientes pueden haber tenido dengue sin saberlo y enfrentar posteriormente una nueva infección.
Las autoridades sanitarias recomiendan la vacunación de la población elegible, de entre cuatro y 59 años, en las jurisdicciones y grupos contemplados por las estrategias de inmunización.
Sin embargo, los especialistas insistieron en que la vacuna no reemplaza las medidas destinadas a controlar la presencia del mosquito.
La principal herramienta preventiva continúa siendo la eliminación de recipientes capaces de acumular agua.
El descacharrado debe incluir patios, jardines, terrazas, canaletas y cualquier espacio donde puedan permanecer baldes, botellas, neumáticos, macetas u otros objetos que funcionen como criaderos.
También se recomienda limpiar y cepillar los recipientes para desprender los huevos que pueden quedar adheridos a sus paredes, además de utilizar repelentes y ropa holgada que cubra brazos y piernas cuando existe exposición a mosquitos.
Orduna advirtió que estas medidas también resultan fundamentales para prevenir la chikungunya, otra enfermedad transmitida por el Aedes aegypti para la cual no existe una vacuna disponible en Argentina.
El especialista consideró necesario que las campañas sanitarias vuelvan a concentrarse en la eliminación de criaderos antes de que se consolide la temporada de mayor actividad del mosquito.
La advertencia se produce después de dos períodos de relativa tranquilidad epidemiológica, durante los cuales la circulación del dengue fue considerablemente menor que en la epidemia de 2023-2024.
Aunque hacia fines de septiembre los informes epidemiológicos señalaban la interrupción de la transmisión viral autóctona sostenida en Argentina, el dengue continúa circulando en países vecinos.
Esta situación mantiene abierta la posibilidad de que se registren nuevos casos importados y, si existen mosquitos infectantes y condiciones ambientales favorables, vuelva a establecerse la transmisión local.
Frente a un verano que podría presentar lluvias frecuentes y temperaturas adecuadas para el desarrollo del vector, los especialistas coincidieron en que no es posible anticipar la magnitud de un eventual brote.
La prioridad sanitaria, remarcaron, debe centrarse en reforzar la vigilancia epidemiológica, ampliar la protección mediante la vacunación y sostener las tareas de prevención en los hogares y espacios públicos.
La experiencia de las temporadas anteriores demuestra que el dengue puede reaparecer cuando se combinan la circulación viral, la presencia del mosquito y las condiciones ambientales apropiadas. Por eso, más allá de las incertidumbres sobre el impacto de El Niño, la eliminación de criaderos antes de las lluvias constituye una de las medidas más importantes para reducir el riesgo de transmisión.

