Convierten residuos de los ingenios y de la citricultura en alimento para peces

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Un equipo del PROIMI-CONICET trabaja en la transformación de residuos y subproductos agroindustriales en microproteínas destinadas a la alimentación acuícola, un desarrollo que apunta a reducir los costos de producción de especies como el pacú y, al mismo tiempo, a darle un destino a efluentes que hoy representan un problema ambiental en la provincia.

Convierten residuos de los ingenios y de la citricultura en alimento para peces

Alejandro Ezequiel Figueroa, licenciado en Ciencias Biológicas y becario doctoral del PROIMI CONICET, explicó los alcances del proyecto en una entrevista concedida al programa La Mañana en Marcha, que se emite por LV7 Radio Tucumán con la conducción de Marcelo Caferro.

El investigador detalló que el trabajo consiste en utilizar hongos de importancia económica, entre ellos el que se emplea en la elaboración del queso roquefort, y cultivarlos sobre desechos de la agroindustria. Entre los sustratos que utilizan mencionó el suero, los efluentes cítricos y la vinaza. A partir de ese cultivo se produce biomasa, que luego se analiza para determinar su composición de proteínas y lípidos y evaluar si resulta apta como alimento para peces.

La elección de esos dos efluentes, precisó el becario doctoral, responde a su peso específico en Tucumán: la vinaza es un subproducto de la actividad azucarera y los residuos cítricos provienen de la otra gran industria de la provincia. En ambos casos, el destino de esos desechos constituye un problema ambiental sin resolver.

El objetivo productivo apunta a abaratar la cría de especies de valor comercial. El licenciado en Ciencias Biológicas señaló que el alimento representa una porción importante del costo por kilo de producción de peces como el pacú, y que un insumo obtenido a partir de residuos permitiría reducir ese gasto.

El proyecto se encuentra en su tercer año y actualmente atraviesa la etapa de producción de biomasa para realizar las pruebas de alimentación. Esos ensayos se harán primero a escala de laboratorio, en el marco de un convenio con San Luis, y en caso de arrojar resultados favorables se avanzará hacia una escala mayor. En paralelo, el equipo evalúa otros usos posibles para los efluentes una vez procesados, entre ellos el fertirriego.

«Esto es ciencia desde Tucumán para el mundo», señaló Figueroa al cierre de la entrevista.


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