Con el agua en retirada, los vecinos de La Madrid enfrentan las pérdidas

El agua comenzó a retirarse de las calles y cerca del 80% de los vecinos intenta regresar a sus casas. El panorama que dejó la inundación es de barro, objetos destruidos y pérdidas casi totales.
El agua comenzó a retirarse lentamente de las calles de La Madrid y los vecinos regresan a sus casas para enfrentar las consecuencias de una inundación histórica que dejó a la localidad bajo agua. Cerca del 80% de la población intenta retomar la rutina, aunque el panorama que dejó el desastre anticipa una recuperación larga y difícil.
Las viviendas quedaron cubiertas de barro y repletas de objetos inutilizados: muebles arruinados, electrodomésticos destrozados, ropa embarrada y recuerdos familiares convertidos en restos irreconocibles. En muchas paredes quedó marcada la altura que alcanzó el agua, mientras que en patios y rejas todavía cuelgan juguetes o muñecas de trapo que señalan hasta dónde llegó la inundación.
El impacto alcanzó a todo el pueblo. Ninguna casa se salvó y tampoco las capillas ni la iglesia. En las calles de ripio también quedaron animales muertos que la corriente arrastró durante los días más duros de la catástrofe.
Con el agua en retirada, las familias trabajan contra reloj para limpiar sus viviendas. El objetivo inmediato es retirar el barro antes de que se endurezca y realizar tareas de desinfección, ya que los pozos de baño se rebalsaron tras permanecer cubiertos por casi dos metros de agua durante varios días.
Para muchos vecinos, volver a sus casas significó encontrarse con escenas devastadoras. Dener Pérez, por ejemplo, encontró su barbería destruida. “Tenía todo nuevo”, dijo al ver que el sillón de corte, los puff, las máquinas y los muebles habían quedado arruinados. El local, ubicado a pocos metros de la plaza, llevaba apenas dos meses funcionando.
Pérez había pasado dos noches en la ruta junto a otros vecinos y decidió regresar el jueves, cuando el agua todavía superaba el metro de altura. Frente a lo poco que quedó en pie dentro del negocio, repite una preocupación compartida por muchos en el pueblo: “me preocupa recuperar las cosas”.
La situación fue similar para Daniel Alberto Morán, que volvió a su casa con su familia y encontró todo tirado. “Nada para rescatar”, resumió. En su vivienda también funcionaba un pequeño taller de motos y el agua arruinó herramientas y equipos, algunos de los cuales quedaron inutilizados y otros directamente convertidos en chatarra.
Morán recordó que en 2017 el pueblo ya había sufrido una inundación, pero aseguró que esta fue aún peor. “Esta inundación fue la mayor de todas”, afirmó.
En otras casas, el barro se convirtió en el principal enemigo. Andrés Morán había intentado proteger sus pertenencias colocándolas en los lugares más altos antes de evacuar, pero la altura del agua superó incluso esas precauciones.
Durante la madrugada permaneció alerta con una linterna por rumores de saqueos que circulaban entre los vecinos. En la oscuridad, a lo largo de unos 200 metros, se escuchaban silbidos que iban y venían entre el agua y las sombras.
Algunos habitantes también denunciaron robos en medio de la emergencia. A Antonio Pérez le sustrajeron una garrafa y un televisor durante las primeras horas del viernes. “Violaron un candado que tengo”, contó mientras retiraba el barro de su casa con una pala.
Intentó proteger sus pertenencias levantando la heladera sobre la mesa del comedor, pero la inundación superó esa altura. “La cama y el colchón están desintegrados. Totalmente”, relató.
Entre el barro, las pérdidas materiales y los recuerdos arruinados, la tristeza, la impotencia y la bronca se repiten en cada vivienda. Aun así, los vecinos de La Madrid comenzaron a limpiar, ordenar y reconstruir lo que quedó, en el primer paso para volver a levantarse.
