Cada vez más jubilados vuelven a trabajar: ya son más de 450 mil y crece el monotributo
Un informe oficial revela un fuerte aumento de adultos mayores que siguen activos. La mayoría lo hace como monotributista.

En medio del deterioro del poder adquisitivo, crece con fuerza un fenómeno que expone la crisis previsional en Argentina: cada vez más jubilados vuelven al mercado laboral. Según datos de la Seguridad Social, a diciembre de 2025 ya había 453.186 jubilados que trabajan y realizan aportes, una cifra que marca un incremento sostenido en los últimos años.
Un crecimiento sostenido en el tiempo
Los registros muestran una tendencia clara: en 2010 eran 176.153 los jubilados activos, en 2015 subieron a 275.431 y en 2023 alcanzaron los 368.458. En apenas una década, el aumento fue del 65%, con un salto del 23% en los últimos dos años, lo que refleja el impacto de la situación económica sobre los ingresos de los adultos mayores.
El monotributo, la vía más utilizada
El dato más significativo es que más de la mitad de estos jubilados trabajan como monotributistas. Actualmente, 229.833 personas están inscriptas bajo este régimen, muy por encima de otras modalidades como el empleo en relación de dependencia o el trabajo autónomo.
Este crecimiento responde, por un lado, a la flexibilización laboral y, por otro, a la continuidad de actividades profesionales tras la jubilación. Sin embargo, también deja en evidencia un cambio en la calidad del empleo.
Más informalidad y desigualdad
A pesar del aumento del trabajo registrado, el panorama es aún más complejo: se estima que más de 600.000 jubilados trabajan en la informalidad, superando a quienes lo hacen en blanco. En total, la tasa de actividad en edad jubilatoria ronda el 18%, lo que equivale a más de un millón de personas.
Además, persisten brechas estructurales: hay el doble de varones que mujeres trabajando en esta etapa y la mayor actividad se concentra en los sectores de menores ingresos, donde predominan empleos precarios y de baja calificación.
Haberes que no alcanzan
El principal motor de este fenómeno es económico. Los ingresos jubilatorios siguen por debajo del costo de vida, lo que obliga a muchos adultos mayores a buscar una fuente adicional de dinero. Actualmente, la jubilación mínima ronda los $380.389 más un bono de $70.000, cifras que resultan insuficientes frente a la inflación.
La legislación permite que los jubilados trabajen y aporten al sistema, aunque esos aportes no impactan en una mejora del haber, ya que se destinan al Fondo Nacional de Empleo.
Entre la elección y la necesidad
Especialistas coinciden en que mantenerse activo puede ser positivo, pero advierten sobre el trasfondo del fenómeno. «Cuando trabajar deja de ser una elección y pasa a ser una necesidad, el impacto es negativo», señalan.
En ese contexto, el crecimiento de jubilados que siguen trabajando ya no se interpreta como una señal de integración laboral, sino como un síntoma de ajuste social, donde cada vez más personas mayores deben sostener su economía en condiciones laborales frágiles.
