Byung-Chul Han, filósofo: “La depresión es la enfermedad de una sociedad que sufre excesiva positividad”

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El pensador surcoreano analiza cómo la exigencia constante de rendir, superarse y sostener una imagen de bienestar termina generando agotamiento mental y nuevas formas de malestar.

En un contexto donde el bienestar parece obligatorio y el éxito personal se mide en productividad, cada vez más especialistas advierten sobre nuevas formas de malestar. La presión por estar bien, rendir y mostrarse activo no solo se naturalizó, sino que también se volvió una exigencia cotidiana.

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han plantea que la depresión no puede entenderse solo como un problema individual, sino como el reflejo de una época atravesada por el exceso de positividad.

La presión de tener que poder con todo

Según su análisis, vivimos en una “sociedad del rendimiento”, donde ya no predominan las prohibiciones, sino la autoexigencia. La idea de que todo es posible genera una carga constante: ser más productivos, más exitosos, más felices.

Sostener una imagen de bienestar y productividad excesiva suele derivar en agotamiento mental. (Foto: Imagen ilustrativa generada con IA)
Sostener una imagen de bienestar y productividad excesiva suele derivar en agotamiento mental. (Foto: Imagen ilustrativa generada con IA)

En ese escenario, el fracaso deja de explicarse por factores externos ypasa a sentirse como una falla personal. “La depresión es la enfermedad de una sociedad que sufre excesiva positividad”, sostiene.

El cansancio emocional de una época

Para Han, el problema no es la negatividad, sino su ausencia. La imposibilidad de frenar, de poner límites o incluso de aceptar el malestar genera un agotamiento que ya no es solo físico, sino mental.

Así, la depresión aparece como una respuesta a esa sobrecarga invisible, en una cultura donde parar también se vuelve necesario.

La trampa de la autoexigencia permanente

En este modelo, la libertad se transforma en presión. Ya no hay un “otro” que impone límites, sino que es la propia persona la que se exige rendir al máximo en todos los aspectos de su vida. Esa lógica, según Han, termina generando una forma de autoexplotación difícil de sostener en el tiempo.

La consecuencia no es solo el cansancio, sino también una sensación de insuficiencia constante. Porque cuando todo parece depender de uno mismo, nunca alcanza: siempre se puede hacer más, ser más, lograr más. Y en ese intento, el desgaste emocional se vuelve inevitable.


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