Bad Bunny volvió a River y desató una fiesta inolvidable

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El artista puertorriqueño volvió a la Argentina con un Monumental colmado, una puesta imponente y una lista de hits que hizo temblar a River.

Bad Bunny volvió a la Argentina y desató una fiesta multitudinaria el viernes por la noche en el Estadio Monumental. Ante un River colmado, el artista puertorriqueño presentó su “Debí tirar más fotos World Tour” con un show impactante, cargado de hits, invitados sorpresa y mensajes de integración latinoamericana.

El concierto comenzó puntualmente a las 21, tras una previa que incluyó al argentino Ramma y a la banda puertorriqueña Chuwi, encargados de calentar la noche. A las 20.55 se apagaron las luces y, entre flashes y palmas sincronizadas, Benito apareció en escena con traje beige y lentes oscuros. La ovación fue inmediata. “Un aplauso pa mami y papi, porque en verdad rompieron”, lanzó antes de desatar la primera explosión colectiva.

Desde el arranque, el show fue una sucesión de momentos eufóricos. “Callaita” hizo temblar el estadio y el cantante desafió al público: “No espero menos de Argentina”. El rugido fue ensordecedor. También hubo espacio para la emoción y el agradecimiento. “Después de dos semanas intensas, esto se siente como volver a casa”, expresó, en referencia a su paso por el Grammy y el Super Bowl antes de aterrizar en Buenos Aires.

La puesta en escena incluyó una estética caribeña: el personal recibió al público como si se tratara de un hotel all inclusive y, en lugar de pulseras lumínicas, los asistentes recibieron cámaras fotográficas, en alusión a su último álbum. Más tarde, el artista se trasladó al escenario secundario, “La casita”, donde sorprendió con la camiseta argentina y sumó como invitadas a Tini Stoessel y Emilia Mernes, desatando otro pico de euforia.

La jornada había comenzado mucho antes. Desde el martes, los alrededores del estadio se poblaron de carpas y fans que hicieron guardia para asegurarse un lugar privilegiado. El viernes, con más de 30 grados, las puertas se abrieron a las 16 y el campo se convirtió en una carrera silenciosa hacia el vallado.

El regreso de Bad Bunny confirmó su condición de fenómeno global y su conexión especial con el público argentino. En una noche atravesada por hits, baile y discursos de unidad entre Argentina, Puerto Rico y América Latina, River fue una celebración sin fisuras: un estadio rendido ante un artista en su punto más alto.


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