Así era la estación de San Martín y Rivadavia, hoy convertida en ruinas: 100 años de historia de los surtidores tucumanos (fotos)

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La historia urbana de San Miguel de Tucumán también puede contarse a través de sus surtidores. Desde comienzos del siglo XX, la venta de combustibles formó parte del paisaje cotidiano del microcentro y acompañó el crecimiento del parque automotor y la transformación de la ciudad.

Una imagen que volvió a circular en los últimos años, tomada en plena calle 24 de Septiembre mostró un antiguo surtidor de YPF instalado prácticamente sobre la vereda. 

En la plaza Independencia funcionaron algunos de los primeros surtidores de YPF en Tucumán. Uno estaba sobre 24 de Septiembre y otro en calle San Martín, integrados al movimiento diario del centro. Con el paso del tiempo, las normas urbanísticas y los cambios en la circulación vehicular fueron desplazando estas instalaciones hacia zonas más amplias.

La postal sorprendió a muchos tucumanos y recordó que, durante décadas, cargar combustible en pleno centro era algo habitual.

En la década de 1920, la Municipalidad comenzó a regular una actividad que hasta entonces se realizaba de manera más informal en la vía pública. Uno de los primeros permisos para instalar surtidores en las inmediaciones de la plaza Independencia fue otorgado a Rafael Paz. En esos años, la expansión de marcas como Standard Oil y luego la consolidación de YPF marcaron una nueva etapa en el negocio.

Entre las estaciones emblemáticas se recuerda la tradicional “Yatasto”, ubicada en la esquina de San Lorenzo y Congreso, frente a la Casa Histórica. 

También quedó en la memoria la estación de San Martín y Rivadavia, que además de vender combustible ofrecía servicios mecánicos (ver foto principal). 

Hoy ese espacio funciona como estacionamiento, en medio de estructuras deterioradas que hacen poco honor a la historia y el potencial de Tucumán:

Otra postal recordada es la de los surtidores dentro de la vieja Terminal de Ómnibus, en El Bajo. Allí los colectivos cargaban combustible antes de emprender viaje. Permanecieron hasta la década del 90, cuando la reconfiguración del sistema de transporte terminó por modificar ese esquema.

Las estaciones también reflejaron etapas económicas particulares. Hubo épocas en que se aceptaban los recordados Bocade como forma de pago, y otras en las que se impulsó la venta de alconafta, un combustible que buscaba potenciar la producción azucarera provincial, en un intento por integrar energía e industria local.

Con el correr de los años, el modelo de negocio cambió. Las viejas estaciones de servicio dejaron de ser simples puntos de carga para convertirse en espacios comerciales más amplios, con tiendas y servicios adicionales. Algunas cerraron, otras se transformaron y unas pocas lograron reinventarse para sostener su presencia en barrios y avenidas.

Así, entre nostalgia y modernización, la relación entre Tucumán y sus surtidores supera ya los cien años. Son parte de la memoria urbana: testigos silenciosos del crecimiento de la ciudad, de sus crisis y de sus intentos permanentes por adaptarse a los nuevos tiempos.


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