Alerta sanitaria nacional: hallan bacterias resistentes a los antibioticos en personas sanas fuera de los hospitales

La resistencia antimicrobiana (RAM), considerada una de las mayores amenazas para la salud pública mundial, sumó una nueva señal de alerta en Argentina. Un estudio realizado por investigadores del Hospital Italiano de Buenos Aires confirmó por primera vez la presencia de bacterias multirresistentes a los antibióticos en personas sanas de la comunidad, fuera del ámbito hospitalario, lo que abre interrogantes sobre el alcance real de la circulación de estos microorganismos en la población.
Los resultados preliminares de la investigación fueron presentados durante el Congreso de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI) y revelan un cambio de escenario en el comportamiento de las denominadas «superbacterias». Hasta ahora, estos patógenos estaban asociados principalmente a hospitales, clínicas y otros entornos sanitarios, así como a personas expuestas a factores de riesgo específicos, entre ellos trabajadores de la salud.
Sin embargo, los especialistas lograron comprobar que estas bacterias resistentes ya circulan en el tejido urbano porteño y pueden encontrarse en individuos sin antecedentes recientes de internación ni contacto directo con ámbitos hospitalarios.
La investigación analizó inicialmente a 26 voluntarios sanos y detectó la presencia de bacterias multirresistentes en tres de ellos, lo que representa una prevalencia preliminar del 11,5%. Aunque la muestra todavía es reducida, los investigadores destacan la relevancia del hallazgo por tratarse de la primera evidencia documentada de circulación comunitaria de estos microorganismos en la Ciudad de Buenos Aires.
El trabajo continuará ampliándose con nuevas etapas que prevén alcanzar un total de 76 casos y posteriormente una muestra de 200 participantes, con el objetivo de determinar la verdadera incidencia del fenómeno en la población general.
Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es que las personas portadoras de estas bacterias podrían enfrentar dificultades para tratar infecciones comunes. Cuando estos microorganismos se alojan en el intestino, los antibióticos convencionales pueden perder eficacia frente a eventuales cuadros infecciosos.
Los investigadores recuerdan además que una de las principales causas del desarrollo de la resistencia antimicrobiana es el uso inadecuado o excesivo de antibióticos, una problemática que la Organización Mundial de la Salud viene señalando desde hace años.
El perfil de los primeros voluntarios analizados mostró características que también son objeto de estudio. La muestra estuvo compuesta por un 50% de mujeres, con una edad promedio de 41 años. Además, el 77% reconoció haber consumido medicamentos sin prescripción médica y el 83% indicó no consumir alimentos de origen orgánico.
Otro dato llamativo fue que el 30% de los participantes presentó rastros de glifosato en muestras de orina, un factor que forma parte de las hipótesis que los investigadores evalúan en relación con la resistencia bacteriana.
Respecto de los tres casos positivos detectados, los antecedentes relevados permitieron identificar posibles situaciones de exposición. Uno de los voluntarios había acompañado a un nieto internado en un hospital; otro había visitado a un familiar en un geriátrico; mientras que el tercero practicaba natación en aguas abiertas.
Felipe Huaier, infectólogo del Hospital Italiano e integrante del equipo investigador, señaló que hasta ahora se asumía que las bacterias multirresistentes se adquirían principalmente durante internaciones. Sin embargo, explicó que los nuevos hallazgos sugieren que incluso una simple visita a un hospital o a una residencia geriátrica podría representar una vía de contacto con estos microorganismos.
La investigación se desarrolla bajo el enfoque denominado «Una Salud», que reconoce la estrecha relación existente entre la salud humana, la salud animal y el ambiente.
Por su parte, la infectóloga e investigadora del Conicet Silvana Figar explicó que el objetivo central del estudio es identificar factores microbiológicos, ambientales y socioculturales asociados a la presencia comunitaria de enterobacterias productoras de betalactamasas de espectro extendido (BLEE), consideradas un indicador clave de circulación de bacterias resistentes.
La especialista advirtió que la combinación de estos factores podría complicar el tratamiento de infecciones frecuentes y aumentar el impacto sanitario de la resistencia antimicrobiana.
Actualmente, el equipo continúa convocando voluntarios para ampliar la muestra. Pueden participar personas adultas residentes en la Ciudad de Buenos Aires que no hayan estado internadas ni consumido antibióticos durante los últimos seis meses, que no estén embarazadas, no sean inmunosuprimidas y tampoco trabajen en el sistema de salud ni convivan con personal sanitario.
En cada participante se realizan análisis de materia fecal para identificar el fenotipo bacteriano, estudios de glifosato en orina y encuestas sobre hábitos, ambiente y condiciones de vida.
Los investigadores también estudian posibles asociaciones con viajes, contacto con aguas recreativas y convivencia con mascotas, aunque aclaran que todavía no existen evidencias suficientes para establecer relaciones causales directas.
Según explicaron, la presencia de bacterias productoras de BLEE representa una amenaza concreta porque estas enzimas inutilizan antibióticos ampliamente utilizados, entre ellos las cefalosporinas de tercera generación. Esto limita las alternativas terapéuticas para infecciones urinarias, digestivas y otras enfermedades frecuentes, elevando los costos médicos y aumentando el riesgo de complicaciones y mortalidad.
La preocupación por la resistencia antimicrobiana trasciende las fronteras argentinas. Un estudio publicado en la prestigiosa revista científica The Lancet estimó que la RAM podría causar alrededor de 39 millones de muertes entre 2025 y 2050 en todo el mundo, lo que equivale a tres fallecimientos por minuto.
La investigación internacional, realizada por científicos de la University of Washington School of Medicine y basada en datos de 204 países, proyecta que las muertes directamente atribuidas a la resistencia bacteriana pasarán de 1,14 millones en 2021 a 1,91 millones en 2050, un incremento del 67,5%.
Asimismo, se prevé que las muertes asociadas a esta problemática aumenten un 74,5%, al pasar de 4,71 millones a 8,22 millones anuales durante el mismo período.
Los especialistas recuerdan que la resistencia antimicrobiana ocurre cuando las bacterias evolucionan y dejan de responder a los medicamentos disponibles. Como consecuencia, infecciones habituales como neumonías, infecciones urinarias o diarreas pueden transformarse en enfermedades potencialmente mortales debido a la pérdida de eficacia de los tratamientos tradicionales.
Los hallazgos presentados por el Hospital Italiano refuerzan así la preocupación de la comunidad científica y plantean la necesidad de profundizar las investigaciones para comprender cómo circulan estas bacterias resistentes fuera de los hospitales y qué medidas pueden adoptarse para contener una amenaza que ya es considerada una pandemia silenciosa.
