Alerta máxima en La Habana: embajadas y multinacionales preparan su salida ante la amenaza militar

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La tensión escala tras la caída de Maduro. Mientras Unilever retira a familiares de su personal, las delegaciones diplomáticas acopian provisiones y revisan padrones ante el temor de una intervención estadounidense.

Embajadas de Europa y América Latina activaron planes de evacuación para abandonar Cuba en el corto plazo (REUTERS)

El tablero geopolítico del Caribe cruje y las ondas de choque tienen su epicentro en Cuba. Tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela el pasado 3 de enero, la presión de Washington sobre La Habana ha detonado una serie de protocolos de emergencia inéditos en décadas. Según confirmaron fuentes diplomáticas a la agencia EFE, cerca de diez embajadas de Europa y América Latina han comenzado a activar y actualizar sus planes de evacuación, anticipándose a un escenario de colapso total o incluso a una eventual intervención militar por parte de Estados Unidos.

El nerviosismo ya tiene consecuencias prácticas en el sector privado. La multinacional británica Unilever, responsable de la manufactura de bienes de higiene y consumo masivo en la isla, tomó la delantera y evacuó a las familias de sus trabajadores extranjeros. La medida es un termómetro de la desconfianza empresarial: la combinación de amenazas bélicas y la parálisis económica hace que operar en el país sea cada vez más insostenible.

«Es nuestra responsabilidad revisar los planes y preparar escenarios», confesó una diplomática europea bajo anonimato. Puertas adentro, las misiones extranjeras están realizando un relevamiento exhaustivo de sus ciudadanos residentes y, lo más preocupante, haciendo acopio de combustible, agua y alimentos para poder operar de forma autónoma ante la certeza de que los servicios básicos podrían desaparecer por completo en el corto plazo.

Asfixia energética: reservas para solo dos semanas

La urgencia diplomática corre en paralelo al desastre energético. La estrategia de «máxima presión» aplicada por Donald Trump, que incluye aranceles a quien venda petróleo a Cuba, ha dejado al régimen de Miguel Díaz-Canel en una situación límite.

Datos de la consultora Kpler, citados por el Financial Times, revelan una aritmética letal para la dictadura: a Cuba le quedan reservas de petróleo para apenas 15 o 20 días. El flujo de suministros se ha cortado casi por completo. Mientras que en 2025 la isla recibía un promedio de 37.000 barriles diarios, en lo que va de 2026 esa cifra se desplomó a poco más de 3.000 barriles al día, provenientes de un único envío mexicano realizado a principios de enero.

Con Venezuela fuera de juego tras la caída del chavismo y México presionado por las amenazas comerciales de la Casa Blanca, la red de seguridad energética de La Habana se ha roto. Expertos como Jorge Piñón, de la Universidad de Texas, y Gonzalo Monroy, consultor en Ciudad de México, coinciden en el diagnóstico: sin nuevos cargamentos inmediatos, el colapso operativo del país es inminente.

Tambores de guerra y resistencia retórica

El clima se enrarece aún más con las declaraciones que llegan desde el Norte. Donald Trump ha sido tajante al afirmar que Cuba está «a punto de caer», e incluso deslizó frases belicistas sobre «entrar y destruir el lugar». Su gabinete acompaña la línea dura: el secretario de Estado, Marco Rubio, advirtió a la cúpula cubana que deberían estar «preocupados», mientras que el subsecretario Christopher Landau expresó el deseo de ver cambios en las libertades fundamentales este mismo año.

Frente a este escenario de «tormenta perfecta» —aislamiento político, apagones masivos y amenazas externas—, la respuesta de Díaz-Canel ha sido atrincherarse en el discurso: “La crudeza de estos tiempos y la brutalidad de las amenazas no nos detendrán”, escribió en redes sociales. Sin embargo, en las oficinas de las empresas extranjeras y en los pasillos de las embajadas, la fe en la resistencia del régimen parece agotarse, y todos se preparan para el momento de hacer las valijas.

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