A los 80 años, Lula busca la reelección este domingo en Brasil frente a Flávio Bolsonaro

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A los 80 años, Luiz Inácio Lula da Silva buscará este domingo su cuarto mandato presidencial y conservar para la izquierda combativa su último gran bastión sudamericano en unas de las elecciones más reñidas de la historia de Brasil.

En frente tendrá al senador Flávio Bolsonaro, candidato de la derecha dura y heredero del clan familiar liderado por su padre, el encarcelado exmandatario Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por golpismo.

Amado y odiado por simpatizantes y adversarios, el incombustible dirigente obrero de origen humilde, el más viejo en ejercer la presidencia en su país, buscará gobernar hasta 2031, cuando cumpliría 84 años.

Los sondeos vaticinan para el domingo una hipotética victoria de Lula, pero insuficiente para ser electo en el primer turno. Se necesita el 50% más uno de los votos para ganar los comicios. En un eventual balotaje, previsto para el 25 de octubre, los sondeos prevén un empate técnico.

Lula se aferra al último bastión contra el avance de la derecha en la región

Desde su arco ideológico, Lula tiene la difícil misión de ponerle un freno al avance de la “marea azul” de la derecha más dura en la región. Solo Uruguay, con el más moderado presidente Yamandú Orsi, secunda al mandatario brasileño en el ala izquierda regional, pero con otro perfil y sin el mismo peso político en el escenario internacional.

El resto, con Javier Milei a la cabeza y el colombiano Abelardo De la Espriella como último invitado, se ha alineado sin fisuras en los últimos dos años detrás del gobierno de Donald Trump, que busca ahora destronar a la izquierda de su último gran bastión de Sudamérica.

Lula es la frutilla del postre en la estrategia de la “Doctrina Donroe” que reinterpreta la histórica Doctrina Monroe bajo el avasallante y contradictorio estilo del magnate norteamericano para completar el dominio ideológico de Washington y frenar el avance de China en el área.

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Trump ha hecho de todo para oradar la popularidad de Lula, cuya imagen negativa se ubica en alrededor del 50% según varios sondeos. El presidente estadounidense no solo lo ha cuestionado ideológicamente. También ha aprobado pesados aranceles contra Brasil, en un intento por torcer las aspiraciones del viejo líder obrero metalúrgico brasileño.

Además, ha contado con el apoyo de Milei en esta estrategia. El presidente argentino se metió de lleno en la campaña del país vecino, a donde viajó para respaldar a Flávio Bolsonaro, hasta provocar la más grave crisis diplomática bilateral de las últimas décadas tras sus constantes descalificaciones contra el actual presidente brasileño.

Una vida dedicada a la lucha sindical y política bajo la sombra de la corrupción

Lula nació el 27 de octubre de 1945 en el pueblo de Caetés, en el estado de Pernambuco, nordeste del Brasil. De familia pobre y emigrado a la rica San Pablo, forjó desde joven una carrera sindical que lo llevó a fundar el Partido de los Trabajadores (PT), hoy la agrupación más fuerte de la izquierda local.

Su llegada a la presidencia tuvo enormes obstáculos. Fracasó en sus primeros cuatro intentos hasta ser electo en 2002. Cuatro años después logró la reelección, pero a partir de ahí su figura entró en declive con graves causas de corrupción que lo llevaron a la cárcel.

El mandatario pasó 580 días en prisión (desde el 7 de abril de 2018 hasta el 8 de noviembre de 2019) en el marco de la megainvestigación conocida como la Operación Lava Jato. La justicia lo condenó por corrupción pasiva y lavado de dinero. El juez Sergio Moro lo acusó de recibir un departamento tríplex en el balneario paulista de Guarujá como soborno de una empresa constructora a cambio de contratos con la petrolera estatal Petrobras.

La Corte Suprema finalmente anuló su condena al considerar que el magistrado actuó con imparcialidad y que el tribunal que lo juzgó no tenía jurisdicción sobre el caso. Desde entonces, su figura quedó dividida entre quienes sostienen su inocencia o lo acusan de “ladrón”, el latiguillo que repite la derecha dura y el presidente argentino.

Sin embargo, Lula renació políticamente y volvió a la presidencia al derrotar al entonces presidente Jair Bolsonaro en las elecciones de 2022, jaqueadas por una serie de hechos que la justicia consideró como asonadas golpistas y que incluyeron la toma de las sedes de los tres poderes públicos en Brasilia el 8 de enero de 2023, una semana después de la asunción presidencial.

Por esos hechos, Bolsonaro fue condenado a 27 años de prisión.

Ahora, Lula buscará la reelección frente al hijo de su principal enemigo político, mientras busca contener denuncias de corrupción que golpean a su hijo Fábio Luís da Silva, investigado por tráfico de influencias.

Por qué Lula, a los 80 años, no logró forjar un heredero político

El presidente brasileño volvió a salir al ruedo porque no ha logrado en este tiempo crear un heredero político.

El analista João Daniel Almeida, de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro, dijo a TN que esta situación “se debe a su pasado y a su trayectoria, pero también a haber optado por sucesores con escaso carisma”.

“Las disputas internas en el PT también impidieron que figuras que podrían haber tenido una trayectoria análoga a la de Lula como (la actual ministra de Medio Ambiente) Marina Silva, permanecieran en el partido”, señaló.

Para el analista, “hoy los estados más ricos, prósperos y poblados están dominados por el bolsonarismo (Río, San Pablo y Minas Gerais) o por fuerzas auxiliares de la derecha. Esto también dificulta que figuras relevantes del PT que no provienen del nordeste sean elegidas para cargos ejecutivos, como ha ocurrido con Fernando Haddad (el candidato derrotado por Jair Bolsonaro en 2018). Quedan los nombres del nordeste, que tienen poca llegada en el sudeste, como es el caso de (el juez de la Corte Suprema) Flávio Dino”, indicó.

Además, la analista brasileña Denilde Holzhacker, directora del área de Investigaciones en la Escuela Superior de Publicidad y Marketing (ESPM), dijo a TN que la izquierda brasileña tiene como característica principal la “personalización política”

“Lula es una figura capaz de aglutinar apoyos, no solo en el electorado, sino también en el sistema político. A eso se suma que el PT no buscó construir nuevos liderazgos. Después del ´impeachment´de Dilma Rousseff (sucesora de Lula tras concluir sus primeros dos mandatos en 2011), fue más difícil presentar a alguien que pudiera ser electoralmente competitivo e independiente de Lula», indicó.

Según afirmó, esta incapacidad política “tiene mucho que ver con el partido mismo, con la dinámica post-Dilma y la personalidad de Lula”.

“Hoy estamos viendo el final de una generación y la figura de Lula es la única de esta generación con capacidad y competitividad electoral”, concluyó. /TN


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