31 años del atentado a la AMIA, se rendirá homenaje a las 85 víctimas

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Imagen de archivo. Foto Perfil.-


Desde las 9:30 se leerán los nombres de las 85 víctimas en dos actos simultáneos en la Ciudad de Buenos Aires y que contará con la presencia de Javier Milei. Quién era el tucumano que falleció en la explosión

El aniversario número 31 del atentado contra la AMIA tendrá doble acto este viernes a las 9:30 en la Ciudad de Buenos Aires. Por un lado, el evento organizado por la AMIA y la DAIA se desarrollará frente al edificio de Pasteur 633, lugar donde ocurrió el ataque, y contará con la presencia del presidente Javier Milei, aunque no está previsto que brinde un discurso.

El Gobierno desplegará allí un operativo de seguridad reforzado debido a las crecientes tensiones con Irán. Será, además, el primer acto en el que coincidan Javier Milei y el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, tras el episodio del 25 de mayo en el que el presidente le negó el saludo durante el Tedeum en la Catedral Metropolitana.

Por otro lado, a la misma hora, en Plaza Lavalle, se reunirán los familiares y amigos de las víctimas que integran la agrupación Memoria Activa.

Más tarde, durante la tarde, se realizará otra actividad en la Asociación de Abogados, con la participación de familiares nucleados en APEMIA, Memoria Activa y el Llamamiento Argentino-Judío.

Este año, además, se sumará un hecho de relevancia judicial: el fiscal Eduardo Taiano reactivó la causa por la muerte de Alberto Nisman y convocará a declarar a 90 militares que formaban parte de la Inteligencia del Ejército, así como a unos 200 civiles que también habrían estado vinculados a tareas de inteligencia dentro de esa fuerza.

A una década del fallecimiento del fiscal, aún no se encontraron pruebas concluyentes sobre su muerte. Sin embargo, la citación de casi 300 nuevos testigos, junto con un pedido de fondos adicionales, anticipa que la causa seguirá en trámite, al menos durante un año más.

«El tucumano que ayudaba a todo el mundo»

Martín Figueroa había nacido en Tucumán y tenía 47 años. Era electricista y trabajaba en las refacciones que se llevaban a cabo en esos momentos en la AMIA. A los 16 años decidió mudarse a Buenos Aires para encontrar un futuro mejor. Lo apasionaban varias cosas: su oficio, el fútbol, la política, el barrio y su familia. Se había afiliado al radicalismo y desde esa militancia ayudaba a quienes podía: si había que conseguir un remedio, él estaba; si se trataba de hacer el trámite para una jubilación o un sepelio, ayudaba; si había que buscarle trabajo a alguien, ponía el hombro. Su mujer, María Magdalena Albornoz, recordaba que “en cada inundación se metía con el agua hasta la cintura para colaborar en los rescates”.

Fue dándole una mano a un amigo que necesitaba una casa, Hugo Basiglio, que Martín entró a trabajar en los arreglos que se hacían en la AMIA. Él se lo recomendó al arquitecto Andrés Malamud, a cargo de las refacciones. Y ambos comenzaron su labor allí. El dinero sería para poner en marcha sus proyectos: finalizar su casa, terminar de pagar el auto y tomarse vacaciones con su esposa (llevaban casi 25 años de casados y nunca habían salido de veraneo) y sus seis hijos.

En diciembre Martín y María cumplirían sus Bodas de plata, y ese mismo mes de julio harían una gran fiesta a modo de anticipo. Alquilaría la misma parrilla de un amigo, en la que habían celebrado la compra de su primer auto al mismo Malamud, al que se lo estaba pagando en cuotas.

El 18, Martín fue a la AMIA para que le pagaran por su trabajo. Al día siguiente, los Figueroa tenían alquilado un micro para ir de excursión a la Ciudad de los Niños, en La Plata. Ese viaje quedó trunco por la violencia extremista. Y también, su sueño de regresar a Tucumán el 14 de octubre, el día que su escuelita, la N° 288 de la localidad de Santa Ana, cumpliría 75 años. Estaba invitado para los festejos, e izaría la bandera Argentina junto a una compañera. Hasta había calculado a qué velocidad haría la ruta a su ciudad para llegar a tiempo y disfrutar del manejo.

María recuerda lo último que le dijo Martín: ”Nosotros lo tenemos todo, nos tenemos a nosotros, tenemos hijos, una nieta hermosa y sana, tenemos la casa, el coche, el trabajo, ¿qué nos falta…? Nada”.

Una semana después del atentado, Martín fue velado en su casa de Villa de Mayo. Todo el barrio se reunió para aplaudirlo en su despedida, seguida por una enorme caravana de vehículos. Al poco tiempo, un panadero ambulante de la zona llegó a su casa. Y le dejó a María y sus hijos unas palabras: “A la familia de mi amigo Martín quiero hacerles saber que lo recuerdo con su sonrisa amplia, sincera, y que extrañamos su generosidad y su hombría de bien. Recuerdo que cuando mi esposa estuvo enferma y la internaron por segunda vez, yo necesitaba una suma importante de dinero que no tenía, y apareció la mano desinteresada del amigo, el que recurrió a su vez a distintos amigos y me solucionó el problema”.

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