Adopción en la Argentina: cada vez se anotan menos familias, hay miles de chicos que esperan y a los más grandes no los eligen
Cada vez se anotan menos familias, hay miles de chicos que esperan y a los más grandes no los eligen.
La situación de la adopción en Argentina atraviesa una fuerte contradicción: mientras miles de niños y adolescentes esperan una familia, cada vez son menos las personas que se inscriben para adoptar y la mayoría busca bebés o niños pequeños.
Según los últimos datos oficiales, en 2026 hay 1107 aspirantes disponibles para que un juez los consulte, menos de la mitad de los registrados en 2022, cuando eran alrededor de 2516. La caída es todavía mayor si se compara con 2017, cuando había 5306 postulantes.
A esto se suma una diferencia entre las preferencias de los adultos y las características de los chicos que esperan. Más del 80% de los postulantes se ofrece para adoptar niños de hasta 5 años, mientras que la mayoría de los chicos declarados en situación de adoptabilidad tiene más de 6 años. Menos del 2% de los aspirantes acepta adoptar niños mayores de 10 años.
La disponibilidad disminuye aún más cuando se trata de grupos de hermanos, niños con discapacidad o con problemas de salud. Los especialistas advierten que todavía persisten prejuicios vinculados con la edad y con las historias de vida de los chicos.
Más bebés en situación de adoptabilidad
Durante mucho tiempo se instaló la idea de que prácticamente no había bebés en situación de adoptabilidad. Sin embargo, esa realidad comenzó a cambiar.
Especialistas y responsables de hogares convivenciales señalan un aumento de bebés que llegan luego de atravesar situaciones de consumo problemático de sustancias, violencia o falta de cuidados parentales.

Giselle Continanzia, fundadora de un hogar convivencial, cuenta que los pedidos de vacantes aumentaron de manera significativa: “En el 2020 recibíamos pedidos de vacantes cada tres meses. Actualmente son a veces seis pedidos semanalmente. Los chicos que ingresan al hogar son niños que nacen, en el 90% de los casos, de mamás que consumen sustancias psicoactivas”.
Sin embargo, el aumento de bebés disponibles no resuelve el problema estructural. La mayor dificultad continúa siendo encontrar familias para los niños más grandes.
“Hay mucho mito en que la gente quiere bebés y que no quiere niños más grandes. Un poco mito y un poco verdad”, sostiene Continanzia, quien asegura que hay chicos que llevan años en hogares sin que ninguna familia se interese por ellos.
Una espera que puede durar años
El sistema establece que antes de declarar a un niño en situación de adoptabilidad deben agotarse las posibilidades de que permanezca con su familia de origen. Cuando esos intentos no funcionan, comienza la búsqueda de una nueva familia.
Los especialistas advierten que este proceso puede extenderse durante años. En algunos casos, los chicos pasan buena parte de su infancia en hogares convivenciales, atravesando además sucesivos intentos de revinculación con familiares.

La presidenta del Consejo de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes, Victoria Morales Gorleri, advierte sobre las consecuencias de estas demoras: “Cuando un niño entra a los dos años y llega a los ocho y todavía no se resuelve la situación, lo estamos condenando quizás a egresar a los 18 años del hogar sin tener una familia”.
La historia de Brianna
La experiencia de Mario y Yamila muestra también cómo pueden cambiar las expectativas durante el proceso. Después de varios años intentando tener un hijo, decidieron inscribirse para adoptar y originalmente pensaban en niños de entre 0 y 6 años.
En 2024 comenzaron el proceso y, luego de obtener el apto, recibieron una propuesta para vincularse con un niño de seis años. Finalmente, esa vinculación no prosperó porque los profesionales consideraron que la pareja no podía ofrecerle las condiciones que necesitaba.
Tiempo después recibieron otra convocatoria. Esta vez se trataba de dos bebés y eligieron a una nena. Así conocieron a Brianna, que tenía siete meses y medio.
“Nosotros estábamos más preparados para un nene de 5 o 6 años”, cuentan. Sin embargo, la bebé se convirtió en parte de su familia.

El caso también refleja el cambio en la disponibilidad de bebés: una vez que comenzaron la vinculación con Brianna, la pareja recibió llamados de otros lugares por otros bebés.
El desafío de encontrar una familia para cada chico
Desde organizaciones vinculadas con la adopción advierten que, aunque aumentó la disponibilidad de bebés, esto no significa que el sistema haya resuelto su principal dificultad.
Laura Salvador, fundadora de la asociación Ser Familia por Adopción, señala que cuando se busca una familia para un adolescente muchas veces hay apenas unos pocos legajos disponibles en todo el país, una situación muy diferente a la de años atrás.
Durante la última década se promovieron las llamadas “adopciones prioritarias”, destinadas a niños de segunda infancia, preadolescentes y adolescentes. Sin embargo, los especialistas consideran que esa mirada perdió fuerza frente al renovado interés por los bebés.
La jueza de familia Claudia Portillo resume el escenario: “Hay un fuerte desfasaje entre la cantidad de niños en espera y las familias disponibles. Hay muchos más chicos que postulantes”.
También existen obstáculos económicos, geográficos y laborales que pueden dificultar las vinculaciones. Pero otro factor central es la preparación de quienes desean adoptar, ya que muchos niños llegan con historias de vulneración de derechos y necesitan familias capaces de acompañar sus procesos.
El desafío, coinciden los especialistas, es acelerar las definiciones sin descuidar el trabajo con las familias de origen, para evitar que los chicos pasen años esperando una resolución.
La adopción, sostienen, no debería girar únicamente en torno a las preferencias de los adultos, sino garantizar el derecho de cada niño y adolescente a crecer en una familia.

